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Chile: Renuncia de ministro de Salud, fracaso para gobierno de Piñera

Jaime Máñalich y Sebastián Piñera en imagen de marzo pasado. Foto: Afp

Aldo Anfossi

La caída en desgracia hoy de Jaime Máñalich, ahora ex ministro de Salud del gobierno de Sebastián Piñera, es sobre todo una derrota de proporciones para el presidente chileno, quien había apostado todas sus esperanzas de sobrevivencia política a la gestión exitosa de la crisis sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19.

En pocas semanas, Chile pasó de ser el país con menor incidencia mundial en el promedio de muertes por millón de habitantes a colocarse hoy en la cima de esa estadística, con 8,6 decesos, y a ocupar el quinto puesto global con la mayor tasa de contagios diarios, cercanos a 6 mil. A la fecha se totalizan casi 200 mil contagios y más de 3 mil 200 muertos, para un país con casi 19 millones de habitantes.

Apenas ayer, la reputada organización no gubernamental Espacio Público, que hace seguimiento a la pandemia, dijo en su informe diario que «con la laxitud observada en las cuarentenas y las tasas de contagio que tenemos hoy, el escenario más probable es que enfrentaremos varias semanas con miles de muertos, mientras la epidemia seguirá enseñoreándose de las grandes ciudades, desatando una crisis humanitaria inédita en la historia del país. Para salvar las miles de vidas que están en peligro inminente, debemos actuar hoy mismo con audacia y determinación».

La estocada final se produjo esta mañana, cuando el medio periodístico CiperChile publicó que el Ministerio de Salud ha estado reportando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) «un número más amplio de decesos por Covid-19 que el informado diariamente a la opinión pública», y que formalmente el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) «ya había contabilizado poco más de 5 mil muertes asociadas a Covid», cifra muy superior a los 2.870 decesos informados oficialmente a la fecha.

De acuerdo a los expertos, entre otras causales, el fracaso del plan de Piñera para contener el desastre sanitario se debe principalmente a que concentró todos los esfuerzos en reforzar la capacidad hospitalaria para atender a las personas infectadas -reflejado por ejemplo en más que duplicar la disponibilidad de respiradores mecánicos-; olvidando por completo hacer uso de la red de salud de asistencia primaria presente en todos los rincones del país, para identificar a personas infectadas y hacer seguimiento estricto de ellas y de sus contactos, previniendo una mayor dispersión del virus. Durante semanas, incluso meses, expertos epidemiólogos y las sociedades médicas, insistieron al respecto, pero Máñalich hizo caso omiso de las advertencias.

Piñera, por su parte, caído en desgracia política tras el estallido social del 18 de octubre de 2019, al punto que su nivel de aprobación llegó a apenas 6 por ciento, vio en la contención del Covid su oportunidad de salvación histórica. Emprendió entonces una campaña comunicacional para destacar su anticipación a las crisis, incluso hoy, al momento de aceptar la renuncia de Máñalich, insistió en que desde el 2 de enero de 2020 se elaboró un plan consistente. Afirmó, por ejemplo, haber comprado más de mil respiradores mecánicos en enero, algo que resultó falso (apenas se ompró uno); o bien, transmitir en televisión en directo los traslados aéreos de pacientes críticos de una región a otra del país; o inspeccionar también en directo las furgonetas en que las personas vulneradas serían trasladadas a los hospedajes sanitarios; y su apuesta mayor, el anuncio sin preparación previa de la distribución de 2,5 millones de cajas con alimentos a los hogares más pobres, una promesa que a tres semanas de ofrecida, está absolutamente cuestionada por inconsistente.

El presidente Piñera está hoy a las puertas de su peor hora, aquella en que miles y miles de personas, van a morir a causa de su estrategia fallida propagandística de supervivencia política y no de prevención de expansión de la enfermedad.