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Trump evalúa número de muertes aceptables para reabrir economía

David Brooks, corresponsal 

Nueva York. El gobierno de Donald Trump y sus aliados desean reactivar la economía estadunidense lo más pronto posible y para ello están haciendo explícitamente el cálculo macabro de qué tantas muertes están dispuestos a provocar a cambio de reabrir fábricas, cines, restaurantes y más.

“Tenemos que ser guerreros. No podemos mantener cerrado nuestro país durante años”, afirmó el mandatario al responder a preguntas sobre su afirmación un día antes de que reabrir la economía “probablemente” resultará en más muertos por la pandemia.

Mientras tanto, Trump y sus representantes están acusando que la tasa de mortalidad del virus -superando ahora 72 mil- está “exagerada” a pesar que expertos afirman lo opuesto, que el total es mucho más alto tanto aquí como en otros países. Varios modelos ahora están duplicando sus proyecciones de muertes diarias en Estados Unidos en las próximas semanas.

El doctor Anthony Fauci, el principal experto médico en enfermedades infecciosas del gobierno federal, dejó claro el lunes pasado en una entrevista con CNN que debilitar las medidas de confinamiento tiene consecuencias letales: “Es el balance de algo que es una decisión muy difícil, como ¿cuántas muertes y sufrimiento está uno dispuesto aceptar para regresar a donde quieres estar, algún tipo de normalidad, más pronto que tarde?”.

La presidenta de la cámara baja y la demócrata electa más poderosa del país Nancy Pelosi, declaró hoy que “la muerte no es motivador económico, o un estímulo, entonces ¿por qué estamos avanzando por ese camino?”.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, indicó que “la pregunta básica es ¿cuánto vale una vida humana? Lo que haga el gobierno hoy literalmente determinará cuánta gente vive, y cuánta gente muere”. Subrayó que sus decisiones estarán basadas en que “una vida humana no tiene precio”.

Mientras tanto, hay escenas que pocos se imaginaban con manifestantes blancos, muchos armados, ingresando a capitolios estatales en Michigan, Idaho, Wisconsin. Ohio, y el estado de Washington para exigir la anulación de las medidas de cuarentena “en nombre de la libertad”. Promovidos por intereses ultraderechistas, han sido apoyados por nadie menos que el presidente quien ha dicho que “son gente buena”, y hace unos días los invitó a “liberar” sus estados. Algunos tenían suásticas.

De una manera desordenada, sin coordinación a nivel nacional y contra la opinión pública nacional y el consenso de expertos en salud pública, la mayoría de estados, unos 38, han empezado a suspender sus medidas de distanciamiento y cuarentenas parciales: varios ya permitieron la reapertura de algunos comercios. Esto a pesar de que por lo menos 26 de esos estados están reportando alzas en el número de casos de Covid-19.

Algunos gobernadores republicanos de estados que están permitiendo la reactivación de algunas partes de sus economías proclaman que los trabajadores tienen que retornar a sus empleos y que ya no podrán recibir beneficios de desempleo y otra asistencia.

Sin embargo, algunos de los focos de infección más intensos están en esos mismos estados, sobre todo los rastros y plantas procesadores de carnes, los cuales tienen que reabrir bajo una orden ejecutiva de Trump, a pesar de cientos de contagios. Estos focos -en pueblos de Nebraska, Iowa, Ohio, Texas y Iowa- ahora tienen un nivel de infección per cápita más alto que la ciudad de Nueva York, epicentro de la pandemia, reporta el New York Times.

Mientras tanto, con la población más encarcelada del mundo, el Centro de Control de Enfermedades emitió un informe donde registra casi 5 mil reos contagiados y 88 fallecidos por el coronavirus; unos 2 mil 800 guardias y otro personal en los centros de detención han sido contagiados con 15 muertos.

Al mismo tiempo, entre las consecuencias de la pandemia en Estados Unidos -los más de 30 millones de desempleados y más de un millón 200 mil contagiados- es el hambre. Casi uno de cada cinco niños menores de 12 años en el país no está recibiendo alimentación suficiente durante esta pandemia, un incremento en “inseguridad alimenticia” sin precedente en tiempos modernos, según un nuevo informe de Brookings Institution. Casi un 23 por ciento de los hogares sondeados indicaron que no tienen suficiente dinero para comprar alimento.

Si el virus no los mata, tal vez el hambre sí.

JSL
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