• Sheinbaum lo para en seco
  • “Respete asuntos internos”

Carlos Fernández-Vega

La “duda” que la presidenta Sheinbaum expresó el pasado lunes (“no creo que sea el presidente Trump quien ha encabezado esta ofensiva –contra México– en distintos temas”), ofendió a la Casa Blanca, y no por la interrogante en sí, sino por la falta de reconocimiento a su descarado injerencismo en los asuntos mexicanos. Por ello, de inmediato ordenó a su agente de la CIA, Ronald Johnson, que abriera su bocaza y provocara otro roce diplomático con las autoridades mexicanas.

Algunos pensarían que es mera casualidad la reacción de Washington y, por ende, de su agente de la CIA que despacha encubierto como embajador de Estados Unidos en nuestro país, pero no es así: el intervencionismo gringo, la presión diplomática a terceras naciones, robo de territorio, expoliación y, en síntesis, golpes de Estado y dictaduras a modo, han sido la constante (aquí, allá y acullá) desde que oficialmente se constituyó Estados Unidos, en 1776, con base en las 13 ex colonias fundacionales. En esos 250 años, sea por medio de meros representantes o de embajadores acreditados, ese es el caminito seguido.

Para el caso mexicano, en el pasado reciente no menos de cinco embajadores gringos tuvieron severos roces (algunos de plano se tuvieron que ir) con los gobiernos en turno, algunos más colaboracionistas que otros. Está el caso de John Gavin, con Miguel de la Madrid (por el asesinato del agente de la DEA Kiki Camarena); el halcón John Negroponte (declarado persona non grata por el Congreso mexicano), con Carlos Salinas de Gortari; Carlos Pascual (que fue “retirado” por la Casa Blanca), con Felipe Calderón; Ken Salazar, con Andrés Manuel López Obrador, y ahora Ronald Johnson, con la presidenta Claudia Sheinbaum.

Poco antes de concluir su mandato (agosto de 2024), el entonces presidente López Obrador denunció la “burda actitud, desafortunado e imprudente” intervencionismo de Ken Salazar (especialmente contra la iniciativa de reforma al Poder Judicial de la Federación), y la Secretaría de Relaciones Exteriores envió una nota diplomática en la que nuestro país manifestó “su profundo extrañamiento” por dichos señalamientos ante un tema interno y de plena soberanía nacional ( La Jornada, Emir Olivares).

Más tardó Ronald Johnson en instalarse en México que en abrir la boca en asuntos que no le corresponden, y ahora “convoca” al gobierno mexicano a que “la lucha contra el narcotráfico no debe politizarse”; es decir, exactamente lo contrario de lo que permanentemente hace la Casa Blanca, los departamentos de Estado y de Justicia, y el propio agente de la CIA, para presionar y chantajear. Todavía se animó a decir que “la lucha contra los cárteles debe unirnos, no dividirnos”.

La respuesta de la presidenta Sheinbaum fue muy clara: “es importante que los embajadores se queden en el tema de la colaboración y la coordinación; deben ser respetuosos de los asuntos internos de los países; nuestros embajadores no opinan sobre los asuntos políticos de las naciones sede, porque nuestra Constitución establece claramente la autodeterminación de los pueblos y el respeto, la no intervención. Entonces, hay que recordar también que es importante que el embajador se quede en el tema bilateral y que respete los asuntos internos de nuestro país, porque los asuntos de México le corresponden a las y a los mexicanos”.

Algo más: “hay que trabajar conjuntamente cuando tenemos problemas compartidos; uno de ellos es evidentemente la violencia que provoca la delincuencia organizada, y ahí –como siempre lo hemos dicho– buscamos la colaboración y la coordinación para avanzar conjuntamente, que ellos actúen en su territorio y nosotros actuemos en el nuestro”.

Lo anterior, por lo que toca al agente de la CIA disfrazado de embajador, y de sus títeres autóctonos, los prianistas, dijo: “llama la atención que reciclen figuras del pasado. O sea, ¿dónde están los jóvenes del PAN o del prian, los nuevos cuadros? Ahí está el nuevo cuadro político: Vicente Fox y Calderón; desfachatez, hipocresía y falta de liderazgos”. Y por ahí anda el enloquecido “Milei del Ajusco” (en abonos chiquitos), quien de plano no supera el tema fiscal.

Las rebanadas del pastel

Se llevan fuerte en la familia Epstein. Donald Trump le dijo ayer al genocida Benjamin Netanyahu: “estás chingadamente loco (you’re fucking crazy); estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el pellejo. Ahora todo el mundo te odia. Todo el mundo odia a Israel por esto”, durante una conversación telefónica plagada de improperios, informaron a Axios dos funcionarios estadunidenses y una tercera fuente documentada sobre la llamada ( La Jornada).

X: @cafevega

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