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Esperanza y dudas en el Kremlin por Trump

Esperanza y dudas en el Kremlin por Trump
Juan Pablo Duch, corresponsal

Moscú. El Kremlin recibió el triunfo de Donald Trump con sorpresa como en todo el mundo y con una sensación triple –mezcla de satisfacción, esperanza y dudas– respecto a sus implicaciones para Rusia, por ahora sólo hipotéticas a partir de frases sueltas dichas al calor de la campaña electoral en Estados Unidos.

La noticia provocó satisfacción, y hasta podría decirse euforia en la clase política local –lo cual contrasta con la reacción de los mercados que registraron pérdidas del rublo frente al dólar y el euro–, no tanto por la victoria del candidato republicano, sino por la derrota de Hillary Clinton.

Porque el presidente Vladimir Putin considera a Clinton poco menos que la artífice de la línea dura contra Rusia en la política exterior de Estados Unidos desde que, en sus tiempos de Secretaria de Estado, calificó de “ni justos ni libres” los comicios legislativos celebrados aquí en 2011, los cuales devinieron multitudinarias manifestaciones de protesta en las calles de Moscú.

El fracaso de Clinton genera cierta esperanza en el Kremlin –que estaba convencido de que era imposible llegar a un acuerdo con una Administración demócrata en Washington– de poder negociar un entendimiento pragmático con Trump que revierta la política de sanciones contra Rusia y frene la expansión de la alianza noratlántica hacia el este.

Las dudas surgen por el comportamiento impredecible del presidente electo de Estados Unidos y por la dificultad de aceptar que los intereses de Rusia pasarán a segundo plano para un futuro inquilino de la Casa Blanca que, en su primer discurso esta madrugada, junto con un tono conciliador con el resto del mundo, proclamó que la motivación prepotente “America, primero” será determinante en cualquier decisión que él tome.

Cuando asuma la presidencia, la relación bilateral de Estados Unidos con Rusia no dependerá sólo de Trump, quien tendrá que enfrentar la resistencia del congreso con mayoría republicana y de las figuras de su propio partido, cuya animadversión hacia Rusia es notoria.

Por eso, con realismo, el Kremlin es consciente de que los elogios de Trump a Putin durante la campaña iban más bien dirigidos contra Barack Obama, igual que su oferta de mejorar relaciones con Rusia. Hasta que no se asiente el equilibrio de poder entre el presidente, el congreso y la cúpula del partido republicano, estima que es prematuro dar por levantadas las sanciones contra Rusia, lo mismo que hablar de avances en temas que irritan al Kremlin.

Putin sabe que tendrá que negociar duro con Trump, quien – si mantiene su discurso intolerante– a la larga puede resultar un mandatario mucho peor y enfrentado con Rusia de lo que hubiera sido Clinton.

Pero todo esto se empezará a aclarar hasta que Trump tome posesión y, mientras tanto, es hora de tender la mano. En ese contexto, el presidente ruso envió hoy un telegrama de felicitación al triunfador de las elecciones estadunidenses, en el cual propone “emprender esfuerzos conjuntos para lograr que la relación bilateral supere el actual estado de crisis”.

Horas más tarde, al recibir las cartas credenciales de un grupo de embajadores, Putin matizó las expectativas de un eventual entendimiento con Trump: “Entendemos y somos conscientes de que no será un camino fácil dado el deterioro que, lamentablemente, han sufrido los vínculos entre Estados Unidos y Rusia”.

Y externó su voluntad de “hacer todo lo que sea posible para devolver las relaciones ruso-estadunidenses a una trayectoria estable de desarrollo; no será sencillo, pero estamos dispuestos a realizar la parte que nos corresponde”.