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Trump, el presidente novato más impopular en la historia moderna

Donald Trump señaló que se seguirán dos reglas: “comprar estadunidense y contratar estadunidense”. Foto Afp

David Brooks, corresponsal

Washington. Donald Trump, a las 12 horas exacto, y ante la incertidumbre y alarma de buena parte del país y del mundo, tomó a Washington como el presidente novato más impopular en la historia moderna.

Bajo la llovizna de un día gris, ante un público de fanáticos mucho más reducido que en la primera toma de posesión de su antecesor Barack Obama (a la que acudieron unos 1.6 millones), la ceremonia oficial de investidura procedió con Trump rindiendo su juramento con la mano sobre la Biblia que utilizó Abraham Lincoln (la misma que también usó Barack Obama) y ante el jefe de la Suprema Corte John Roberts. Con ello se coronó como el 45o presidente de Estados Unidos.

Ofreció un mensaje populista, proteccionista e imperial: denunció a la clase política por promover sus intereses sobre los de los ciudadanos y afirmó que hoy “estamos trasladando poder de Washington D.C. a ustedes, el pueblo”, añadió que ahora “impulsamos un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restaurar su promesa para todo nuestro pueblo”, y subrayó que “juntos determinaremos el curso de América y el mundo para los años venideros”.

“América primero” es la consigna, anunció, al prometer que reconstruirá la economía, retomará el control sobre las fronteras y restablecerá “respeto” para Estados Unidos en el mundo. Acusó que “por demasiado tiempo, un pequeño grupo en la capital de la nación se ha beneficiado con las recompensas del gobierno mientras el pueblo han aguantado el costo… El establishment se protegió a sí mismo, pero no a los ciudadanos de nuestro país… Los hombres y mujeres olvidados de este país ya no serán olvidados más”.

Galería.

Después de agradecerle al pueblo de Estados Unidos y, por alguna razón, “a los pueblos del mundo”, enfatizó que este día será recordado “como el día en que el pueblo volvió a ser gobernante de esta nación”. Dijo que esto es el resultado de “un movimiento histórico nunca antes visto por el mundo”.

Pintó una visión de un país desindustrializado, un sistema de educación fracasado, y devastación en zonas marginales, y prometió que esto llega a su fin empezando hoy.

“Durante muchas décadas hemos enriquecido a la industria extranjera a costas de la industria estadunidense, subsidiado los ejércitos de otros países” mientras no se financiaba el nacional, y “defendido a las fronteras de otros países mientras rehusamos defender las nuestras”. Acusó que “la riqueza de nuestra clase media ha sido arrancada de sus hogares y entonces redistribuida por todo el mundo”

Ante ello, advirtió que “de este día en adelante, una nueva visión gobernará nuestra tierra. Desde este día en adelante, será solo América primero, América primero”. Eso será lo que determinará toda decisión, prometió, sea en temas domésticos como migración, o externos, y todo será en torno de que se beneficia “al trabajador estadunidense y las familias estadunidenses”. Señaló que se seguirán dos reglas: “comprar estadunidense y contratar estadunidense”.

Prometió que “la protección llevará a gran prosperidad y fuerza” y con ello, “recuperaremos nuestros empleos… nuestras fronteras… nuestra riqueza”.

En el ámbito exterior, dijo que se buscará “amistad y buena fe” con todos, y aseguró que “no buscamos imponer nuestra forma de vida sobre nadie, sino más bien dejarla brillar como ejemplo… brillaremos para que todos nos sigan”.

Y prometió erradicar el “terrorismo radical islámico”.

Llamó por la unidad, por un patriotismo que implica la no discriminación, ya que la “sangre del patriotismo” es del mismo color para todos. Y afirmó que “no debe haber temor”, ya que “estamos protegidos” por las fuerzas armadas y las de seguridad pública, y, “más importante, seremos protegidos por Dios”.

Y concluyó: “juntos” Estados Unidos sera “fuerte de nuevo”, “rica de nuevo”, “orgullosa de nuevo, “seguro de nuevo” y “sí, juntos haremos grande otra vez a Estados Unidos”.

En la ceremonia siempre curiosa por su mezcla politico-religosa, el cardenal Timothy Dolan de Nueva York, el reverendo Samuel Rodriguez y la pastor Paula White-Cain, el rabino Marvin Hier y el ultraconservador anti gay reverendo Franklin Graham ofrecieron lecturas bíblicas. El himno nacional fue cantado por la adolescente Jackie Evancho, concursante que ganó fama en el programa de “America’s got talent”.

También cantó el famoso Coro Mormón Tabernacle, con la ausencia de por lo menos una integrante que rehusó participar afirmando que no cantaría para un “fascista”.

La presencia mucho más reducida de simpatizantes en las ceremonias oficiales, con el gigantesco parque conocido como el Mall estaba semi vacío con un pequeño mar de caras blancas con cachuchas rojas con el lema del presidente “Volver a hacer grande a Estados Unidos”, en contraste con una masiva presencia multi étnica hace 8 años en la inauguración de Obama. Más aún, en el concierto de la inauguración la noche del jueves, se calcula que llegaron unos 10 mil mientras que al concierto de la primera inauguración de Obama acudieron 400 mil.

Todo esto fue de cierta manera indicación de la falta de apoyo de este presidente. Las decenas de actos de protesta en varios puntos de la ciudad fueron tal vez la expresión más amplia de repudio que se ha registrado contra la llegada de un nuevo presidente en la historia del país.

La mayor distracción fue la presencia de Hillary Clinton (junto con su esposo, el ex presidente Bill Clinton) recordando que todos suponían hasta el 8 de noviembre que ella era la que estaría prestando el juramento. Llegó vestida de blanco, con una sonrisa forzada.

Los ex presidentes George W. Bush y Jimmy Carter también asistieron. Todos con el pretexto de que estaban festejando la transición pacífica del poder en nombre de la democracia. Todos saben que ninguno de ellos deseaba que ganara Trump.

Rodeado de la cúpula política de ambos partidos, todos los cuales lo rechazaron y que buscaron hacer todo para evitar su triunfo, le ofrecieron sonrisas y buenos deseos. Trump ofendió a casi todos, y sus familias.

Pero no todos: aproximadamente un tercio de los representantes demócratas boicotearon el evento, más de 60.

A la vez, el presidente Trump tomó posesión de la Casa Blanca bajo otras nubes que las que pintaron el cielo hoy: sospechas de la mano rusa en la elección y su triunfo. El New York Times hoy reportó que varias agencias de inteligencia están investigando comunicaciones interceptadas en relación con posibles interacciones del gobierno de Vladimir Putin con representantes de Trump.

Hoy Trump se volvió el primer presidente sin previo servicio en el sector público o en las fuerzas armadas, y entre los más ricos. A sus 70 años, es el presidente novato más viejo.

Al final, el presidente Trump acompañó al ex presidente Barack Obama al otro lado del Capitolio donde él y su esposa Michelle abordaron el helicóptero presidencial para despedirse del gobierno.

Poco más tarde, después de una comida ofrecida por el Congreso, arrancó el desfile desde el Capitolio a la Casa Blanca a lo largo de la avenida Pennsylvania para llevar al presidente a su nueva residencia.