David Brooks
Nueva York. El ex jefe de la campaña electoral de Donald Trump se sentó en el banquillo de los acusados en un tribunal en las afueras de Washington al arrancar el primer caso llevado a juicio por el fiscal especial Robert Mueller, mientras que el nuevo abogado del presidente calificó de traidor al ex abogado personal del magnate, y, en otro frente, Trump también abrió fuego contra los colosos conservadores más poderosos del país.
Paul Manafort, quien fue el jefe de la campaña electoral de Trump durante meses en 2016, fue acusado por fiscales al arranque de su juicio por fraude bancario y tributario al ocultar y trasladar decenas de millones de dólares que ganó de sus clientes políticos pro-rusos en Ucrania. Con ello arrancó el primer juicio como resultado de la investigación de Mueller sobre la mano rusa en las elecciones estadunidenses. Aunque este caso no está directamente relacionado con Trump, los intereses políticos y de negocio de Manafort y sus socios con Rusia podrían salpicar de alguna manera al presidente.
Los fiscales presentaran a unos 35 testigos, entre ellos Rick Gates, el ex colaborador de Manafort que “se volteó” para testificar en su contra a cambio de una reducción de su posible pena de cárcel. La mano de Mueller será fortalecida si logra condenar a Manafort.
En otro frente, Trump, después de enterarse de que en una reunión convocada por los hermanos multimillonarios Koch sus políticas de comercio y el manejo del gasto federal del actual gobierno fueron criticadas, hoy declaró que estos colosos republicanos “son un chiste total en los círculos republicanos reales”.
En una serie de tuits, acusó que los dos hermanos, Charles y David, son “globalistas” y se “oponen a Fronteras Fuertes y Comercio Poderoso”. Concluyó que “nunca busqué su apoyo porque no necesito su dinero ni sus malas ideas”, y añadió después: “yo soy por America Primero & por el Trabajador Americano -un títere de nadie”.
Los Koch, conservadores libertarios y dueños del conglomerado Koch Industries, nunca apoyaron a Trump (aunque su vicepresidente Mike Pence es cercano a ellos) durante su campaña presidencial en 2016, pero sus redes políticas incluyen organizaciones que operan a nivel de base como de cúpula, con presencia en más de 36 estados, y suelen invertir cientos de millones de dólares en apoyo de campañas. Eso los convierte posiblemente en el poder conservador más formidable del país.
Este conflicto preocupa a los estrategas republicanos -y, por lo mismo, deleita a los demócratas- ya que exhibe y abre aún más las divisiones internas que podrían debilitar al partido no sólo en las próximas elecciones intermedias de este año, sino el intento de reelección de Trump en 2020.
En otro flanco de la guerra política incesante de este régimen, se intensificó la creciente disputa con Michael Cohen, el ex abogado personal de Trump. El actual abogado personal de Trump, el ex alcalde y asesor político Rudolph Giuliani, calificó hoy a Cohen como un traidor, comparándolo con Brutus y Iago (no se sabe si eso implica que piensa que Trump es César u Otello).
“Tienen a un hombre verdaderamente malo ahí”, declaró Giuliani a CNN. Hace unos días, acusó que Cohen “ha estado mintiendo toda la semana, ha estado mintiendo durante años”, aunque en mayo lo defendió afirmando que Cohen es “un abogado honesto y honorable”.
Y es que Cohen ha dado señas de que está considerando cooperar con investigadores que están examinado posibles vínculos entre gente de Trump y los rusos. La semana pasada, los abogados de Cohen filtraron una grabación de una conversación de su cliente con Trump discutiendo un pago para callar a una ex modelo de Playboy sobre su supuestas aventuras sexuales con el magnate, y, además, se ha reportado que Cohen tiene información sobre si Trump estaba enterado de una reunión con rusos en sus oficinas durante la campaña -todo lo cual había sido tajantemente negado por Trump.
Para variar, el presidente continuó culpando a los medios de todo.





