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Trump: ya no ordenaré investigar a Hillary Clinton

El presidente electo de Estados Unidos, el republicano Donald Trump, visitó ayer el ‘New York Times’. Foto Ap

David Brooks, corresponsal

Nueva York.

El presidente electo Donald Trump indicó que su gobierno no llevará adelante sus amenazas de investigar a Hillary Clinton y retirar a Estados Unidos del pacto sobre cambio climático, y hasta puso en duda su promesa de utilizar la tortura, sorprendiendo a fuerzas derechistas y provocando más especulación sobre cuáles serán sus posiciones como presidente sobre una amplia gama de temas, desde migración hasta seguridad nacional.

Los giros de Trump están mareando tanto a sus propias filas como la amplia oposición que ha generado. En una entrevista con directivos y periodistas del New York Times realizada en las oficinas del rotativo que tanto ha criticado, Trump apreció suavizar varias de sus posiciones de campaña.

Afirmó que no ordenará investigaciones contra su ex contrincante en torno al asunto del uso de un servidor privado de correo electrónico cuando era secretaria de Estado, o sobre el comportamiento de la fundación de la familia Clinton. No quiero dañar a los Clinton, de veras no. Agregó que deseaba pasar adelante después de la contienda, y reiteró que el asunto no le importa tanto ahora y que la batalla electoral fue muy dolorosa.

Fue un giro dramático después de que en debates y actos de campaña prometió promover una investigación a fondo de los Clinton, y frecuentemente provocaba que sus seguidores corearan que la encarcelen en sus mítines. Algunas voces derechistas de inmediato expresaron su desilusión con las declaraciones de Trump. Promesa rota, declaró el sitio derechista Breitbart, del que el nuevo asesor en jefe de Trump, Steve Bannon, fue director general. Otros comentaristas y organizaciones ultraconservadoras influyentes expresaron su extrañamiento.

Trump también sorprendió a sus seguidores al negarse a reiterar su posición durante toda la campaña de abandonar el acuerdo sobre cambio climático logrado el año pasado en París, y se limitó a comentar: tengo la mente abierta sobre el tema.

Sobre el uso de la tortura en la guerra contra el terrorismo, algo que repetidamente defendió durante la campaña, indicó al Times que podría haber cambiado de opinión después de entrevistas con el general retirado James Mattis, ex jefe del Comando Central. “Él me dijo: ‘nunca he encontrado que sea útil’”, comentó Trump en torno al uso de tortura contra terroristas. Aseveró que sigue contemplando a Mattis para el puesto de secretario de Defensa.

Sobre sus amenazas de perseguir a medios –incluido el Times– con demandas legales y nuevas leyes de difamación, hoy aseguró a los presentes, incluido el director de la empresa del rotativo: creo que ustedes estarán contentos. Bromeó que desafortunadamente sí lee el Times, pero aclaró que viviría otros 20 años si no lo hiciera.

A la vez, aseguró que no violaría las leyes sobre nepotismo si decide nombrar a su yerno Jared Kushner a un puesto. Más aún, sostuvo que Kushner podría ser clave en promover negociaciones de paz entre Israel y Palestina. Indicó: me encantaría ser quien logre la paz con Israel y los palestinos, eso sería un gran logro.

Defendió a Bannon, su asesor en jefe, de acusaciones de que es un ultraderechista racista y antisemita. Afirmó que nunca lo habría contratado si eso fuera cierto, y que es un trato injusto en su contra. También defendió Breitbart, el sitio ultraderechista antes dirigido por Bannon, como algo no tan diferente del Times, sólo mucho más conservador.

Sobre las expresiones de apoyo que ha recibido de agrupaciones supremacistas y racistas, sobre todo una que se realizó en Washington este pasado fin de semana con tonos nazis, Trump declaró: claro que los repudio y los condeno.

El pasado fin de semana en Washington se realizó una conferencia de la llamada derecha alt (para distinguirse de grupos conservadores establecidos), que en esencia es el movimiento nacionalista blanco, donde casi 300 participantes de varias partes del país hablaron sobre sus principios de un Estado de etnia blanca, de cómo la raza blanca es la de los creadores y conquistadores, atacaron a los judíos, emplearon frases nazis en alemán y celebraron la elección de Trump con un saludo nazi y concluyeron con la traducción en inglés de Sieg hiel. Todo en una sala de conferencias en el edificio público nombrado por Ronald Reagan a unas cinco o seis cuadras de la Casa Blanca.

Voceros de Trump aseguraron este lunes que el presidente electo repudia a todo grupo relacionado con mensajes de odio. Sin embargo, organizaciones de vigilancia de extremistas de derecha como de defensa de derechos civiles judíos y afroestadunidenses han documentado el apoyo a Trump por estos grupos –algunos neonazis, otros, como el Ku Klux Klan y sus dirigentes, a lo largo de la contienda electoral, así como la renuencia del entonces candidato a condenarlos firmemente.

Trump continuó este lunes, junto con su equipo en la Torre Trump en esta ciudad, con el trabajo bastante público de entrevistar a potenciales candidatos para su gabinete y otros aproximadamente 4 mil puestos que son designados por el presidente en la burocracia federal. Esta tarde viajó a su mansión en Mar-a-Lago, en Florida, con su familia, donde pasará el puente del Día de Acción de Gracias.

Mientras tanto, a falta de anuncios concretos, se intensifica la especulación sobre los próximos nombramientos, sobre todo los encargados de asuntos domésticos y económicos, que ofrecerán indicaciones sobre qué dirección tomará Trump al inicio de su mandato. La incertidumbre sobre todo para la comunidad inmigrante y la musulmana, junto con una amplia gama de sectores preocupados por derechos civiles y laborales, los derechos de la mujer, los gays y más, sigue en estado de alarma.

A la vez, con señales cruzadas en la retórica del presidente electo, periodistas y analistas buscan claves sobre la dirección del nuevo gobierno a partir de integrantes nombrados a puestos temporales para guiar la transición, desde el antimigrante Kris Kobach, que generó alarma entre la comunidad migrante, hasta Mauricio Claver Carone, una de las figuras más ferozmente opuestas a la normalización de relaciones con Cuba.