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Temen que el odio racista de Trump perviva tras los comicios

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David Brooks, corresponsal

La violencia derechista ha sido parte de esta contienda electoral desde que Donald Trump lanzó su candidatura –la cual ha sido acompañada de agresiones físicas y verbales contra mexicanos, musulmanes, afroestadunidenses y hasta periodistas, por sus simpatizantes– y ahora hay amenazas de que podría expresarse en una disputa pos electoral.

Una iglesia afroestadunidense en Greenville, Mississippi, fue incendiada hace unos días en la madrugada, y sobre un costado del edificio en llamas alguien pintó: Vota Trump. Esta semana, uno de los pocos periódicos en el país que ha respaldado a Trump para presidente fue el rotativo The Crusader, el más importante del Ku Klux Klan (la campaña, sin embargo, rechazó el editorial). Este jueves Trump advirtió que cada vez que se critique su muro a lo largo de la frontera con Mexico, él lo hará más alto.

El miércoles, en un mitin, Trump interrumpió su discurso no sólo para arremeter contra los medios, como es usual, sino que identificó a una reportera presente por nombre y la acusó de nunca reportar correctamente sobre el número de asistentes a sus actos. Un par de medios nacionales han contratado desde hace meses seguridad privada para proteger a los reporteros que cubren la campaña de Trump.

A lo largo de la campaña, agrupaciones de libertades y derechos civiles han condenado actos de violencia racial o antimigrantes por agresores que se identifican como simpatizantes de Trump. Críticos han repetido que la retórica del multimillonario en sus actos de campaña y sus comentarios incesantes en Twitter incitan a la violencia. Sus repetidas declaraciones de que inmigrantes y musulmanes representan amenazas al pueblo de este país han generado un clima de odio.

Nunca me he sentido tan insegura en este país como en este último año, comenta una joven musulmana estadunidense. Inmigrantes y latinos han denunciado la creciente hostilidad en su contra. Niños en escuelas primarias reportan que algunos de sus colegas les gritan: Trump te va a sacar del país y regrésate a México.

Algunos de los aliados de Trump son símbolos de las peores políticas racistas y antimigrantes del país, desde el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, al sherif Joe Arpaio de Arizona, hasta algunos de los comentaristas y periodistas más extremistas del país, todos los cuales utilizan un lenguaje violento.

De hecho, la violencia ha sido un tema subyacente –y ha estallado también– en la campaña de un candidato que en varios actos ha hablado de querer golpear la cara de manifestantes, y hasta sugerir que alguien en apego a su derecho a la Segunda Enmienda podría frenar a su contrincante Hillary Clinton si llega a la Casa Blanca e intenta imponer un control de armas (la Segunda Enmienda otorga, de manera ambigua, el derecho de los ciudadanos a tener armas).

El Servicio Secreto investigó a un asesor de la campaña de Trump en julio, después de que afirmó que Clinton debería ser fusilada por traición, y en mayo tuvo que investigar al mayordomo de Trump después de que puso en su página de Facebook que el presidente Barack Obama debería ser fusilado como agente enemigo.

En sus mítines se escuchan consignas contra Clinton: que la maten, algo inusitado en campañas electorales.

No hay duda de que hay mayor discurso de violencia y odio en la campaña de Trump, lo cual alimenta a agrupaciones de extremistas blancos, afirma el Southern Poverty Law Center, que vigila a la derecha extrema; más de mil 600 grupos operando por todo el país, 892 de ellos denominados como “grupos de odio”.

Trump ha solicitado voluntarios para vigilar casillas en ciertos barrios durante la elección el 8 de noviembre, para evitar el fraude. En este país el fraude en las casillas es casi inexistente (hay otro tipo de maniobras que podrían calificarse de fraude, pero no ocurren ahí). Todos entienden que está hablando de supresión del voto de comunidades anti Trump: afroestadunidenses, latinos y jóvenes. Algunos suponen que podrían aparecer personas abiertamente armadas cerca de casillas con el propósito de intimidar a cierto tipo de votante.

Pero en semanas recientes, con la evasiva de Trump respecto a si reconocerá el resultado de la elección, y su acusación de que el sistema esta amañado y se está preparando un gran fraude con la ayuda de inmigrantes, entre otras cosas, para evitar que gane, hay preocupación de que una disputa pos electoral podría detonar actos de violencia.

Una nueva encuesta de CBS News difundida este jueves registró que más de un cuarto de sus simpatizantes dicen que probablemente no aceptarán el resultado si Clinton gana, y casi 40 por ciento tiene poca o nula confianza en que los votos serán contados de manera apropiada.

Algunas agrupaciones blancas derechistas y antigobierno federal como Oath Keepers ya han advertido desde hace meses, en ensayos publicados en sus sitio de Internet, sobre una guerra civil si gana Clinton. El nivel de odio entre conservadores por esa mujer es tan estratosférico que no puede haber otro resultado, escribió Brandon Smith, un colaborador del grupo, reportó Politico.

En días recientes, algunos de sus más fervientes simpatizantes han expresado que habrá violencia si Trump pierde. Un joven de 25 años comentó al New York Times que si pierde el republicano podría estallar una “segunda guerra revolucionaria… la gente va a marchar en las capitales, hará lo que sea necesario para sacarla del puesto, porque ella no pertenece ahí”, en referencia a Clinton. Agregó que eso se logrará por lo medios que sean necesarios.

Después de ocho años de que la extrema derecha ha alimentado una reacción racista contra el primer presidente afroestadunidense, acusándolo de musulmán, dictador, comunista y hasta cuestionando si es estadunidense –campaña a la cual se había sumado y promovido Trump desde un inicio– algunos señalan que la próxima etapa podría ser peor. Con la campaña racista, xenófoba y misógina de Trump por la Casa Blanca, lo marginal se volvió parte del debate normal, acusa Jonathan Capehart, del Washington Post.

Aunque no se contempla una sublevación armada, ni algún acto violento masivo, el ambiente que han generado Trump y su equipo prevalecerá mucho más allá del 8 de noviembre.

Para mayor información sobre la campaña presidencial en Estados Unidos