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La londinense Fleet Street despide a sus dos últimos reporteros

La londinense Fleet Street despide a sus dos últimos reporteros
Reuters

Londres. Tres décadas después de que el magnate de los medios Rupert Murdoch propició la defunción del que durante siglos fue el hogar de la industria periodística británica, la calle londinense Fleet Street despidió este viernes a sus dos últimos reporteros.

Conocida como la «Calle de la Vergüenza», Fleet Street llegó a albergar a miles de periodistas, editores e impresores, que trabajaban para los principales diarios nacionales, para publicaciones internacionales y provinciales.

Aunque la prensa británica en su conjunto sigue siendo conocida como «Fleet Street», desde este viernes ya no quedarán periodistas trabajando allí, después de que el escocés Sunday Post cierre sus oficinas de Londres.

«Es un día mucho más triste para el periodismo que para mí personalmente», dijo Darryl Smith, de 43 años, uno de los últimos reporteros destinados en la calle. «Se acabó el periodismo en Fleet Street».

La céntrica vía se convirtió en sinónimo de publicación en 1500, cuando Wynkyn de Worde estableció una prensa. El primer diario, el Daily Courant, se lanzó en 1702.

A la sombra de la Catedral de San Pablo, el emplazamiento de la calle era ideal para los periodistas: a pasos del distrito financiero de la City londinense, los tribunales de justicia y los políticos de Westminster.

«Cualquiera que esté interesado en el periodismo y los grandes diarios sabe que Fleet Street es el corazón», comentó Murdoch cuando compró el tabloide News of the World en 1969.

Sin embargo, estuvo en el corazón de su declive en 1986, cuando trasladó su negocio periodístico, que incluía también al Times, al Sunday Times y al tabloide Sun, a un nuevo emplazamiento en el este de Londres, donde las nuevas tecnologías sustituyeron a las viejas prensas.

Tres años después, el resto de cabeceras nacionales siguió su camino, en un intento de bajar costos en un sector golpeado ahora por el crecimiento de internet. Los periodistas se fueron también hace tiempo de la vieja sede de Reuters en el número 85, donde hay ahora un restaurante de moda.

Hoy día, la calle en la que resonaba el golpeteo de las teclas de las máquinas de escribir está tomada por banqueros y contables; el edificio art decó donde estaba el Daily Express es la sede de Goldman Sachs.

«Hay sobre todo banqueros ahora», dijo Smith. «Ni siquiera estoy seguro de que la gente aquí conozca la historia».

Un destacado pasado

Smith comenzó a trabajar en Fleet Street con 18 años, atraído por su famoso pasado, y regañó una vez a un guía en un bus turístico que informó a los pasajeros que ya no era el hogar del periodismo británico.

«Me asomé a la ventana y grité ‘seguimos aquí'», comentó.

Su colega del Sunday Post que también se va este viernes, Gavin Sherriff, de 54 años, empezó a trabajar en el diario en Fleet Street hace 32 años, cuando la zona estaba en auge, ascendiendo desde asistente editorial a reportero jefe en Londres.

«Cumplía todos los estereotipos. Recuerdo ir andando y sorprenderme con los grandes camiones cargados de grandes rollos de papel intentando meterlos en lugares como el Sun para poder imprimir los periódicos», rememoró.

«Al llegar a la oficina, uno sentía que estaba entrando a un lugar algo especial. Era una habitación llena de humo en la que no se podía ver el otro extremo, llena de gente tecleando en máquinas antiguas, intentando hablar por malas líneas telefónicas», comentó.

En la actualidad hay pocas señales del brillante pasado de la calle. Su histórica iglesia, St Bride’s, sigue siendo el hogar espiritual del periodismo británico y el lugar en el que se casó Murdoch en febrero con la modelo Jerry Hall.

«Estábamos muy conscientes de que éramos los dos últimos periodistas aquí», dijo Smith. «Creo que es un momento triste de la historia. Amo mi profesión, la historia de Fleet Street y el hecho de haber estado trabajando aquí».

Sherriff sonó más optimista: «El periodismo, como cualquier negocio, debe evolucionar. Sólo estamos al final de un párrafo y quedan párrafos y capítulos por escribir».