María Elena Yrízar Arias

Con motivo de la visita del Papa Francisco a tierras mexicanas, hemos escuchado muchas palabras de un alto contenido realista. El sábado pasado, en el patio central de Palacio Nacional, ante la presencia de toda la clase política nacional, el gabinete de gobierno,  presidentes de partidos, líderes de las cámaras, presidente de la Corte, todos los diputados y senadores, gobernadores, sus esposas, entre otros, dijo: “cuando buscamos el beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, damos pie a la ‪corrupción, el ‪‎narcotráfico y la ‪‎violencia”. Allí mismo, el pontífice hizo un valiente llamado a la clase política a ofrecer al pueblo “justicia real, seguridad efectiva y paz.”

Ese mismo sábado tuvo un encuentro en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, donde estuvieron los obispos de todas las diócesis que hay en el país y a quienes el Papa los exhortó, diciéndoles: “no tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa”. También les indicó que “no deben perder tiempo y energía en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas” o en los “vanos proyectos de carrera”. “Si tienen que pelearse, peléense. Si tienen que decirse cosas, díganlas. Pero como hombres, en la cara”, les dijo a los religiosos.

Lo  anterior, desde luego que fue difundido por los medios de comunicaron. Papa Francisco ha dado una clara señal de coherencia evangélica al manifestar su posición frente a problemas que vive la Iglesia mexicana.

A grandes rasgos me refiero a estos aspectos de la visita papal porque deberán tener eco sus palabras en los potosinos. Primeramente, porque en la reunión del sábado pasado en México, estuvo nuestro gobernador Juan Manuel Carreras, y él escuchó de viva voz este señalamiento que hizo el Papa y como estado más corrupto de la nación, posiblemente le haya preocupado el dato.

Pero lo que sí me parece preocupante, es que el vocero de la Arquidiócesis no haya entendido muy bien el mensaje que dio el Papa a la Iglesia, pues hemos quedado boquiabiertos con la declaración que hizo ayer, a propósito de una iniciativa ciudadana que presentó Jordi Vilet Ocaña, para derogar el artículo 128 del Código Penal Estatal, que permite a las mujeres abortar en caso de violación, se cambie la ley y se obligue a la mujer a tener su hijo.

Cuando fue entrevistado Priego Rivera sobre este tema expresó que pide la Iglesia a mujeres hacerse un “lavado” para evitar embarazo después de una violación. Puntualizó que para la Iglesia Católica la vida es un derecho desde la misma fecundación, por tanto una vez que se ha fecundado un óvulo la mujer no tiene derecho de deshacerse de él, incluso si hay una violación. Señaló que las mujeres violadas pueden recurrir a “otras alternativas” para evitar que se dé un embarazo después de una violación, como “los lavados” para deshacerse de residuos producto del acto sexual. “Creemos que después de una violación, sin que haya habido todavía una fecundación, puede haber un mecanismo para que la mujer no quede embarazada, hay unas horas en que se produce esa fecundación, yo sé que puede ser traumático que después de una violación tengas que hacer eso, pero puede suceder, puede darse el caso, existen los lavados, existen mecanismos alternos”, dijo el padre Priego Rivera.

He leído y releído sus declaraciones y no entiendo qué dicen. ¿Si la Iglesia defiende la concepción, entonces, para que quiere que las violadas se hagan un lavado, que me supongo que es intrauterino y supongo que es para que no haya concepción? Entonces, para qué señala que las violadas pueden recurrir a otros mecanismos para no quedar embarazadas. Pues de qué se trata. Qué no comprendieron el exhorto del Papa a que no deben perder tiempo y energía en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas.

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