Por David Brooks, corresponsal

Cleveland. Cunde la incertidumbre, la inseguridad y la ira en Cleveland en vísperas de una inusual convención política nacional donde no se sabe qué ocurrirá dentro ni fuera de la arena al llegar aproximadamente 50 mil políticos y militantes republicanos, extremistas ultraderechistas, manifestantes progresistas, y periodistas.

Desde este domingo comenzaron las protestas en el centro de esta ciudad. Unos 100 activistas anti Trump coreaban esta tarde: “Desde México hasta Palestina, estos muros fornterizos tienen que caer”, y “No a Trump, no a un Estados Unidos fascista”.

En las calles de Cleveland. Foto David Brooks

En las calles de Cleveland. Foto David Brooks

Las convenciones cuatrianuales de los dos partidos políticos nacionales son espectáculos producidos y coreografiados para evitar cualquier sorpresa o error, eventos en que durante las ultimas décadas no hay duda ni suspenso sobre su resultado, hasta ahora.

Dentro de la Convención Nacional Republicana que arranca este lunes y culmina el jueves por la noche con el acto triunfal de la coronación del insurgente Donald Trump como candidato presidencial después de haber tomado por asalto esta institución política contra la voluntad de su cúpula, aún no está definido ni el programa final de oradores y otros participantes.

Aún circulan especulaciones sobre si habrá un rebelión de fuerzas opositoras a Trump para intentar de último momento evitar su nominación. No se sabe si han logrado recaudar los fondos para pagar la fiesta después de que varios patrocinadores tradicionales -multimillonarios y empresas- decidieron no aportar para evitar ser vinculados con Trump.

Una carta de los organizadores rogó al multimillonario derechista Sheldon Adelson por una contribución de 6 millones de dólares para ayudar con los gastos.

El déficit se incrementó cuando varias empresas y millonarios decidieron no cumplir con los donativos que habían prometido, por no querer ser asociados con Trump.

Entre éstos están Coca Cola, Pepsi, FedEx, Apple, Visa y David Koch, revelaron fuentes cercanas.

Otros medios han informado que varias empresas más ya habían anunciado que no serían patrocinadores del evento como en años anteriores.

Lo que sí se sabe es que una buena parte de la cúpula del partido -entre ellos los dos ex presidentes de Estados Unidos, los dos ex candidatos presidenciales anteriores, varios de los precandidatos presidenciales de este año, y decenas de legisladores y gobernadores- no se presentarán.

Ni el gobernador republicano (y precandidato presidencial) de Ohio, el estado en donde se realiza la convención.

El objetivo principal de la convención será presentar otra imagen de Trump y buscar superar las divisiones que provocó dentro del partido, pero eso está lejos de ser fácil.

El sábado Jeb Bush, precandidato presidencial y hermano e hijo de los dos presidentes Bush, escribió un artículo en elWashington Post denunciando a Trump: “no crea que Donald Trump refleja los principios ni el legado inclusivo del Partido Republicano. Sinceramente espero que no represente su futuro”.

Los oradores estelares ya confirmados incluyen a la familia de Trump -su esposa Melania y los cuatro hijos mayores de sus primeros dos matrimonios- que buscarán presentar el “lado personal” del candidato.

El resto de la lista es rara justo por la ausencia de las figuras destacadas del partido. En su lugar estarán Rudolph Giuliani, el ex alcalde de Nueva York, fiscales y un shérif negro demócrata conocido por criticar el movimiento de derechos civiles Black Lives Matter.

También estarán la primera mujer comandante del Space Shuttle, un actor de telenovelas y ex modelo de ropa interior, una golfista profesional y el presidente de la organización de lucha extrema.

No se sabe si lograrán unir al partido, pero la carta principal que se jugará para ese efecto es el enfoque contra la candidata demócrata Hillary Clinton, que será un blanco prominente cada noche de la convención.

En las afueras de la sede de la convención, la intensa vigilancia genera una sensación de inseguridad, sobre todo en una coyuntura que tiene de trasfondo los eventos en Niza y Dallas y otras pesadillas de seguridad pública. Una mitad del centro de Cleveland será zona de seguridad.

El gobierno federal otorgó 50 millones a la ciudad para medidas de seguridad, 20 millones de los cuales fueron gastados en equipo antimotines. Sin embargo, la fuerza policiaca de la ciudad carece de personal suficiente y unos 2 mil 500 oficiales más serán enviados de otras ciudades del país para apoyar, junto con un despliegue de fuerzas estatales y federales, incluyendo el Servicio Secreto y el FBI.

Más aún, el departamento de policía de Cleveland está bajo supervisión del Departamento de Justicia por los frecuentes excesos de fuerza contra ciudadanos.

Aunque las medidas de seguridad incluyen la prohibición de todo tipo de artículos -desde pelotas a latas- se permitirá a los ciudadanos portar armas de fuego legales fuera del perímetro de seguridad del centro de convenciones en la llamada zona de eventos, donde habrá áreas designadas para manifestaciones y marchas.

A esta convención que coronará candidatos y posiciones explícitamente discriminatorias y netamente racistas, con un candidato que será elogiado y festejado por grupos supremacistas blancos y con vínculos al Ku Klux Klan se presentarán en Cleveland, y será celebrada en una ciudad con una mayoría no blanca.

Según estadísticas del Censo de Estados Unidos, un 53.3 por ciento de la población de la área metropolitana de Cleveland es afroestadunidense, y otro 10 por ciento es latino (sobre todo de origen puertorriqueño).

Es una ciudad que ha padecido de tensiones raciales a lo largo de su historia, y una ciudad deprimida por el éxodo de industria durante las ultimas décadas.

Además, captó la atención nacional cuando la policía mató a Tamir Rice, un niño de 12 años, mientras jugaba con una pistola de juguete en un parque en 2014 -evento que nutrió las protestas de brutalidad policiaca e impunidad oficial a nivel nacional bajo la consigna de “las vidas negras valen”.

Mientras tanto, no se sabe aún el tamaño de expresiones de apoyo como protestas, pero durante los últimos días ha crecido el temor de estallidos de violencia.

El ambiente político y social tóxico en que se realizará este evento es potencialmente el más peligroso que se ha visto en tiempos recientes, afirman observadores aquí.

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