Iván Restrepo

Como mencioné en mi artículo del lunes pasado, no se cumplieron durante el sexenio del presidente Luis Echeverría las promesas de evitar el acaparamiento del agua en el distrito de riego 03 de Hidalgo y una mayor contaminación de la presa Endhó. Además, de acabar con la pobreza en el Valle del Mezquital. Desde entonces, el 03 es el más grande del mundo irrigado con aguas residuales y de lluvia que provienen de la Ciudad de México y su área metropolitana.

Contaba con 52 mil hectáreas en las que se sembraban primordialmente hortalizas que se vendían en la Ciudad de México, con posibles afectaciones a la salud de los consumidores que las comían crudas. Otro dato: esas aguas han causado la degradación física y química de los suelos por abundancia de metales pesados, al grado de convertirse en un peligro ecológico y sanitario. 

Sólo hasta 1992 y 1996 se establecieron estrictas normas sanitarias que restringieron la siembra de hortalizas, remplazada por la de forrajes (alfalfa y avena) y maíz. Pero al problema ecológico y sanitario se sumaron los de obras inconclusas y la falta de mantenimiento de la infraestructura de riego. Y esta década, la falta de agua por la sequía en el estado de Hidalgo. 

En este sexenio se iniciaron trabajos para modernizar los sistemas de riego en el distrito 03 y en otros dos pequeños: Alfajayucan y Ajacuba, también irrigadas con aguas negras provenientes de la presa Endhó, y en menor cantidad de la Requena y la Taxhimay. Se alimentan vía el drenaje profundo del cual hacen parte el emisor central y el túnel emisor oriente. 

Las protestas campesinas han sido numerosas por el incumplimiento del programa de modernización establecido en el Plan Hídrico Nacional en Hidalgo, a cargo de empresas privadas desde hace un año. 

Ello ha repercutido en pérdidas económicas millonarias para más de 37 mil campesinos de la región al dejar de sembrar unas 50 mil hectáreas. Pero a cambio existe el compromiso de establecer sistemas de riego más eficientes y prácticas agrícolas seguras, limpias y tecnificadas en beneficio de las comunidades rurales. Mientras se realizan dichas obras, se prometieron apoyos a los campesinos afectados. 

Más complicado resulta sanear la presa Endhó. En La Jornada Ecológica de marzo pasado, la Fundación Apaztle, colectivos y sistemas comunitarios de agua, cuyos integrantes estudian los efectos adversos sobre el medio ambiente y la salud pública en el estado de Hidalgo, señalan cómo el efecto de las aguas residuales es terrible. En el Valle del Mezquital se vierten cada año 326 millones de metros cúbicos. Proceden de la Ciudad de México y su área metropolitana y se utilizan para irrigar 90 mil hectáreas. 

Pero ese líquido contiene metales pesados e hidrocarburos asociados a cáncer, insuficiencia renal crónica, abortos y daños neurológicos. La fundación señala cómo diversos análisis realizados han detectado niveles elevados de mercurio, cadmio, plomo, patógenos, contaminantes emergentes y microplásticos. Impactan gravemente a los miles de pobladores que viven cerca de la citada presa en la región del Valle del Mezquital. 

Es una de las zonas más contaminadas del país. Se le denomina “región de sacrificio” e “infierno ambiental”. Por su parte, la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación la califica como “región de emergencia sanitaria y ambiental”. A los aportes de las aguas negras de la capital del país y su área conurbada se suma la contaminación de las numerosas industrias que existen en la región y que no tratan sus aguas residuales, la minería no metálica a cielo abierto, agroquímicos, transgénicos y residuos sólidos. 

Terminar con esa grave contaminación que afecta la salud de miles de personas y al medio ambiente en el Valle del Mezquital es simple: que las instancias oficiales hagan cumplir las normas que obligan a los asentamientos humanos a tratar sus aguas residuales. Y en igual sentido la industria, para la que hay normas muy estrictas. 

Y en paralelo, captar el agua de las cada vez más abundantes lluvias a fin de recargar el acuífero. Lleva décadas sobrexplotado al extremo con efectos adversos en la infraestructura urbana. De lo contrario, Endhó seguirá como la cloaca más grande de América.

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