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El mundo contradictorio en que vivimos / Víctor Flores Olea

El presidente de EU Donald Trump "parece ser el paradigma y el ejemplo más terrible de esta época". Foto Afp

Víctor Flores Olea

En el mundo más desarrollado parecen despreciables algunos principios elementales: el respeto a los derechos humanos, el equilibrio y hasta la igualdad entre las clases sociales, el derecho puesto al servicio de quienes más lo necesitan, la redistribución del ingreso, el respeto a la ley y a los mínimos principios de la ética más elemental. Si a esto añadimos su ser esencial que es la de acumular y explotar el trabajo de los otros, tenemos que el mundo idílico de los dreamers es sólo eso, en efecto, un sueño frustrado permanentemente.

Si del otro lado ponemos atención en el lado opuesto del mundo, nos encontramos con una enorme sociedad humana que ha vivido prácticamente, desde hace milenios, en la miseria, es decir, en la pobreza extrema y en la absoluta alta de educación, de salud y de un mínimo bienestar. Que ha malvivido además trabajando para enriquecer a los otros y sin que para sí mismo cuente con lo indispensable, con lo estricto necesario.

Ésta es apenas una línea del acontecer histórico que pudiera multiplicarse muchas veces si intentáramos narrar, aun mínimamente, la explotación, la violencia, las guerras, los afanes crueles de sumisión, es decir, un  mundo el que hemos hecho y vivido que se distingue por la injusticia y la crueldad.

No parece nada fácil corregir esa situación, ya que los señores del poder y del dinero no sólo se oponen rotundamente a las transformaciones sociales necesarias para realizar un mundo más vivible, sino que han creado una verdadera cultura en que la acumulación de riqueza se convierte en el fin primordial de la vida y sus acompañantes privilegiados merecen todo el apoyo apasionado que se les pueda otorgar, mientras ellos apartan la mirada de las necesidades y de la pobreza de este mundo y construyen sus propios sueños, efímeros por cierto, sus castillos de grandeza.

Tal es el mundo que hemos construido y que construimos todavía, con un empeño que merecería mejor causa. Pero hasta ahora nos hemos quedado muy cortos. ya que al lado de lo que podríamos llamar conductas individuales, el conjunto, es decir, el «sistema», prolonga con aun mas crueldad y locura la condición de los humanos en lo individual y los conduce a que las sociedades en conjunto vivan enfrentadas sin que los derechos humanos básicos o el respeto precisamente a los individuos o las comunidades hayan encarnado en valores y conductas que se practiquen y se respeten. Las guerras proliferan y parecería que se preparan otras nuevas con la presencia aterradora de los avances tecnológicos contemporáneos. Este es el mundo en que vivimos y al que, por lo que parece, no se le puede decir no o poner obstáculos que de verdad lo frenen o lo cambien de raíz.

Tan es así, según lo he dicho anteriormente, en que en un buen número de naciones importantes del mundo parece que tomarán el poder partidos políticos, «líderes» o movimientos sociales de la extrema derecha que llevarán a la humanidad a tratos y a condiciones probablemente más graves de las que vivimos ahora, y que anuncian, a pesar de los «brillos» aparentes que ofrece a moderna civilización, seguramente otra fase negra en nuestra historia, de las más oscuras que hayamos podido vivir.

Por supuesto, Donald Trump, increíblemente ocupando el sitial de presidente de los Estados Unidos, Parece ser el paradigma y el ejemplo más terrible de esta época. Seguido, naturalmente, por acólitos que parecen estar dispuestos a seguirlo en muchas partes del mundo. La fe en la civilización y en nuestros avances también éticos y espirituales están en grave entredicho.

La respuesta, la única posible, es la de esforzarnos en todas partes del mundo en rescatar los valores y los sueños que están vinculados a nuestra grandeza, en derrotar a los destructores de la humanidad, y en volver a postular esos sueños de libertad derrotando a quienes practican la destrucción y eventualmente la aniquilación de la cultura y de la civilización de la humanidad.