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Vladimir Putin gana referéndum; podrá gobernar Rusia hasta 2036

Miembros de la Comisión Electoral de Rusia cuentan los votos que dieron como ganador al actual mandatario. Foto Afp

Juan Pablo Duch, corresponsal 

Moscú. Tras una semana de “votación popular”, que se realizó en condiciones inéditas, y hasta extravagantes en algunos sitios por decir lo menos, el presidente Vladimir Putin obtuvo este miércoles la legitimidad en las urnas que quería para que su controvertida Reforma Constitucional entré en vigor, apenas se den a conocer los resultados definitivos, y él pueda –si así lo desea al concluir su actual periodo dentro de cuatro años y gana las siguientes dos elecciones– gobernar hasta 2036.

Con 60 por ciento de las boletas escrutadas, la presidenta de la máxima instancia electoral de Rusia, Ella Pamfílova, dijo que 77 por ciento de los electores se pronunciaron a favor de la reforma y 22 por ciento en contra de los más de dos centenares de enmiendas a la Constitución de 1993, con una asistencia de 65 por ciento del padrón.

Un resultado más que suficiente, pero no tan espectacular –tomando en cuenta que los ingresos de cerca de 80 millones de rusos dependen del presupuesto federal– y que revela que, formalmente, menos de la mitad de los ciudadanos con derecho a voto apoya las enmiendas, sumando el 35 por ciento del padrón que no quiso sufragar con el 22 por ciento que sí lo hizo en contra.

Los críticos de esta reforma se fragmentaron entre quienes exhortaron a votar en contra, quienes por el contrario recomendaron boicotear la cita con las urnas para evidenciar el desacuerdo y quienes se preguntaron para qué votar si nada iba a cambiar y todo estaba decidido de antemano.

Detrás de la victoria legitimadora no se aprecia, según afirman los inconformes con la gestión de Putin, el respaldo de la mayoría de la población de Rusia, sino se ve sólo la cifra de sufragios, reales y ficticios, que se propuso mostrar la Oficina de la Presidencia acorde con el guion diseñado a mediados de enero pasado para el 22 de abril, que tuvo que posponerse por la irrupción del coronavirus en la agenda.

Participó –como no podía ser de otra manera– más de la mitad del padrón, aunque para ganar no se requería un mínimo de asistencia ni los resultados de la votación tenían carácter vinculante, aprobada como estaba la reforma por todas las instancias de la élite gobernante (Duma, Consejo de la Federación, Parlamentos de las entidades federales, Corte Constitucional) y promulgada por el propio beneficiario mayor.

Para la Oficina de la Presidencia era fundamental –y se consiguió a toda costa– que acudiera a votar no menos de los que lo hicieron al adoptarse la anterior Constitución, esa sí elaborada en una Asamblea Constituyente y ratificada en un referendo con su estricto reglamento y resultados obligatorios.

En opinión de quienes la siguieron de cerca durante toda una semana esta votación, que el Kremlin presenta como plebiscito sin serlo, será recordada como la menos transparente de la historia postsoviética. La principal organización independiente de defensa de los derechos de los electores, Golos, documentó numerosas irregularidades.

Muchos se preguntan qué influyó más para poder sacar los resultados anunciados este miércoles. Hay quien opina que lo más probable es que haya sido una mezcla de factores: desde el uso del repertorio completo de recursos para “ajustar” los votos en favor, sin controles efectivos sobre todo en el interior de Rusia, hasta los sufragios que se lograron bajo amenaza de perder el empleo entre los millones de empleados públicos, trabajadores de los grandes consorcios del Estado, maestros, médicos, militares y policías, los cuales –a diferencia de sus jefes– ganan entre 10 y 20 veces menos.

Otros analistas dijeron, merece el papel que desempeñaron los jubilados y los necesitados que, en el contexto del deterioro de su nivel de vida por debajo del umbral de pobreza, agradecieron con sus votos que las autoridades hayan rifado, entre quienes acudieron a sufragar, vales de descuento para tiendas, restaurantes y bares, así como departamentos, automóviles, abrigos de piel y otros bienes fuera del alcance de su bolsillo.

En síntesis, considera Boris Vishnievsky, uno de los pocos diputados de oposición en el Parlamento de San Petersburgo, “Putin decidió cambiar la Constitución para que la gente no pueda cambiarlo a él”.

JSL
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