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Debate español fue el menos visto de la historia

En una cafetería de Pamplona, comensales observan el debate. Foto: Ap

Armando G. Tejeda

Madrid. El debate electoral a cuatro bandas celebrado ayer en Madrid cosechó un alto índice de audiencia para las medias habituales en esa franja horaria, sin embargo fue el peor resultado de la historia si se compara con los debates electorales en el pasado, al menos desde finales del siglo XX. La cota más alta llegó a superar los 13 millones de espectadores, en el año 2008 y cuando se enfrentaron José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. El de ayer apenas alcanzó los ocho millones 880 mil seguidores, lo que confirma el desencanto y el hartazgo creciente de la ciudadanía hacia la clase política.

En una cafetería de Madrid, en una mesa elegida al azar había cuatro personas tomando un café. Al ser preguntados por este corresponsal quiénes habían visto el publicitado debate de Radio Televisión Española (RTVE), únicamente uno de ellos lo había visto. Y su conclusión era que “no había habido propuestas concretas y se habían dedicado a acusarse mutuamente de todo. Más de lo mismo”. De los otros tres, uno de ellos ya había votado por correo, otro ya había decidido a quién votar y no tenía en cuenta en debate para confirmar o descartar su opción y el última todavía estaba indeciso sobre a quien votar.

Eso sí, los cuatro comentaron y vieron uno de los hechos más populares del debate: el momento previo al inicio del debate, cuando los cuatro candidatos aparecen en el plató con sus respectivos asesores -todos hombres, incluidos los candidatos- mientras dos mujeres de la limpieza friegan el suelo con un trapeador, ajenas a los nervios y el bullicio que rodea al escenario televisivo sólo unos segundos antes de que se iniciara el enfrentamiento dialéctico. La única chica de los cuatro amigos de la cafetería, Diana, reconoció que “ese momento me dio vergüenza ajena, pero también es un reflejo del mundo que vivimos y de todo lo que aún falta por avanzar en igualdad”.

Al margen de la anécdota de las mujeres que limpiaban el suelo del plató televisivo -que fue comentado por todos los debates postelectorales y fue de los asuntos más comentados en las redes sociales-, la mayoría de los medios de comunicación también hicieron sus respectivas encuestas con sus lectores a través de internet. Y de las que a pesar de que no tienen mucha fiabilidad en cuanto al método y la rigurosidad del conteo, la mayoría de ellas arrojaron un resultado parecido: el supuesto vencedor para la mayoría de la ciudadanía fue Albert Rivera, de Ciudadanos, quien fue precisamente el que más ataques propinó a sus adversarios. La segunda plaza se la disputaron entre el socialista Pedro Sánchez, que para muchos supo defenderse, resaltar que el origen de la crisis política en España se debe a la corrupción endémica de la derecha española y en advertir del riesgo de que por primera vez en la historia un partido de extrema derecha, con lazos naturales con las estructuras más reaccionarias del franquismo, lleguen a las instituciones públicas a través de un pacto a tres bandas entre el Partido Popular (PP), C’s y la nueva formación extremista Vox.

Para otros el segundo lugar lo ganó el dirigente de Unidas Podemos (UP), Pablo Iglesias, porque mantuvo un tono más propositivo, pero también fue el menos protagonista de los cuatro, ya que se quedo al margen o lo marginaron de la mayoría de los intercambios más duros. En lo que sí coinciden todas las encuestas hechas al vapor es que el gran perdedor del debate fue el candidato del PP, Pablo Casado, que recibió críticas tanto desde el socialista Sánchez como su potencial aliado de C’s, Rivera. Y sus reflejos para reaccionar o defenderse fueron más bien lentos y torpes.

Uno de los principales reclamos de los líderes políticos para la celebración del debate era precisamente para dar a la ciudadanía que votará el próximo domingo la mayor información posible para que voten convencidos y en conciencia. Y sobre todo para despejar las dudas que según los sondeas tienen a día de hoy cuatro de cada diez votantes españoles. Es decir, entre un 30 y un 40 por ciento del electorado no ha decidido aún a quién votar y probablemente lo acabe decidiendo el mismo día de los comicios.

Por eso esta mañana, una vez celebrado el primero de los dos debates de la campaña, se miró con lupa los datos de la audiencia y se confirmó la paulatina perdida de interés en la política. A pesar de que la cuota de pantalla llegó al 43 por ciento y que eso representa que más de ocho millones 880 mil personas estuvieron pendientes del debate, si este dato se compara con otros periodos electorales se confirma que la gente está cada vez más desapegada de estos rifirrafes dialécticos. Por ejemplo, el último debate a cuatro que se celebró entre los candidatos de los principales partidos tuvo una audiencia media de 10,5 millones y una cuota de pantalla del 57%. En aquella ocasión los protagonistas fueron los mismos con la salvedad de Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno y del PP.

Y si nos remontamos a otras épocas, en las que imperaba el bipartidismo y los debates eran a dos, encabeza esa lista el cara a cara entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy emitido por 20 cadenas el 25 de febrero de 2008 con 13 millones de espectadores y 59,1 por ciento de cuota de pantalla; seguido del protagonizado por Alfredo Pérez Rubalcaba y Rajoy el 7 de noviembre de 2011 (17 cadenas) con 12 millones y 54.2 por ciento de cuota y el de Rodríguez Zapatero y Rajoy (22 cadenas) el 3 de marzo de 2008 con 11,9 millones y 56.3 por ciento. El cara a cara entre Felipe González y Aznar el 31 de mayo de 1993 concentró delante del televisor a 10.5 millones y 75.3 por ciento de cuota de pantalla.

JSL
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