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En el Cono Sur «huele a golpismo», alerta Lula; pide a jóvenes «asumir la lucha social»

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Los ex presidentes de Brasil Lula da Silva y de Uruguay José Mujica en la conferencia de la ClacsoFoto Reuters

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Los ex presidentes de Brasil Lula da Silva y de Uruguay José Mujica en la conferencia de la ClacsoFoto Reuters

Blanche Petrich

Medellín.

En el Cono Sur, advierte Luiz Ignacio Lula da Silva, ex presidente de Brasil,hay un mal olor; huele a golpismo. Detalla cómo en Argentina, en Bolivia y en su propio país, proliferan las campañas desestabilizadoras contra los gobiernos progresistas y se conspira desde los sectores oligárquicos. O como dijera no hace mucho la presidenta Dilma Rousseff, se perfila en el horizonte un golpe a la paraguaya, el proceso que derribó a Fernando Lugo en Asunción, en 2012.

Son los llamados golpes suaves, una categoría que precisamente se ha discutido mucho aquí, desde la academia, en el transcurso de la séptima Conferencia del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), que fue inaugurada por el propio Lula el martes pasado, acompañado de otro ex presidente, el uruguayo José Mujica: un par que fue recibido como de campeonato en esta ciudad. El acto concluyó este viernes.

Da Silva aludió a la constelación de jefes de Estado que coincidieron en el Cono Sur la década pasada: Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet y Fernando Lugo. Somos parte de una de las mejores experiencias de la izquierda en América Latina, expresó. Se refirió a algunos logros de esos regímenes, en particular a la forma en que lograron minimizar, hasta desaparecer, el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y la constitución de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Eso fue en 2005, cuando el propio Lula encabezó un bloque conformado por él, Chávez y Néstor Kirchner y confrontó a la troika pro ALCA, integrada por Vicente Fox, Álvaro Uribe y, desde la sombra, George Bush, en el contexto de la cuarta Cumbre de las Américas de Mar del Plata.

Lo que siguió, dijo, fue el momento más extraordinario en la evolución del desarrollo, la educación, el salario y el empleo en la región, aunque reconoció:No logramos hacer todo lo que se esperaba de nosotros.

Ese desarrollo, sin embargo, no gustó a las élites. Fue muy gráfico. En Brasil, por ejemplo, las clases populares han accedido a bienes que no habían disfrutado y hoy día viajan por avión como nunca antes. Esto, por supuesto, llena de ruido y olores a los aeropuertos que parecen más bien estaciones de autobuses, y esto no gusta a las clases medias y altas, como tampoco les gusta que la hija de la empleada doméstica sea doctora o que el hijo del albañil vaya la universidad.

El privilegio de la educación

A propósito de universidades, Lula se explayó, destacando la paradoja que fuera él, un hombre de 70 años, quien apenas cursó la primaria, el encargado de inaugurar la masiva conferencia académica de Clacso, que reúne a los científicos sociales de más de 500 instituciones de educación superior en América Latina.Pero es que yo siempre pensé que quien destina presupuesto a educación no gasta, sino invierte, y que hay una deuda histórica con nuestros pueblos.

Mencionó datos históricos. En Perú, la primera universidad se fundó en 1550. En Colombia, en 1570. Argentina realizó su primera reforma universitaria en 1618. ¡Y Brasil tuvo su primera universidad en 1922!

En seguida citó los resultados de su política educativa: durante su gestión se triplicó el presupuesto educativo; se crearon 22 universidades, es decir, cuatro veces más que la fundación de planteles de educación superior en todo el siglo anterior. Se entregaron 80 mil becas para posgrados. Un millón y medio de las periferias ingresaron a las universidades y la mitad del estudiantado en los planteles públicos hoy día provienen de esas capas populares que hasta hace poco estaban excluidas del derecho al conocimiento.

A la conferencia del Clacso, que se organiza cada tres años, asistieron más de 8 mil jóvenes llegados de todas las regiones de Colombia para escuchar ponencias y exposiciones de más de 700 científicos sociales de 26 países. El promedio de edad es 25 años.

A estos muchachos, Lula los alentó: Por amor de Dios, gente, asuman la política, la lucha social, la mística que vivimos nosotros de jóvenes en los años 60. A pesar de todo lo que hicimos, falta mucho por hacer.

Continuó: “En 1985 no podía imaginar que yo, un obrero, hijo de familia campesina y que sólo logró cursar la primaria, pudiera llegar a ser el presidente de Brasil. Mucho menos un presidiario y guerrillero –dijo, señalando a Pepe Mujica, quien lo escuchaba sonriente– presidente de Uruguay. Mucho menos un indio, con cara de indio, pelo de indio, indio de verdad, pudiera ser el exitoso presidente de Bolivia”.

Nuevamente exhortó a los jóvenes, que acudieron por miles a uno de los pocos actos académicos gratuitos de más alto nivel en esta ciudad: Si nosotros llegamos, ¿ustedes por qué no? Y les advirtió, ante la perspectiva de que los gobiernos progresistas sigan perdiendo terreno en procesos electorales frente a las agresivas campañas de las derechas regionales: No existe una salida fuera de la política; no hay otra forma de transformar nuestras realidades. Aquí sólo nos ven a nosotros, que ya estamos viejos, que no les podemos ofrecer nada a largo plazo, sólo a un corto-mediano plazo. Pero cuando ustedes duden de todos los políticos, de todos nosotros, entren ustedes al desafío. Tengan el valor de ser mejores que nosotros.

El petista brasileño, que intentará relevar en la presidencia a su correligionaria Dilma Rousseff para gobernar un tercer término, reconoció que su país, después de tres cuatrienios progresistas, enfrenta la peor crisis desde 1999.Pero esta crisis no nació en Brasilia, nació en Nueva York, el corazón del sistema financiero.