Texcoco. La cadena ideológica de Paz y Baile de La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio llegó a este municipio el pasado domingo, en el penúltimo día del Festival Cultural Texcoco 2016, en un concierto masivo y gratuito realizado en el Deportivo Silverio Pérez, que concitó a alrededor de 20 mil entusiastas súbditos del rock-reggae-ska-mambo-chachachá.
Rodeados de niebla y por momentos de una lluvia pertinaz, que en nada menguaron los ánimos, los inquilinos pachucos mezclaron sus ya tradicionales mensajes de rebelión y conciencia contra el Estado corrupto, asesino e impune, con valores culturales del lugar, que se remontan a la época prehispánica.
De hecho, el festival lleva el nombre de Nezahualcóyotl, jerarca que en la historia representa autoridad, nobleza, poesía y valor.
Miles de jóvenes provenientes de colonias de la Ciudad de México y del Edomex llegaron hasta este sitio para darse al eslam, a los círculos de amor, a los brincos y los coros, con canciones como Solín, Don Palabras y Un poco de sangre.
Roco Pachucote, voz de los malditos, pidió a unos chavos que hicieran subir una manta impresa con la frase “¡Fue el Estado!”, que le permitió subrayar su propaganda y agitación políticas.
Roco se dirigió al público: “Estamos aquí, en Texoco, que tiene su tradición tan viva; aquí se vivió el silencio de la larga noche de 500 años y se negaba el conocimiento indígena. Lo guardaron hasta ahora, para que todos nosotros lo podamos escuchar. Estamos aquí, en esta tierra mileneria, de la toltequidad. Estamos aquí para decir que nos manifestamos contra toda la violencia.” La gritería fue la respuesta. Era el orgullo por ser descendiente de los aztecas, de los texcocanos, de saber tocar las chirimías, de honrar a los antepasados y a los viejos.
Algunos ya han subido al Monte Tláloc, donde un equipo de arqueólogos y mucha mano de obra reconstruyeron algo del templo donde se rendía culto al dios del agua, deidad de las aguas celestes. Se dice en Texcoco que cuando aquí llueve es porque Tláloc está de buenas. El monolito instalado en el Museo de Antropología es la dedidad femenina, no es Tláloc, sino que se trata de la deidad de las aguas terrestres, que en tiempos prehispánicos, se narra, estaban unidos por las aguas de un río. Se unía el agua del cielo y de la tierra.
Aldo, Sax, Pato y Roco tocaron en ese entorno Kumbala y el escenario se tiñó de rojo, porque así son las noches, las cosas del amor, afirma la letra congalera. Morenaza y El cocodrilo revivieron la imagen del Pachuco de Oro, Germán Valdés Tin Tan, guía espiritual de los malditos que han hecho del trompudo amigo de Vitola una manera de reafirmar el yo, la identidad, el ser, pluma en el sombrero, ingenio en el lenguaje.
Roco: “Nos da gusto verlos aquí a pesar del bombardeo brutal de los medios de comunicación (había partidos de futbol), que buscan distraerlos de lo que realmente está sucediendo en México. Me da gusto ver que los corazones sigan vivos, porque sabemos que pequeños detalles pueden cambiar las cosas.”
“¡Fue el Estado!”, se leyó, frase que fue ambientada con Lamento, donde el llanto es una onomatopeya infinita, tan larga como la oscuridad de los desaparecidos de Ayotzinapa.
En los camerinos, Aldo comentó: “Para mí es muy importante y me toca de muchas maneras tocar aquí, en Texcoco, porque tengo una relación entrañable. Tengo amigos en Atenco, en Chapingo y hemos venido varias ocasiones. Extrañamos a Lalo Tex, que era y es parte de la riqueza de la zona. Coyunturalmente este momento es muy importante y era y es básico venir a apoyar no sólo la fiesta, sino el proceso de cambio en Texcoco.
“Que nos sigan los chavitos aquí o en Europa no sólo es por nosotros, sino por los papás, que han prohijado ese seguimiento. El cotorreo es mejor en vivo. Este concierto fue gratuito y eso es positivo. porque tiene que ver con cultura. No hay que excluir, sino compartir.”
Roco: “Me sorprende que sigan usándose los nombres prehispánicos, como los de aquí, que se siga bebiendo pulque, escuchando a los músicos de la montaña. Texcoco está muy cerca de la Ciudad de México y al mismo es tan distinto. Su historia ancestral sigue viva. Quisiera saber, la verdad, cómo era la música de aquí. Hay que imaginar las flores, los cantos, las danzas. La esencia ha ido cambiando con el mestizaje, pero el México profundo sigue vivo. Cuando menos lo esperamos resurge No como añoranza, sino como actualidad. Se trata de vivir en paz y en armonía con la naturaleza.”
Sax: “Nuestro rol es de más de 30 años y las generaciones se conectan con nuestra música. Queremos otro México, otra forma de vida, con otros canales de comunicación. Nuestro concepto de banda es el de ser punto de reunión, para que se dé una catarsis. Donde vamos a trabajar nos enteramos de problemas sociales que a la gente no le corresponde arreglarlos. Llegas a casa con la idea de que has aprendido algo nuevo. Todos coincidimos: las cosas están mal, pero el que está mal es el gobierno. A la gente no le toca sacrificarse más, sino hacer algo por ella misma. Tampoco es tiempo de levantarse en armas. Hay experiencias que aleccionan, como lo que ocurre hoy en Cherán, Michoacán, donde han optado por la autonomía, o lo de los Caracoles, en Chiapas. Sí hay esperanza.”





