Bajo el título “Escudo Nacional. Flora, fauna y biodiversidad” encontramos en el Museo Nacional de Antropología (MNA), de forma temporal hasta el mes de mayo, una visión muy novedosa sobre nuestros símbolos patrios.

Se divide la exposición en ocho departamentos que pasan tanto por el Teocalli de la Guerra Sagrada (s. XIII) como por la última modificación del escudo oficial autorizada en 1968. Las piezas exhibidas son de carácter muy diverso: arqueológicas, documentales, numismáticas, artísticas…  Además se produce una interesante mezcolanza estética ya que conviven piezas muy antiguas con la clásica iconografía que rodea a las insignias nacionales.

El punto de partida es tan atractivo como sorprendente, puesto que integra una visión poco habitual en la investigación de temas heráldicos como es el de la biodiversidad. Nada raro si se tiene en cuenta que nuestro escudo esconde más seres vivos que ningún otro: el nopal, el águila, la serpiente, los caracoles, la rama de laurel y la de encino.

La exposición trata de recorrer la evolución cronológica de este símbolo bajo la mirada más clásica, la etnográfica y cultural, al tiempo que quiere brindar al visitante la oportunidad de saber más acerca de los seres vivos que aparecen en él. Se trata de identificarlos, hablar de su situación actual y de las medidas de protección que se están tomando en cada caso.

El estudio de la biodiversidad aparece plenamente justificado: se trata de fauna y flora que nos representan como nación, a fin de cuentas tenemos que haber sido invariablemente influidos por el entorno natural en el que hemos evolucionado todos estos siglos. No sólo somos legado cultural, también somos consecuencia de las especiales características de un territorio que es hábitat de muchas y valiosas especies.

Divulgar sobre este hábitat es una manera de extender el concepto de simbología nacional a todo aquello que nos representa y que no siempre aparece en los libros de historia.

Esta exposición, vista en el contexto del lugar donde exhibe, suma de manera muy inteligente un punto de vista poco habitual al catálogo de exposiciones del museo. Los contenidos del MNA, dada la definición arqueológica y etnográfica que tiene, están orientados a difundir nuestra riqueza y diversidad cultural en la época prehispánica. Así que resulta muy interesante ofrecer una visión del potencial natural de México al turista. Aunque sea empezando simplemente por los elementos que ha visto en banderas y souvenirs.

Atraído por sus exhibiciones más populares como la exposición permanente del juego de pelota, uno de los más conocidos en la historia de nuestro país, las esculturas olmecas, la piedra del sol o la reproducción del esqueleto de “Lucy”, el viajero incluye en su ruta por México el MNA por sus activos culturales: no en vano hablamos de uno de los museos más relevantes de México y quizá también del resto de América Latina.

Resulta por tanto una oportunidad única el poder mostrar aunque sea una pequeña parte de la riqueza de la biodiversidad mexicana al turista y fomentar así el desarrollo del sector turístico orientado a la naturaleza.

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