Luis Ricardo Guerrero Romero
Eso era una costumbre, o mejor dicho una forma de vida. Por la mañana una vez, por la tarde nuevamente, pero más en la noche, y más en la madrugada, quizás unas 5 o más ocasiones, allí estaba conmigo. Unos días como algo que podía dominar, y en otras el auriga de la vida. Vi, de hecho, a muchas personas sucumbir ante él, llámale: dinero, poder, sexo, alcohol, egoísmo, autoridad, comida o descanso, sin embargo, algo los caracterizaba, era y es y será el ocio. El ocio que es la madre de todo vicio, el ocio que es el padrino de toda clase de arte según dicta el mezquino corazón del humano capitalista. Hubo quienes se opusieron ante tal tarea y hubo quienes me respaldaron, nada me importó, sólo me interesaba lo que decía el vicio, ese escalón al inverso que tiene la vida humana para hacernos y eventualmente deshacernos.
Un hombre (especie, o sea, mujer y varón) sin vicios es una dinamita, un sujeto de mecha corta, un alquitrán en espera de su denótate. “Cuídate del hombre que no tiene vicios” dictó el presocrático. ¿Hasta dónde y hasta cuándo está permitido el vicio?, ¿cuánto dormir, cuánto embriagarse, cuánto coger y cuanto drogarse, cuánto poseer y cuánta misantropía y cuánta infidelidad? ¡Cuánto!, quién sabe el cuánto. Hoy declaro inaugurada la posología del vicio que tanto le hace falta al corazón humano. ¡Benditos sean los animales, porque de ellos será el Reino del hombre!
En diversas oportunidades hemos tenido a bien enterarnos sobre la posología de algún medicamento, no obstante, hay que discernir sobre el asunto anterior: la posología del vicio. Debido a que, no pretendo caer en disociaciones fútiles dejo al criterio del lector su propia posología ante el vicio que se encuentra hoy. Lo que sí esgrimimos es la evolución de la voz que nos ocupa, que dicho sea de paso es un neologismo heredado por la lengua griega desde el adverbio ποσος (posos), ¿cuán grande?, ¿de qué magnitud?, ¿a qué distancia?; y logos, estudio, o sea: poso-logía. (Probablemente de allí venga el sustantivo pozo por su profundidad). Aunque, habremos de destacar que, la posología es la rama de la medicina que se ocupa en describir la dosis, es decir, la cantidad que se debe administrar del medicamento al paciente.
Sin lugar a duda, todos somos pacientes de la muerte, la única médico que redactará la receta final. Desde luego, la posología del vicio hoy inaugurada debe ser recetada por la conciencia, aunque el panpsiquismo nos oriente, no todo es el Oriente, también hay otros puntos cardinales que, por obvias razones, son sólo razones del corazón, parafraseando a Pascal.
La posología del vicio es el vicio de las cantidades, de todo accidente de la sustancia, de toda persona que intenta medirse. En el libro de Daniel nos dicen un antecedente de la posología: contado, pesado, dividido. Una posología antiquísima, que únicamente sabrá contar, pesar y discernir nuestra conciencia. La posología, esa palabra que no dices pero que a cada minuto efectúas.





