La Redacción
La economía argentina registró durante julio una severa contracción que superó las proyecciones más conservadoras del mercado. Según un reciente informe del banco de inversión JP Morgan, firmado por los economistas Diego W. Pereira y Lucila Barbeito, el indicador de actividad cayó un 2.9 por ciento desestacionalizado en comparación con el mes anterior y sufrió un retroceso interanual del 1.4 por ciento.
Este resultado fue significativamente peor a lo estimado por la entidad, que preveía una baja mensual de solo un 1 por ciento, en el contexto de la gestión encabezada por Javier Milei, autonombrado “experto en crecimiento con y sin dinero”.
El reporte advierte que se trata del peor desempeño mensual de la economía desde abril de 2020, periodo caracterizado por el punto más estricto del confinamiento decretado por la pandemia de coronavirus. De este modo, la caída observada en julio enciende las alarmas sobre la solidez de la actividad económica y la profundización de los indicadores de pobreza en el país.
Asimismo, el análisis histórico del banco resalta la gravedad del retroceso al ponerlo en perspectiva con las últimas dos décadas. Salvo por episodios extraordinarios como la crisis sanitaria de 2020, el colapso financiero global de finales de 2008 y la recesión de 2018-2019, la actividad económica no sufría una contracción mensual de esta magnitud desde el año 2004.
A raíz de este desplome en la actividad, JP Morgan recortó de forma drástica su estimación de crecimiento para el Producto Bruto Interno (PBI) argentino de 2026, reduciéndola del 2.7 por ciento al 1.5 por ciento y advirtiendo sobre el riesgo de una recesión técnica en el tercer trimestre. La entidad financiera explicó que los indicadores de consumo y mercado laboral continúan condicionados por la pérdida de poder adquisitivo acumulada y un estancamiento en el empleo urbano, un panorama socioeconómico que se refleja en un ligero incremento de los niveles de pobreza según el propio reporte.
Los analistas de la firma destacaron una marcada heterogeneidad sectorial: mientras actividades extractivas como la minería y el sector energético mantienen cierto dinamismo exportador, estas no logran generar un derrame suficiente sobre la economía real o el comercio minorista.







