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Ciudad de México. Tres instituciones a las que estuvo vinculada Teresa del Conde (1938-2017), el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) y como docente, y la Academia de Artes, rindieron la noche del martes un homenaje en memoria de la historiadora del arte, investigadora y articulista de La Jornada fallecida el pasado 16 de febrero.

El lugar escogido fue la segunda casa de doña Tere: el Museo de Arte Moderno, recinto que dirigió poco menos que una década, a partir de 1991, y cuya planta alta de la galería se llenó de público, integrado por muchos artistas como Manuel Felguérez, Yvonne Domenge, Alberto y Francisco Castro Leñero, Tomás Parra, Paloma Torres, Arturo Rodríguez Döring, Nunik Sauret, entre otros. También estuvieron presentes los cuatro hijos de la homenajeada y sus nietos.

A nombre de la Secretaría de Cultura federal, Lydia Camacho, titular del INBA, dio la bienvenida a los asistentes, a la vez que dijo que Del Conde había aportado con generosidad sus luces y particular enfoque. Antes de la mesa oficial tomaron la palabra Renato González Mello, director del IIE; Louise Noelle, secretaria académica de la Academia de Artes, y Graciela de la Torre, directora de Artes Visuales de la UNAM y responsable del Museo Universitario Arte Contemporáneo.

En la mesa moderada por Magdalena Zavala, coordinadora nacional de Artes Visuales del INBA, Sylvia Navarrete, directora del Museo de Arte Moderno, habló de “Las pasiones excelentes de Teresa del Conde, a quien describió como “excéntrica sin pelos en la lengua”. El pintor y escultor Manuel Marín tituló su intervención “Tere, el amor al límite”, escrita en parte a manera de carta en la que aseguró: “Tu primer amor fue lo artístico más que el arte”.

Agustín Arteaga, a quien Del Conde dirigió sus tesis de maestría y doctorado, leyó una serie de citas de las innumerables cartas que ambos intercambiaron a lo largo de los años. El actual director del Museo de Arte de Dallas, Texas, no pudo evitar derramar una lágrima.

El mensaje final estuvo a cargo de su yerno Arturo del Alba, esposo de su hija Tessa, quien afirmó: “Como lo muestran sus múltiples libros, casi 30 años de columna en el periódico, así como tantos semestres de presencia en las aulas, Tere se entregó a su oficio. Siempre se mantenía al tanto de los aconteceres del mundo, los entendía y tenía algo que decir sobre ellos. El tiempo se acabó, pero Tere amó el arte que persiste y a quienes lo hacen. Aprendió la ocasión, tomó riesgos, metió opiniones y sobre todo vivió la vida”.

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