Juan Manuel Vázquez
Ciudad de México. Juan Medina le pega a la pelota por tradición y mística. En San Juan Ixtayopan, Tláhuac, su pueblo, el frontón es un asunto de identidad: si se nace ahí tarde o temprano golpearán la pelota contra la pared. Nieto, hijo, sobrino y primo de pelotaris, terminó en la cancha. Olimpiadas nacionales, copas del mundo en la modalidad de tres paredes y hoy número dos del ranking mundial de frontal, una disciplina joven del frontón.
Medina se desgarra entre mantenerse en el mejor nivel competitivo o marcharse a trabajar como jardinero a Estados Unidos, donde ha pasado temporadas para mantener a su familia. “La esencia del frontón son tres elementos: una pared, una pelota y una apuesta. Yo soy un jugador de alto rendimiento, tengo una beca de Conade, pero no es suficiente, completo mis gastos apostando por mí”, cuenta después de despachar al contrincante italiano durante el primer campeonato del mundo que se celebra en Tepito, barrio bravo y cuna de pelotaris.
Alguna vez intentaron amañar un partido para que perdiera, le ofrecieron 5 mil pesos por su derrota.
“Para mí esto tiene también un asunto de honor. Jugué limpio y gané. Me llevé 800 pesos de mi propia apuesta, pero no podía defraudar a mis papás, a mi pueblo, todos apostaban algo por mí, así me he ganado una reputación”.
Medina ha sido campeón y varias veces subcampeón en copas del mundo. Ha competido en el País Vasco, Francia, Estados Unidos, torneos que le han otorgado un respeto entre la comunidad internacional de pelotaris.
“Quiero ganar el sábado, seguir compitiendo, pero pienso en mi familia y entonces pienso qué tal vez debo irme a trabajar a Estados Unidos”.





