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Por primera vez una mujer ocupa un puesto con voto en el Vaticano

Para Nathalie Becquart, su designación es prueba de que está cambiando la mentalidad patriarcal. Foto Ap

Ap

Roma. Una monja francesa, que es la primera mujer en ejercer un puesto con voto en el Vaticano dijo este miércoles que su nombramiento prueba que “la mentalidad patriarcal está cambiando”, a medida que más mujeres asumen mayores responsabilidades en la jerarquía católica.

La hermana Nathalie Becquart dijo en conferencia de prensa que su designación como subsecretaria en el Sínodo de Obispos fue una “señal valiente y una decisión profética” del papa Francisco, quien ha dicho reiteradamente que las mujeres deben tener más voz en la gobernanza de la Iglesia.

Desde hace mucho tiempo las mujeres se quejan de tener un estatus de segunda categoría en la Iglesia católica, donde el sacerdocio, las altas funciones en el Vaticano y el papado están reservados para los hombres.

Francisco designó a Becquart y a un teólogo español, el padre Luis Marín de San Martín, subsecretarios de la oficina que organiza las largas reuniones temáticas de los obispos en el Vaticano.

Los sínodos, que en general se realizan cada dos o tres años, han adquirido importancia creciente en el pontificado de Francisco, partidario de una conducción más descentralizada y colegiada enfocada en los obispos locales más que en la Santa Sede.

Francisco ha designado a media decena de mujeres a subsecretarías en las congregaciones del Vaticano, pero el nombramiento de Becquart constituye una novedad hasta cierto punto histórica: probablemente tendrá votos en el próximo sínodo de obispos, previsto para 2022, dada su jerarquía profesional.

“Se ha abierto una puerta”, dijo el titular de la oficina de sínodos de obispos, el cardenal maltés Mario Grech, a la prensa vaticana. “Veremos qué otros pasos podrían darse en el futuro”.

Fue una alusión a los reclamos de permitir que las superioras religiosas, que también participan en los sínodos, tengan el derecho a voto en propuestas de importancia para la vida de la Iglesia. Las hermanas religiosas tienen voz en los debates de los obispos, pero hasta ahora no tenían voto.

Sus reclamos se hicieron públicos durante un sínodo sobre la juventud en 2018, en el cual monjas prominentes pidieron el voto apoyadas por el movimiento progresista #VotesForCatholicWomen (votos para las mujeres católicas).

La designación de Becquart ha merecido elogios, pero también cierto rencor, porque es apenas una sola mujer la que podrá votar entre cientos de hombres sobre la vida futura de la Iglesia.