Carlos López Torres

El soslayo de los dos ex gobernadores antecesores del titular del Ejecutivo, Juan Manuel Carreras López, respecto al accionar del crimen organizado en la entidad, pareciera entrar en una etapa de reconsideración a partir de la opinión vertida por el procurador Federico Garza Herrera, quien según su decir: “ya no se puede hablar de hechos aislados y no se puede descartar la operación de grupos del crimen organizado”.

En efecto, este grave pendiente heredado por la administración torancista finalmente ha hecho crisis con el disparo de la inseguridad que con estrépito se ha patentizado durante los meses que lleva el mandato carrerista, ante el reclamo de todos los sectores sociales que atemorizados por el asomo de los diversos ilícitos que sacuden las cuatro regiones del estado, claman por una intervención eficiente y eficaz del Ejecutivo que devuelva la calma perdida durante los últimos meses a la entidad.

De convertirse en acciones la atinada opinión del representante social en el estado, faltaría además el abandono definitivo de ese socorrido artificio oficial consistente en hacernos creer que los grupos delictivos organizados vienen de fuera, toda vez que los potosinos somos en términos generales bien portados, que vamos a misa y nos confesamos periódicamente, aunque la mayoría de los detenidos, ejecutados e implicados en los diversos ilícitos resultan ser sujetos domiciliados y conocidos por la comunidad muchas de las veces.

Aunque en su declaración el titular de la Procuraduría General de Justicia en el Estado se nota más preocupado por los sucesos en que han salido afectados algunos policías, es necesario mencionar a los civiles ejecutados, baleados, levantados o desaparecidos sin que se conozca investigación alguna al respecto.

En momentos en que Garza Herrera asumía que en materia de presencia del crimen organizado en la entidad ya no se podía seguir tapando el sol con un dedo, en el municipio de Tamuín un policía era secuestrado por hombres armados, mientras en la comunidad de Arroyo de los Patos, de Tamazunchale, dos hombres armados asaltaban un autobús de la línea Vencedor, al tiempo que encapuchados armados baleaban un camión repartidor de Lala.

Dice el antiguo refrán: cuando veas a tu vecino rasurar, pon tus barbas a remojar. Lo anterior aplica para el caso de Guanajuato como ejemplo, metido hoy en graves problemas de inseguridad ocasionados por la presencia del crimen organizado, dada la incapacidad de los gobernantes para prevenir y reconocer su existencia real en esa entidad, convencidos acaso que tal soslayo serviría como un atractivo más  a los inversionistas extranjeros de las grandes armadoras, aunque finalmente la delincuencia atenta y atraída por la diversificación  de la derrama económica y la potencialización del mercado, incluyendo el de las drogas, logró implantarse.

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