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Desde 1962, Cuba y EU evaluaban la manera de normalizar vínculos

Los senadores Kelly Ayotte, John McCain y Lyndsey Graham, rumbo a una conferencia de prensa en el Capitolio para fijar su postura sobre la propuesta del presidente Barack Obama de cerrar la prisión de Guantánamo. La película Puente de espías narra las reuniones entre el jefe de la revolución cubana y el abogado estadunidense James Donovan. La historia sobre la misión de este hombre se cuenta también en el libro Diplomacia encubierta con Cuba. Historia de negociaciones secretas entre Washington y La HabanaFoto Ap

David Brooks

Nueva York.

¿Cómo hacen el amor los puercoespines? Muy cuidadosamente. Esa fue la media broma que caracterizó la obra diplomática clandestina protagonizada por James Donovan –personaje al centro de la nueva película Puente de espías, que está nominada al Óscar en varias categorías, incluyendo mejor cinta– y Fidel Castro en la primera negociación secreta entre Washington y el gobierno revolucionario.

Fue una obra secreta que tal vez ameritaba un Óscar por la actuación de un elenco que incluía a Fidel Castro, Donovan y altos funcionarios y espías estadunidenses y cubanos durante unos meses, a finales de 1962 y principios de 1963, que de cierta manera fue el inicio del largo camino que culminará con la visita del presidente Barack Obama a La Habana el próximo 21 de marzo.

Puente de espías, dirigida por Steven Spielberg y con Tom Hanks en el papel de Donovan, se enfoca en el capítulo histórico en el que el abogado neoyorquino negocia el famoso intercambio de dos espías –un estadunidense y un ruso– en 1962, que culmina en un puente en Berlín.

Pocas semanas después de ese suceso, según documentos desclasificados de la Casa Blanca y de la CIA, difundidos esta semana por el centro independiente National Security Archive, Donovan llevó a cabo las primeras negociaciones secretas de Estados Unidos con Castro y su gobierno.

Peter Kornbluh, director del proyecto sobre Cuba de Archive, señala que los documentos oficiales muestran que Donovan pronosticó a Castro que era posible una eventual acomodación de perspectivas que podría ser negociada entre ambos gobiernos.

La historia detallada de la misión de Donovan se cuenta en el libro de Kornbluh y su coautor William LeoGrande, Diplomacia encubierta con Cuba. Historia de negociaciones secretas entre Washington y La Habana (recién publicado en español en México por el Fondo de Cultura Económica), en el cual se resalta que Castro ve a Donovan como el primer representante del gobierno estadunidense en quien se puede confiar, poco después de la invasión estadunidense y la crisis de los misiles.

Todo empezó pocas semanas después de los eventos abordados en la película en 1962, cuando el procurador general Robert Kennedy solicitó que Donovan buscara una negociación con Castro para lograr liberar a más de mil 100 detenidos que participaron en la invasión de bahía de Cochinos, apoyada por la CIA, como también lograr el retorno de unos 24 ciudadanos estadunidenses encarcelados en Cuba por delitos contra la revolución, entre ellos tres integrantes de la División de Servicios Técnicos de la CIA. Washington bautizó ese esfuerzo como misión Merced.

Fidel Castro y Donovan se reunieron varias veces entre enero y abril de 1963, encuentros en los que abordaron el tema de abrir un camino hacia la normalización de las relaciones diplomáticas.

Ante ello se intensificó el debate entre el equipo del presidente John Kennedy sobre cómo responder a un giro en la relación y varios de sus asesores proponían establecer condiciones, incluyendo echar a los comunistas de su gobierno, cortar relaciones con la URSS y poner fin a la interferencia de Cuba en América Latina. Pero Kennedy tomó una posición menos agresiva, según estas versiones.

Por su parte, el director de la CIA, John McCone, asumió un papel personal en la misión de Donovan y mucho de lo negociado, incluyendo el envío de medicinas y alimentos como parte del intercambio de los prisioneros, fue coordinado secretamente por la agencia.

Pero a la vez hubo intentos por usar ese diálogo para promover operaciones clandestinas, incluso de propaganda. Entre éstas estaba la propuesta de un oficial de la CIA de imprimir la imagen de Castro sobre las hojas de los rollos de papel higiénico que serían incluidas en los envíos de medicinas y alimentos a Cuba, y con ello conseguir que los cubanos se rieran de Fidel –pero la propuesta fue rechazada por el subdirector de la CIA.

También hubo un intento por parte de algunos oficiales de la CIA de usar el acceso de Donovan a Fidel para intentar asesinar al líder revolucionario. La idea era preparar un traje y tanques de buceo contaminado con venenos, incluyendo una bacteria de tuberculosis, para que Donovan, sin conocimiento del complot, se lo entregara como un regalo al comandante, pero un abogado de la CIA logró frustrar el intento.

A principios de abril de 1963, Donovan sostuvo una de sus últimas reuniones con Castro, en la cual le regaló un traje de buceo y un reloj. Fueron a pescar a la bahía de Cochinos, donde el comandante le contó sobre la invasión y después de negociar los detalles finales de un intercambio de prisioneros –ciudadanos estadunidenses y agentes de la CIA a cambio de cuatro cubanos encarcelados en Estados Unidos– abordaron el tema sobre cómo restablecer las relaciones diplomáticas. Castro supuestamente le preguntó cómo se iniciaría ese esfuerzo y, según una transcripción de la CIA del informe de Donovan sobre su viaje, es ahí cuando el diplomático le respondió con la frase sobre los puercoespines.

Los documentos oficiales se pueden ver en el sitio del Archive:http://nsarchive.gwu.edu/index.html.