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Trump, lo que no queremos; Clinton, lo que no funciona, acusan ‘millenials’

Según el consenso de analistas, si Hillary Clinton gana Forida, el juego concluye. Foto Ap

David Brooks, corresponsal

Nueva York.

Los jóvenes son pieza clave en esta contienda electoral, pero en la recta final no tienen dónde expresar su deseo por un cambio en el país: las únicas opciones son un candidato republicano que quiere el retorno a un pasado mítico, que ellos rechazan, y una candidata demócrata que lo único que promete es más de lo mismo.

Lo que más odio es que nos traten como si fuéramos pendejos, comenta un joven afroestunidense de 24 años a La Jornada. Sabemos lo suficiente como para no confiar en Hillary por lo que ha hecho, pero por supuesto Donald Trump es inaceptable. Esta apreciación, expresada por jóvenes en múltiples entrevistas, se traduce en una notable falta de entusiasmo en esta recta final de la elección.

Los jóvenes de entre 18 y 34 años, llamados millenials, son ahora la generación más numerosa de Estados Unidos, con un total de 75.4 millones, según el censo de Estados Unidos. A la vez, son la generación más racial y étnicamente diversa en la historia del país, y algunos afirman que también es una de las más progresistas. Pero los jóvenes no necesariamente confían en el voto ni en el proceso político. Históricamente, aunque se les insiste en que tienen que votar ya que serán quienes más sufran las consecuencias de una elección, durante décadas han sido el sector que menos participa.

En esta coyuntura no ayuda que la cúpula demócrata enajenó a millones de ellos durante las elecciones primarias, donde una abrumadora mayoría del voto joven se sumó a la causa del precandidato socialista democrático Bernie Sanders, y fueron ellos quienes nutrieron la campaña más exitosa en la historia moderna del país.

Después fueron tratados con un desprecio que aumentó, para muchos, la percepción de que la cúpula demócrata es parte de un sistema corrupto y entregado a los intereses del uno por ciento más rico del país (algo que surgió de Ocupa Wall Street y formó parte integral del mensaje de Sanders).

El mensaje de Clinton y sus aliados a los jóvenes, sobre todo a los que apoyaban a Sanders, era que la mejor manera de promover el cambio que tanto deseaban era apostar por su experiencia pragmática para reformar el sistema. La respuesta en un tuit de una joven fue: Lo que no entienden es que no queremos cambios dentro del sistema, queremos cambiar el sistema.

Uno de los problemas para Clinton frente a los jóvenes es que cada vez que se menciona su larga experiencia en la vida publica, sólo prueba que es parte integral de la estructura de poder de la que desconfían y hasta rechazan. En un sondeo, a principios de octubre, sólo 31 por ciento de los llamados millenials la apoyaban.

En la Convención Nacional Demócrata los jóvenes eran 46 por ciento de los delegados que tenía Sanders. Ahí fueron sujetos a amenazas y humillaciones a manos de representantes de la maquinaria política, mientras Clinton los elogiaba y afirmaba desde el podio que ella haría suyas las causas de los jóvenes. En por lo menos tres ocasiones, durante cuatro días, cientos de estos delegados abandonaron la arena en protesta por el trato que recibieron. Muchos se sumaron a un movimiento denominado Nunca con Hillary, que provocó un conato de crisis interna que sólo se controló cuando Sanders instó a sus seguidores a dedicarse a derrotar a Trump.

Clinton necesita ahora más que nunca a este sector que fue fundamental en la histórica elección de Barack Obama en 2008, cuando 51 por ciento de los jóvenes votaron (una participación récord). Durante semanas recientes les han instado, exhortado y rogado que participen. El propio Barack Obama se ha presentado en universidades esta semana con el mensaje de que el futuro de los jóvenes está en riesgo en esta elección. Odio ponerles un poco de presión, pero el destino de la república descansa sobre sus hombros, afirmó ante estudiantes en la Universidad de Carolina del Norte el pasado miércoles.

Pero aunque es el político con el mayor nivel de aprobación en el país, no es el mensajero perfecto: el voto joven se desplomó 7 por ciento entre la elección de 2008 y la reelección de Obama en 2012, y en parte fue por un desencanto con la falta del cambioprometido por el presidente.

Para Clinton fue particularmente preocupante que una encuesta del New York Times registrara hace unas semanas que más de un tercio de los jóvenes pensaban votar por uno de los candidatos de terceros partidos.

Hillary ha intentado cortejar a este sector con artistas, desde Katy Perry y Miley Cyrus, hasta Jay-Z, Beyoncé y Pharrell Williams, así como con actores de televisión y cine. Ha adoptado algunas de las posiciones de Sanders, y, más recientemente, ha usado al propio Sanders en actos de campaña para invitar la participación de estas filas.

Kate Aronoff, en el periódico británico The Guardian, ofreció una explicación del déficit de apoyo entre los jóvenes: “Clinton ha supuesto que un tercio del electorado –los millenials– votarían por ella sólo por temor a su contrincante. Puesto de manera sencilla, queremos más”.

Explicó que los millenials son la generación que ocupó Wall Street, quienes clausuraron puentes por las vidas negras y se encadenaron a las rejas de la Casa Blanca para frenar el oleoducto Keystone XL. Desilusionados por el apoyo de Obama a la guerra –especialmente después de que tocamos puertas para lograr elegirlo– sabemos que no podemos tener una fe ciega en cualquier candidato por la oficina oval. Agregó que para esta generación progresista, Trump representa virtualmente todo a lo que nos oponemos, y Clinton todo lo que no ha funcionado para nosotros. Por tanto, concluye, la candidata necesita escuchar sobre las prioridades de esta nueva generación.

La mayor parte de esta generación se identifica como independiente y en una amplia encuesta realizada el verano de este año muchos más apoyaban a Sanders que a Clinton (https://nextgenclimate.global.ssl.fastly
.net/wp-content/uploads/2016/07/NextGen-PNA-Battleground-Millennial-Benchmark-Posting-Deck-D07.27.16.pdf
).

Según algunos cálculos, si se incrementa en 10 por ciento el apoyo de jóvenes a Clinton, eso duplicaría su ventaja frente a Trump.

El papel del voto millenial se sabrá hasta después de las elecciones, pero en esta contienda han dejado claro que cuestionan la credibilidad del ejercicio democrático y no confían en los protagonistas políticos.