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El jefe de la junta birmana, Min Aung Hlaing, fue nombrado presidente este viernes, tras un proceso electoral cuestionado a nivel internacional, que le permite prolongar su control del país bajo una fachada civil.
El resultado de la votación en un parlamento ampliamente favorable a su causa no dejaba lugar a dudas: Min Aung Hlaing obtuvo 429 de los 584 votos emitidos y podrá seguir dirigiendo la nación del sureste asiático.
El general, de 69 años, derrocó en un golpe de Estado en 2021 al gobierno electo de la nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, detenida desde entonces. La maniobra sumió al país en una guerra civil.
Antes de ese golpe, Min Aung Hlaing ya era una figura controvertida a nivel internacional por su papel en la represión contra la minoría rohinyá en 2017, que le valió sanciones y denuncias por crímenes contra la humanidad.
Tras cinco años de régimen autoritario, la junta organizó elecciones legislativas a inicios de 2026, presentadas como un retorno a la democracia.
La votación no pudo celebrarse en amplias zonas controladas por grupos rebeldes y terminó con una victoria aplastante, sin oposición, de los partidos promilitares.
El proceso fue denunciado por numerosos países y observadores internacionales como una maniobra destinada a asegurar un traspaso de poder del ejército al propio ejército, bajo una fachada civil.
Min Aung Hlaing “carece de legitimidad, pero busca desesperadamente aparentar que la tiene”, estimó el lunes el analista Naing Min Khant, cuando ya no quedaban dudas sobre las ambiciones presidenciales del general.
El lunes, Min Aung Hlaing nombró como su sustituto en el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas a uno de sus leales, Ye Win Oo, ex jefe de inteligencia militar, considerado durante años como “sus ojos y oídos” dentro del aparato militar.
Desde la independencia en 1948, el ejército ha dominado la vida política de Myanmar, presentándose como la única garantía de estabilidad y prosperidad.
Los generales relajaron su control durante la década de interludio democrático entre 2011 y 2021, un periodo que impulsó una ola de reformas y alimentó el optimismo gracias a la enorme popularidad de Aung San Suu Kyi. Pero los militares retomaron el poder alegando un fraude electoral nunca demostrado.
En enero, el experto de Naciones Unidas Tom Andrews consideró que las elecciones legislativas eran un intento de “fabricar una legitimidad de fachada, mientras la violencia y la represión continuaban sin tregua”.
El país vive desgarrado por una guerra civil desde el golpe de Estado de 2021, con militantes prodemocracia que han tomado las armas contra la junta, junto a movimientos armados de minorías étnicas históricamente enfrentadas al poder central.
Según el grupo de monitoreo ACLED, más de 90 mil personas han muerto desde el inicio del conflicto, aunque no hay un balance oficial .
Naciones Unidas calcula que más de 3.7 millones de personas han sido desplazadas por la guerra y que casi la mitad de los 50 millones de habitantes de Myanmar vive por debajo del umbral de pobreza.





