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Analiza Trump a racistas y xenófobos para su gabinete

Protesta en Los Ángeles, California, contra la designación del ultraderechista Steve Bannon como estratega en jefe de Donald Trump, uno de los primeros nombramientos que hizo el presidente electo para su gabinete. Foto Afp

David Brooks, corresponsal

Nueva York.

Myles, un niño afroestadunidense de cinco años, le grita a una niña en el kínder: te voy a matar. La maestra, preocupada, le pregunta por qué dijo tal cosa, pero Myles se niega a contestar. La maestra lo comenta con la madre del menor, y ella responde que por supuesto hablará con su hijo, pero pregunta, ¿será por todo lo que escuchan sobre esta elección?, y le explica que Myles llegó a la casa unos días antes y le dijo: dicen que Trump va a matar a todos los que tienen la piel café. Mamá, yo tengo piel café.

El clima de temor generado por la elección de Donald Trump se expresa por todos lados. Varias maestras de escuelas públicas han contado a La Jornada incidentes como el de Myles, escuchan a niños de primaria comentar que Trump va a construir un muro y que por lo tanto ya no podrán ver a sus abuelos en Medio Oriente. Otra versión es que con el muro ya no podrán ir ni al supermercado y no tendrán comida, y por supuesto entre inmigrantes se repiten los temores de que los niños podrían regresar de la escuela para encontrar que sus padres fueron detenidos para ser deportados. ¿Qué será de nosotros?, es la pregunta que escuchan incesantemente los abogados de inmigración, la que se hace la gente entre sí en comunidades inmigrantes por todo el país.

Desde la Torre Trump se siguen escuchando diversas voces con mensajes ambiguos, no necesariamente oficiales, pero aterradores sobre lo que el presidente electo y su gobierno en formación están contemplando para la migración, el control de la comunidad musulmana y la implementación de medidas de ley y orden. Al no precisar, detonan una especulación intensa de lo que podría o no hacer Trump al llegar a la Casa Blanca. Y con ello, alimentan el clima de incertidumbre y temor.

Desde la elección, el Southern Poverty Law Center, que vigila movimientos extremistas de derecha, ha recibido quejas de más de 400 instancias de intimidación y hostigamiento contra minorías, y la Anti Defamation League reporta una proliferación de vandalismo antisemita. La FBI informó que en 2015, durante la contienda, se registró un incremento de 67 por ciento en los crímenes de odio contra musulmanes, y un alza de 7 por ciento en todos los crímenes de odio.

Por otro lado, para movimientos de derechos civiles como Black Lives Matter y organizaciones de defensa de libertades civiles que surgieron en torno a la violencia policiaca contra afroestadunidenses y latinos, la elección representa el triunfo no sólo de los que elogian eso de ley y orden, sino de gente ligada con movimientos racistas, y por lo tanto cunde la preocupación sobre el futuro inmediato. No pocos indican que el triunfo de Trump ha envalentonado a agrupaciones extremistas racistas, incluido el Ku Klux Klan, y grupos neonazis que han festejado el triunfo de Trump como suyo.

Para enfrentar esto, ha surgido todo un abanico de expresiones de resistencia. Hay reuniones de emergencia por todo el país en comunidades inmigrantes así como entre las musulmanas, para preparar medidas de protección, educar a todos sobre sus muy limitados derechos si llega la migra, y para pensar cómo enfrentar la ola antimigrante que se espera, más allá de la que ya se padece cotidianamente en este país.

Esta semana miles de estudiantes abandonaron clases en universidades de todo el país, con la exigencia de que estas instituciones se proclamen santuarios para proteger a los estudiantes inmigrantes y los derechos de todos los que podrían ser atacados por el nuevo gobierno. Las Universidades de Michigan, San Diego, Rutgers y Pomona College, entre más de 40, se sumaron a la acción. En Swarthmore, Pensilvania, cientos –incluidos no sólo estudiantes, sino profesores y administradores– abandonaron salones y oficinas para manifestarse contra Trump y comprometerse a defender a sus colegas vulnerables, y entregaron una petición a la rectora, firmada por casi toda la comunidad académica, para proclamar esa universidad como santuario.

Junto con el de Nueva York (como reportó ayer La Jornada), los alcaldes de Los Ángeles, Seattle, San Francisco, Filadelfia, Minneápolis y otras ciudades prometieron defender a sus comunidades inmigrantes, al igual que el gobernador de Connecticut. Los jefes de policía de Los Ángeles, Denver y Boston afirmaron que no colaborarán con el gobierno de Trump en sus esfuerzos de deportación. Varios de ellos también han prometido no cooperar con medidas contra las comunidades musulmanas.

Iglesias de diversas religiones se están sumando al movimiento de santuario. Un centro presbiteriano en el estado de Nueva York no sólo se proclamó santuario, sino informó que, aunque son mayoritariamente blancos, si los musulmanes en su región son obligados a registrarse ante autoridades, ellos también se registrarán con ellos en acto de protesta.

La conferencia de obispos católicos envió una carta de felicitación al presidente electo en la cual, en el mismo párrafo, asegura a las comunidades de migrantes y de refugiados: pueden estar seguros de nuestra solidaridad y acompañamiento en este país, y apremian a todo político a darles la bienvenida. A la vez, como parte de su mensaje, eligieron vicepresidente de su organismo al arzobispo Jose H. Gómez, de Los Ángeles, inmigrante mexicano.

A ver si de todo esto habrá una respuesta para Myles y millones de niños más que han sido atacados con esa arma oficial del temor.