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Senado de EU absuelve a Trump de “incitar a la insurrección”

Patrick Leahy, senador que presidió el juicio político de Donald Trump dictó la sentencia absolutoria. Foto Ap

David Brooks, corresponsal

Nueva York. Donald Trump fue absuelto de “incitar a la insurrección” contra el gobierno de Estados Unidos con lo cual concluyó su segundo juicio político tal y como se había pronosticado, y ante la abrumadora evidencia presentada durante cinco días, fue un resultado sólo explicable al recordar que éste no fue un proceso judicial ante un jurado imparcial, sino un proceso político.

El voto final fue de 57 contra 43 declarando a Trump no culpable -siete republicanos se sumaron a los 50 senadores demócratas. Se requieren de dos tercios del Senado (67) para declarar culpable a un presidente. “Donald John Trump no es culpable… y es absuelto”, proclamó el senador Patrick Leahy quien presidió el juicio.

Con eso se respondió a la pregunta presentada a los senadores por Jamie Raskin, jefe del equipo de fiscales-diputados, con la que inició este juicio político y con la cual concluyó la presentación de los cargos: “¿Esto es América?”.

“Este juicio no se trata de quién es Donald Trump -todos saben quién es Donald Trump. Este juicio se trata de quiénes somos nosotros”, afirmó Raskin este sábado al concluir los argumentos en el caso acusando al ex presidente de “incitar a la insurrección” violenta contra el gobierno de Estados Unidos.

Raskin y algunos de sus ocho colegas del equipo de fiscales-diputados, resumieron la evidencia que presentaron durante varios días en este juicio, donde repitieron lo esencial: que durante meses el presidente cultivó, convocó y lanzó a una turba violenta para descarrilar los resultados de la elección que perdió culminando con el asalto al Capitolio para interrumpir la verificación del voto electoral.

Acusaron que con ello, “traicionó” al país, a la democracia y la seguridad nacional de Estados Unidos y, más aún, que si no es declarado culpable, continuará representando una amenaza al país.

Recordaron que jamás se había interrumpido la transición pacífica del poder, y que no existe ningún precedente de un presidente incitando a una insurrección violenta contra el gobierno de Estados Unidos.

“¿El país honrará la transición pacífica del poder… Restauraremos el honor del Capitolio?”, preguntó Raskin. “¿El Senado condonará el ataque violento del presidente contra este edificio y los que trabajan en él?”. “¿Este es el futuro que desean nuestros hijos?”, preguntó.

La defensa de Trump, en sus conclusiones, reiteró que todo lo presentado por los fiscales es “mentira” y su cliente “es inocente del cargo” y que todo es parte de un esfuerzo para “reprimir la libertad de expresión” de Trump y sus seguidores, fruto de “odio político”.

Insistieron en que su cliente es campeón de “la ley y el orden”, y que los promueven y justifican las manifestaciones violentas -por “izquierdistas” y “anarquistas violentos” – son los demócratas durante las protestas de años pasados. Acusando a los fiscales de “hipocresía”, insistieron en que ‘festejaron la violencia” de manifestantes de izquierda.

Más aún, acusaron que se violó la libertad de expresión, el debido proceso de su cliente, e insistieron, otra vez, que mucha de la evidencia fue “fabricada”.

El juicio, sostuvieron, sólo fue la prolongación de “una vendetta política” contra Trump, un “circo”, para intentar su objetivo desde hace cinco años: “anular un outsider independiente” y frenar la posibilidad de que Trump busque de nuevo la presidencia.

Fue obvio que Trump estaba conduciendo su defensa, ya que tanto la retórica como las tácticas tenían su sello. La estrategia trumpiana de acusar a tus acusadores de lo mismo que te están acusando y ese fue el guión de sus abogados.

Pero para los republicanos, no era la evidencia, sino el cálculo político lo que imperó en este juicio. Y sus votos comprobaron que no estaban evaluando las pruebas, sino las aguas políticas. Y la mayoría de ellos, con su voto, confirmaron que Trump, o por lo menos el trumpismo, sigue siendo una fuerza sumamente poderosa en su partido.

De hecho, ante el pronóstico de que al final no se lograría obtener un voto para declarar culpable a Donald Trump por “incitar una insurrección” violenta contra el gobierno de Estados Unidos, los fiscales y sus colegas demócratas cada vez estaban procediendo menos ante el tribunal del Senado, sino ante el tribunal de la opinión pública.

Aunque el juicio sobre una intentona de golpe de Estado y el asalto violento del Capitolio promovido por Trump y sus aliados ha culminado, apenas inicia la evaluación de las implicaciones políticas para Estados Unidos, y con ello, aún queda en el aire esa pregunta: ¿esto es América?