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España blinda su frontera en Ceuta; la UE se lanza contra Marruecos

Armando G. Tejeda

En la playa del Tarajal, que está justo en el punto que divide a la ciudad española de Ceuta con el noroeste de Marruecos, los tanques y los soldados del Ejército español continúan desplegados, apoyados por las lanchas de la Guardia Civil para mantener cerrado a cal y canto el paso fronterizo. El mismo enclave por el que en menos de 24 horas se introdujeron la madrugada del lunes más de ocho mil migrantes marroquíes y subsaharianos que buscaban el “sueño europeo”. A pesar de que poco a poco se va estabilizando la situación en el foco del conflicto, las tensiones diplomáticas entre España y Marruecos se agudizan, incluso la Unión Europea (UE) acusó a Marruecos de “chantaje” y de “querer instrumentalizar la migración”.

 

Alijah es un adolescente marroquí de 17 años que hasta hace cuatro días vivía en Tetuán. Según relató a los voluntarios de la Cruz Roja, él y tres amigos más escucharon el rumor de que la frontera con Ceuta estaba abierta, así que decidieron viajar en un taxi -que les costó cien pesos a cada uno- y así llegar a la ya famosa playa del Tarajal. Cuando cayó la noche del pasado lunes decidieron seguir al resto y cruzar nadando la pequeña franja fronteriza. Así pisaron tierra española y se adentraron en la ciudad autónoma, donde deambularon durante la madrugada en busca de comida y bebida. Cuando el agotamiento les obligó a parar decidieron dormir en un parque, hasta que la luz del día los despertó y siguieron su búsqueda de alimento. Pensaban que estaban ante el inicio de una nueva vida, que, sin embargo, acabo unas horas después cuando fueron trasladados al centro de acogida temporal, donde el Ejército español los custodia hasta su repatriación.

 

El caso de Alijah y sus amigos es similar al de los cerca de ocho mil personas que en menos de 24 horas cruzaron la frontera con Ceuta y provocaron un conflicto diplomático sin precedentes entre Marruecos y España. En ese éxodo migratorio había también muchas familias enteras, con niños recién nacidos, varios de ellos que tuvieron que ser rescatado de las olas del mar por los agentes de la Guardia Civil española. Y la mayoría de ellos llegaban con mucha hambre, con sed y con frío, ateridos mientras eran auxiliados por los voluntarios sanitarios.

 

Ayer, en medio del barullo y el sonido de las sirenas y de los gritos de rabia, también se escuchó el sollozo desesperado de un hombre de casi dos metros, muy delgado, negro y con los brazos colgados como si estuviera languideciendo. Agachó la cabeza, tenía la cabeza seca, y una de esas voluntarias de la Cruz Roja le dio con su propia mano a beber agua, le sujetaba la cabeza y le ayuda a ingerirla. El migrante, después de recuperar un poco de vida después del sorbo de agua y los abrazos de consuelo, se soltó a llorar a sus brazos. Y le agradecía con la mirada. Esa imagen fue captada por varios medios de comunicación y hoy, después de ver su propia imagen en la escena, ella misma explicó sus sensaciones: “No creo en ningún Dios pero estoy segura de que si viviera las situaciones que ha vivido esta gente lo haría. No sé cómo sentirme. Sólo sé que se me cae la puta alma al suelo”.

 

O el agente de la Guardia Civil, Juan Francisco, que salvó a un recién nacido de la violencia del mar, y que explicó con palabras secas el momento: “Cogimos al bebé. Estaba helado, frío, no gesticulaba… Fue un momento muy traumático”.

 

Después del viaje relámpago a Ceuta del presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, que además ordenó movilizar al Ejército para mantener el control de la frontera, la llegada de migrantes a la ciudad autónoma española se ha controlado. Si acaso se siguen registrando algunos casos aislados de migrantes desesperados, que intentar cruzar nadando. Pero la zona está totalmente acordonada, con los tanques militares, las lanchas de la Guardia Civil y, ahora también, un mayor celo por parte de las autoridades fronterizas de Marruecos, que también están impidiendo que sigan llegando en masa más migrantes a la zona limítrofe con la playa del Tarajal.

 

De los cerca de ocho mil que se calcula que habrían cruzado la frontera en los últimos dos días ya fueron devueltos a Marruecos “cuatro mil 800”, según informó el propio gobierno español, que reconoció que esas personas fueron repatriadas bajo el método de las llamadas “devoluciones en caliente”, de las que fueron muy críticos en el pasado tanto el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como Unidas Podemos (UP), que forman la coalición del gobierno actual.

 

Es un método expedito: se retiene a los migrantes en un centro de acogido, incluidos los menores de edad, siempre custodiados por miembros del Ejército o de la Policía Nacional y la Guardia Civil, y sin que medie ningún tipo de procedimiento judicial o administrativo son devueltos a Marruecos por la minúscula puerta fronteriza que divide a los dos países y que está en un borde de una valla electrificada y con alambres de púas. En casos de devoluciones masivas, como la que se registró ayer, se vieron escenas en las que los militares españoles aceleraban el paso de los migrantes repatriados golpeándolos con sus porras o con gritos y aspavientos.

 

Del resto de los que permanecen todavía en territorio español, más de tres mil, el gobierno de Madrid calcula que alrededor de dos mil se encuentran bajo control de la policía, mientras que los demás siguen deambulando por la ciudad. Todavía no se ha aclarado cuál será su futuro, sobre todo el de los menores de edad que permanecen bajo su custodia y que según la legislación española e internacional no pueden ser repatriados sin una serie de garantías jurídicas y la protección del Estado receptor.

 

Crisis diplomática

A la crisis humanitaria provocada por el éxodo migratorio hay que sumar la profunda crisis diplomática que se ha generado, en la que de manera poco habitual también intervinieron las autoridades europeas para expresar su respaldo al Estado español y criticar la “instrumentalización” de la migración por parte del régimen alaui.

 

Algunos analistas entienden que el origen de este nuevo conflicto entre España Marruecos estaría en el auxilio médico por parte del gobierno español a un histórico líder del Frente Polisario, Brahim Gali, quien tras enfermar de Covid-19 en Argelia fue trasladado de urgencia a un hospital de Logroño para ser atendido, en un acto diplomático conjunto entre Argelia y España y en el que no fue informado en ningún momento el gobierno marroquí.

 

De hecho las propias autoridades marroquíes han señalado en varias declaraciones públicas, como la del ministro de Estado de Derechos Humanos y Relaciones con el Parlamento, Mustafá Ramid, quien afirmó que “España sabía que el precio por subestimar a Marruecos es muy alto. La recepción por parte de España del líder de las milicias separatistas del Polisario, bajo una identidad falsa, sin tener en cuenta las relaciones de buena vecindad que requieren coordinación y consulta, o al menos cuidando de informar a Marruecos, es un acto irresponsable y totalmente inaceptable”.

 

Esta declaración es la primera por parte de las autoridades marroquíes que vinculan directamente el auxilio de España a Brahim Gali de la crisis migratoria y que las autoridades españolas han negado de forma categórica en las últimas semanas. Pero el tono del conflicto sube de tono, de hecho si el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ayer fue más cauto en sus declaraciones públicas, al no nombrar de forma directa a Marruecos, hoy durante una comparecencia en el Congreso de los Diputados que “España está sufriendo un desafío de un tercer país que es Marruecos”. De hecho ante la escalada del conflicto no se descartó la mediación del Rey de España, Felipe VI, con su homólogo marroquí, Mohamed VI, quienes mantienen una buena relación.

 

Y también la diplomacia española aumentó la presión reclamando a la UE que se involucre y así lo hizo de inmediato, con las declaraciones del vicepresidente de la CE Schinas, quien advirtió a Marruecos que “Europa no se dejará intimidar por nadie en el tema de migración. Ceuta es Europa, esa frontera es una frontera europea y lo que está pasando allí no es un problema para Madrid, es un problema para todos. Hemos visto ya en los últimos meses algunas tentativas de países terceros de instrumentalizar la migración y eso no lo podemos permitir. Nadie puede intimidar o chantajear a la Unión Europea”.