Reuters

Justo cuando las empresas europeas se estaban acostumbrando a los acuerdos arancelarios comerciales de Estados Unidos, conseguidos con gran esfuerzo el año pasado, el presidente Donald Trump las ha vuelto a poner en el tablero con una explosiva amenaza de imponer gravámenes a las naciones que se opongan a su planeada compra de Groenlandia.

Trump dijo el sábado que impondrá aranceles crecientes a partir del 1 de febrero sobre los bienes importados de los miembros de la Unión Europea (UE) Dinamarca, Suecia, Francia, Alemania, Países Bajos y Finlandia, junto con Reino Unido y Noruega, hasta que se permita a Washington comprar Groenlandia, un paso que los principales estados del bloque criticaron como un chantaje.

El domingo, los embajadores de la UE llegaron a un amplio acuerdo para intensificar los esfuerzos para disuadir a Trump de imponer esos aranceles, al tiempo que preparan un paquete de medidas de represalia en caso de que sigan adelante, dijeron diplomáticos comunitarios.

La medida de choque ha sacudido a toda la industria y ha hecho temblar a los mercados, en medio del temor a que se vuelva a la volatilidad por la guerra comercial del año pasado, que sólo se suavizó con los acuerdos arancelarios alcanzados a mediados de año.

“Se trata de una situación muy grave, cuya magnitud se desconoce”, declaró a Reuters Gabriel Picard, presidente del lobby francés de exportación de vinos y licores FEVS.

Según Picard, el sector ya sufrió un impacto de 20-25 por ciento en la actividad estadunidense en la segunda mitad del año pasado como consecuencia de anteriores medidas comerciales, y los nuevos aranceles tendrán un impacto “material”.

Piden reacción al más alto nivel

No obstante, afirmó que lo que está ocurriendo va mucho más allá de cuestiones sectoriales. “Es más una cuestión de contactos políticos y de intención política que debe llevarse al más alto nivel en Europa, para que Europa, una vez más, esté unida, coordinada y, si es posible, hable con una sola voz”.

En una publicación en su plataforma Truth Social, Trump dijo que el mes que viene entrarán en vigor aranceles adicionales de 10 por ciento a la importación de bienes procedentes de las naciones europeas enumeradas, todas ellas ya sujetas a gravámenes de entre 10 y 15 por ciento impuestos el año pasado.

El bloque, cuyo comercio de bienes y servicios con Estados Unidos se estimó en 1.5 billones de dólares en 2024, parece dispuesto a contraatacar. Europa cuenta con grandes fabricantes de autos en Alemania, de medicamentos en Dinamarca e Irlanda, y de bienes de consumo y lujo desde Italia a Francia.

Los líderes de la UE debatirán el jueves en una cumbre de urgencia en Bruselas varias opciones, entre ellas un paquete de aranceles a las importaciones estadunidenses por valor de 93 mil millones de euros (107 mil 700 millones de dólares), que podría entrar en vigor de forma automática el 6 de febrero tras una pausa de seis meses.

El otro es el hasta ahora nunca utilizado “instrumento anticoerción” (IAC), que podría limitar el acceso a licitaciones públicas, inversiones o actividad bancaria o restringir el comercio de servicios, en los que Estados Unidos tiene superávit con el bloque.

Reanudación de la guerra comercial

Según los analistas, la cuestión clave es cómo responderá Europa: con una guerra comercial más “clásica”, con represalias arancelarias o con un enfoque aún más duro.

“Lo más probable es que se reanude la guerra comercial que quedó en suspenso en los acuerdos de alto nivel alcanzados por Estados Unidos con Reino Unido y la UE en el verano”, dijo Carsten Nickel, subdirector de investigación de Teneo en Londres.

El director general del fabricante alemán de submarinos TKMS, Oliver Burkhard, afirmó que la amenaza de Groenlandia era quizá la sacudida que Europa necesitaba para endurecer su enfoque y centrarse en desarrollar sus propios programas conjuntos para ser más independiente de Estados Unidos.

“Probablemente sea necesario (…) recibir una patada en la espinilla para darnos cuenta de que puede que tengamos que vestirnos de forma diferente en el futuro”, declaró a Reuters.

Susannah Streeter, estratega jefe de inversiones de Wealth Club, dijo que la nueva amenaza crea “otra capa” de complejidad para las empresas que lidiaban con un mercado estadunidense ya “caótico”. Las empresas tenían poca capacidad para absorber nuevos aranceles, añadió.

“Una guerra comercial sólo crea perdedores”, afirmó Christophe Aufrere, director general de la asociación automovilística francesa PFA.

Avanzar hacia la reducción de la dependencia

Un funcionario de una asociación industrial francesa que representa a las mayores empresas del país añadió que la cuestión de Groenlandia está convirtiendo los aranceles en una “herramienta de presión política”, y pidió que la región redujera su dependencia del mercado estadunidense.

Neil Shearing, de Capital Economics, señaló que algunos países de la UE -España, Italia y otros- no figuran en la lista de países castigados con aranceles, lo que probablemente supondrá un “desvío” del comercio dentro del bloque de libre comercio de la UE para evitar los gravámenes.

Efecto contraproducente para Estados Unidos

Los analistas añadieron que, de imponerse, es probable que los nuevos aranceles perjudiquen a Trump, ya que elevarán los precios en Estados Unidos y provocarán un adelanto de las exportaciones antes de la entrada en vigor de los aranceles, al tiempo que animarán a las empresas a buscar nuevos mercados.

“Para Europa, esto es un mal dolor de cabeza geopolítico y un problema económico moderadamente significativo, pero también podría ser contraproducente para Trump”, dijo Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg, con sede en Londres.

“La lógica sigue apuntando a un resultado que respete el derecho de autodeterminación de Groenlandia, refuerce la seguridad en el Ártico para el conjunto de la OTAN y evite en gran medida daños económicos para Europa y Estados Unidos”, agregó.

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