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Tras ola de protestas, Rusia vota en elecciones locales

El líder opositor, Alexei Navalny, acudió a votar en Moscú este domingo. Foto Afp

Juan Pablo Duch, corresponsal 

Moscú. Si algún interés pudieran tener las elecciones que este domingo se celebraron en numerosas regiones y ciudades de Rusia es saber no quién las ganó, sino cuántas posiciones –gobernadores, alcaldes, diputados– perdió el partido oficialista Rusia Unida.

En el llamado “día único de votación” de este año, cerca de 50 millones de rusos pudieron elegir a 16 gobernadores, a los legisladores de 13 regiones y repúblicas de la Federación, así como a alcaldes y diputados municipales en las 85 entidades de Rusia.

Por su impacto mediático, y repercusiones para el resto del país, las miradas estuvieron puestas en los comicios de Moscú y San Petersburgo.

Para entender qué ha pasado en las dos urbes más importantes de este país de un tiempo para acá, conviene tener presente que en Rusia hay dos clases de encuestas: las públicas, que realizan organismos que por lo común dependen del poder y cuyos resultados no sirven para nada, aparte de satisfacer egos sin sustento, y las privadas, que encarga el Kremlin para articular su política.

Hace tres meses, según pudo saberse, las encuestas privadas vaticinaron que Rusia Unida corría el riesgo de perder los dos comicios más relevantes de este domingo: el Parlamento de Moscú, donde tenía mayoría, y la gubernatura de San Petersburgo, la segunda ciudad de Rusia.

En la capital, Rusia Unida rechazó ser identificado como partido oficialista, a pesar de que sus candidatos se beneficiaron de todas las ventajas –ilegales las más– que de entrada los pusieron en una situación de privilegio frente a los restantes contendientes.

En efecto, como si les diera pena ser postulados por el partido gobernante, todos los candidatos de esa formación política –tildada de partido de “ladrones y sinvergüenzas” por el líder opositor Aleksei Navalny– se presentaron como “independientes”, a título personal.

Además en Moscú las autoridades no permitieron el registro de casi ningún candidato de oposición, de los 57 que lo intentaron, salvo tres o cuatro excepciones.

Ello provocó meses de protestas de inusual magnitud y, en respuesta, una ola de represión que se tradujo en más de tres mil detenidos, así como en condenas de varios años de cárcel para manifestantes elegidos al azar y en prisión administrativa y otras formas de persecución para los aspirantes cuyo registro se rechazó sin fundamento.

En contraste, los candidatos “independientes” de Rusia Unida en la capital rusa contaron con todo el respaldo de la maquinaria electoral del Estado: apoyo mediático y financiero, firmas requeridas para su postulación que la Comisión Electoral no perdió tiempo en verificarlas, adversarios políticos eliminados sin más, sufragios garantizados de los empleados del sector público mediante la obligación de fotografiar la boleta a depositar, urnas embarazadas y otros trucos de similar desaseo.

La oposición, en esas condiciones, optó por proponer como experimento lo que denominó “votación inteligente”: sufragar por el contendiente, al margen del partido que represente, con mayores probabilidades de vencer –según sus propios sondeos de intención de voto– al candidato “encubierto” de Rusia Unida en las elecciones a la Asamblea Parlamentaria de Moscú.

Sin embargo, muchos moscovitas no siguen en las redes sociales las sugerencias de Navalny y quienes lo hacen no todos prefieren votar al candidato por él recomendado en lugar del representante de Rusia Unida, por haber sido postulado por el Partido Comunista en 33 de los 45 distritos de Moscú.

No en vano, apenas se cerraron las casillas, el presidente de la Comisión Electoral moscovita, Valentin Gorbunov, dijo que todo apunta a que la participación en la capital será del orden del 22 por ciento del padrón.

Impuesto desde Moscú, Aleksandr Beglov, gobernador en funciones de San Petersburgo, simplemente no puede con el cargo: su éxito más reciente consistió en inaugurar a bombo y platillo tres estaciones del Metro que aún no se pueden usar, pues no está terminada su construcción.

Pero que Beglov, por ese y otros logros similares, se haya convertido –según sus numerosos críticos– en el hazmerreír del Neva es secundario cuando, desde la Oficina de la Presidencia en la capital rusa, se fijó como meta ratificarlo en las urnas sin rival en las boletas.

Por ello, el último contendiente que encabezaba las encuestas de intención de voto, el cineasta Vladimir Bortko, postulado por el Partido Comunista, renunció hace unos días de forma inexplicable.

Este lunes se conocerán los resultados de la votación en Rusia.

JSL
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