Víctor Flores Olea
Ciudad de México. Desde el inicio de la administración Trump se han multiplicado las preguntas acerca de quienes pudieron votar por tal espécimen tan alejado de las tradiciones democráticas de Estados Unidos, y no sólo alejado de esas tradiciones que componen la estructura esencial del régimen político y social de ese país, sino que significan sus directos contrarios, dando lugar a un pensamiento, si así puede llamarse, profundamente antidemocrático y reaccionario, con elementos de racismo y de sexismo de la peor especie, con muestras también de nazismo y de Ku-Klux-Klan que representó bien Trump en su batalla electoral, y que ahora azora al mundo, en la medida en que se trata del ejecutivo de la principal potencia mundial, pero que además traicionan miserablemente los principios democráticos que muchos pensaban era la parte más recia y confiable del régimen estadunidense.
Por supuesto que en infinidad de casos anteriores (desde luego políticos y económicos, con clara incidencia militar), se habían puesto en evidencia en Estados Unidos de manera inaceptable tales contradicciones, no en nombre de alguna ideología remota e importada, sino directamente en nombre de los derechos humanos y de la democracia postulada por los propios “padres fundadores”. El fenómeno no es nuevo, sino que la originalidad consiste en que ahora ha surgido como parte sustantiva de la política y de la economía estadunidense, y esto de manera no casual, como ocurrió en el caso de los Bush presidentes, padre e hijo, sino que parecen formar parte sustantiva del sistema sociopolítico estadunidense, sin atenuantes, al ganar una elección y sostenerla ya por más de seis meses en la Presidencia de la República (por encima de los partidarios y creyentes en un juicio político a Trump, que resulta extraordinariamente complicado). Y aun cuando resulte clara la disminución palmaria de muchos de sus partidarios originales.
Por ejemplo, el sociólogo y analista Anthony DiMaggio reporta, en un cuidadoso estudio, la riqueza y medio político y social de los votantes por Donald Trump. Se trataría en su mayoría de republicanos con claras agendas elitistas, pro corporaciones y agendas sociales reaccionarias; se trata además, sin duda, de un rico y privilegiado segmento de la sociedad estadunidense en términos de ingresos (aun cuando muchos de ellos se sientan “inseguros” después del colapso económico de 2008). El mismo analista nos dice que el “ingreso” medio de esta población se ha desplomado desde entonces en alrededor de 10 por ciento Todo esto, además de los argumentos de la “supremacía blanca”, es decir, del racismo y sexismo, profundamente enraizados en la sociedad de ese país.
Por supuesto, también ha tenido influencia en el fenómeno la llamada interferencia rusa en las elecciones estadunidenses. Aparte de que esta hipótesis ha estado muy lejos de demostrarse, resulta absolutamente contradictorio, y fuera de toda lógica,que uno de los países más intervencionistas del mundo, ahora se queje de una improbable intervención rusa. Pero así son las cosas: el mundo marcha al revés y los castigadores asumen el papel de castigados.
No olvidemos tampoco los dos problemas fundamentales que Trump ha puesto en el escenario: la posibilidad de la guerra nuclear y el cambio climático. Sobre la segunda, en el aspecto racional y científico ha sido archidemostrado que la tierra vive al borde del abismo (es decir, de fenómenos que la llevarían a la destrucción total), y que es una necesidad perentoria que las naciones y los hombre y las mujeres de esas naciones tomen medidas efectivas y al muy corto plazo para intentar evitar la catástrofe. Sólo desde la ignorancia más supina (Trump) podría negarse lo anterior.
En cuanto a la segunda cuestión, Noam Chomsky nos dice “que los líderes republicanos, desde su espléndido aislamiento del mundo, están dedicados prácticamente a tiempo completo a destruir las oportunidades que tenemos de una sobrevivencia decente”. Además, continúa el analista y filósofo, las acciones militares de Trump cerca del borde ruso (en Syria) están a punto de provocar reacciones que nadie querría; en tanto, que su manejo diplomático con Corea al Norte no ha sido siempre el más adecuado…. Las amenazas a Venezuela de intervención militar completarían este horrendo cuadro que encontramos en la Casa Blanca. No hay duda, por lo demás, que el espectacular aumento del presupuesto militar en Estados Unidos es ya aplicado a hacer crecer grandemente su arsenal e incorporar las innovaciones tecnológicas que debieran estar presentes en una guerra del siglo XXI. La conclusión es escalofriante.
Otra de las situaciones muy graves en Estados Unidos es el hecho que de esta modernización de armamentos hace decir a William Peerry, el especialista en la materia, que hoy “el peligro de una guerra nuclear es mayor que bajo la guerra fría, pero que una mayoría de gente es inconsciente de este peligro”.
Por lo demás, no hay que olvidar que la mayoría de la base obrera de apoyo a Trump viene de ese sector industrial, semi devastado, y que ha sido olvidado y puesto al margen por los dos partidos principales durante décadas, con frecuencia en las áreas rurales en dónde habrían fracasado las industrias y también los trabajos estables y seguros. Antes esta gente votó muy probablemente por Obama, pensando que se cumpliría su mensaje de esperanza y cambio, pero habiendo fracasado esas promesas, su desilusión se convirtió en desesperación y en odio, por así decirlo, contra sus enemigos de clase, llegando a la conclusión de que el nuevo líder les traería algo de lo prometido.
En todo caso es seguro que muy buena parte de la base social de Trump esté conformada por individuos que no obtienen menos de 100 mil dólares al mes. Es decir, por quienes están en lo alto de la pirámide social desde el punto de vista económico y educativo.
Hay, pues, un apoyo a Donald Trump de las clases o sectores más privilegiados en Estados Unidos, varios de los cuales se desilusionaron fuertemente por las promesas no cumplidas de Barack Obama, además de los contingentes muy fuertes cercanos a las organizaciones racistas. al nazismo y a las soluciones de la extrema derecha, que ahora salen a las calles a exigir sus metas, sus sentimientos e ideología. ¿Hasta cuando?





