Carlos Paul
Ciudad de México. La historia no es lineal o predecible, se debe desechar la idea determinista de la historia, no se puede determinar su curso, se debe revalorar el papel del sujeto en la construcción de la historia y ante la teoría, en ésta no puede preceder la interpretación a la investigación; son algunas de las ideas sobre las que se reflexionó en la presentación del libro El nacimiento de la antropología. Positivismo y evolucionismo, del politólogo Héctor Díaz-Polanco, la cual se realizó la noche del lunes en la Casa Lamm.
Editado por Grupo Editor Orfila Valentini, se trata de un libro en el que se amalgama teoría e historia. “Se parte de que los fenómenos sociopolíticos y económicos constituyen los vectores que hacen comprensible la conformación de los sistemas teóricos. Asimismo se explora el vínculo entre pensamiento social y condiciones históricas en periodos clave como: la restauración de 1815, las revoluciones de 1848, la Revolución industrial, la gran depresión de 1815 y la fase imperialista”.
Se estudia también “a los autores que formularon los momentos estelares de cada una de las posiciones incluidas, a saber: Claude-Henri de Saint-Simon, Auguste Comte, Johann Jakob Bachofen, Lewis Henry Morgan y, para culminar la crítica de la filosofía histórica de Karl Marx”.
Comentado por Paco Ignacio Taibo II y Armando Bartra, durante la presentación del libro, Díaz-Polanco explicó que el objetivo es “mostrar que algunas ideas y planteamientos de la izquierda provocan ciertos problemas, respecto de la visión de la sociedad y la historia”.
El siglo XIX es importante por muchas razones, explicó el investigador, “en ese siglo surge el Estado-Nación y nacen lo que hoy conocemos como ciencias sociales. Antes no existían como tales. Por ello, los autores que se analizan en el libro son considerados padres de las ciencias sociales”.
En ese siglo, abundó, “hay una gran bifurcación del pensamiento social, uno que da origen a una línea que conduce al pensamiento burgués y otro es la aparición de un pensamiento que se convierte con el tiempo, y debido a un par de revoluciones, en un pensamiento muy importante para la humanidad”.
En ese contexto, “lo que estoy planteando en el libro es que esos dos pensamientos surgen en un momento, o mejor dicho, en una atmósfera que hace que ambos estén contaminados irremediablemente. Es una atmósfera, en el siglo XIX, que constituyó lo que conocemos como concepción evolucionista del mundo, la cual aparece en todos esos pensadores”.
Lo que trata de demostrar en el libro, destacó, “es que ni el propio Marx logró desprenderse de esa línea de pensamiento, sino hasta la etapa final y dramática de su vida”, cuando escribió una serie de manuscritos en respuesta a un cuestionamiento que le hizo Vera Zasúlich, quien más o menos le dice a Marx: “su libro que acaba de ser publicado (Tomo I de El Capital), ha sido leído por todos los revolucionarios de Rusia y como usted en el libro está planteando una sucesión histórica que conduce de una etapa social a otra, resulta que nosotros tenemos una cosa que llamamos comunas rusas, por tanto, la pregunta es muy sencilla, ¿tenemos que pasar primero por la disolución de la comuna para llegar al capitalismo y luego al socialismo o podremos saltarnos esa etapa?”.
Marx dedica entonces mucho tiempo a dar respuesta a ese cuestionamiento. “Escribe cuatro manuscritos, tratando de darle la cuadratura a ese círculo, hasta finalmente lograr una síntesis al respecto, en la que se refiere que no se puede predeterminar el curso de la historia. Para construir el conocimiento se requiere no poner por delante la interpretación a la investigación, sino que se necesita poner por delante a la investigación histórica, para luego pasar a la interpretación”.
Lo que se trata entonces de poner de manifiesto en el libro, “es que el viejo Marx, luchando con todo lo anterior que había planteado en su vida, y luego de revisarlo, escribe cuatro manuscritos, que no fueron conocidos en su momento. En ellos, el centro de su pensamiento, en ese momento, es que no hay precondiciones, ni un determinismo de la historia”.





