Israel López Monsivais

En el proceso electoral 2018 posiblemente veamos en las boletas a María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, vocera y candidata independiente a la Presidencia de la República. El Consejo Indígena de Gobierno asegura que la lucha es por la vida y para seguir existiendo. La candidatura es respaldada por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que sigue los principios: “Para todos todo, nada para nosotros”, “Mandar obedeciendo” y “Un mundo donde quepan muchos mundos”.

En el libro Autonomía es vida: A 20 años de la rebelión zapatista, publicado por la Universidad Autónoma Metropolitana, los autores explican que el zapatismo (1994) fue el inicio del ciclo presente de protestas, primer movimiento contra el neoliberalismo globalizador. El neozapatismo es antisistémico y anticapitalista. Resumido por ellos: “abajo y a la izquierda”.

Desde luego que una de las principales contribuciones del zapatismo es el poder obediencial. Sus dirigentes, los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno mandan obedeciendo. Los zapatistas critican a la política tradicionalista de la obediencia. Proponen otra política, otro gobierno donde se proteja a la Madre Tierra. Regidos por los fundamentos: mandar obedeciendo, servir y no servirse, proponer y no imponer, representar y no suplantar, construir y no destruir, convencer y no vencer, bajar y no subir.

En esta entrega nos detendremos un poco en el concepto de poder obediencial de Enrique Dussel, exiliado político de Argentina desde 1975, hoy ciudadano mexicano, profesor del departamento de filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana, percusor del movimiento Filosofía de la Liberación y autor de la obra 20 Tesis de política (en la pagina web del filosofo se puede acceder gratuitamente a sus publicaciones: http://enriquedussel.com/Libros_ED.html).

En concreto en su tesis 4, El poder obediencial, Dussel comienza diferenciando la política como “profesión” o “vocación”. Explica: “en el comienzo del siglo XXI los políticos han construido grupos elitistas que se han ido corrompiendo”. Este es el caso de los integrantes del Poder Legislativo de SLP, son individuos que se caracterizan por utilizar la política como un instrumento para servirse personalmente.

Continuando con las aportaciones de la tesis en mención se indica que con estos comportamientos es imposible motivar a la juventud a emprender el oficio del político con las virtudes de antaño. Los legisladores potosinos no se han percatado del daño institucional que realizan con sus actos, no son un ejemplo positivo para las nuevas generaciones. Entre el neoliberalismo y la corrupción los jóvenes están despolitizados e inmovilizados.

Los nuevos cuadros de los partidos políticos en una sociedad de mercado escogen en su mayoría la profesión del político para enriquecerse. El mismo Dussel los compara con Fausto, ya que aceptan la propuesta de vender su alma al demonio. En efecto, la política pierde la vocación y los partidos son meras máquinas electorales.

En cierto sentido el escritor de la Filosofía de la liberación propone reinventar políticamente a las juventudes. Que observan la historia de Espartaco, Juana de Arco, Simón Bolívar, Ernesto Guevara, Fidel Castro o Evo Morales, por mencionar algunos políticos trascendentales. Los jóvenes políticos potosinos deben ser servidores con responsabilidades éticas con sus comunidades y los pueblos originarios de la entidad.

En cuanto al poder obediencial: “es la “vocación” que significa “ser-llamado” a cumplir objetivos. El que “llama” es la comunidad, el pueblo”. Mientras “el llamado es el que se siente “convocado” a ocupar la responsabilidad de servicio”. A los integrantes de la 61 legislatura de SLP se les olvida que fueron convocados para servirle a los potosinos, no a sus intereses o a las elites políticas.

Basándose en el poder como obediencia: “es elegido para ejercer delegadamente el poder de la comunidad; debe hacerlo en función de las exigencias, reivindicaciones y necesidades”. En definitiva, los parlamentarios potosinos en la crisis institucional que están sumergidos pueden aplicar el poder obedeciendo el mandato ciudadano.

El profesor de filosofía recuerda que en Chiapas: “los que mandan deben mandar obedeciendo”. Exactamente los funcionarios (diputados federales, diputados locales, senadores, presidentes municipales, etcétera) ejercen el poder delegado por los ciudadanos a los cuales deben obedecer. Habría que decir también que los políticos potosinos deben actuar en pro de las mayorías escuchando sus demandas y reclamos. Por ejemplo, la exigencia a la licencia del diputado local Manuel Barrera Guillén, miembro de la ecuación corruptora.

Concluye la tesis con la premisa de que los políticos están obligados a oír al que se tiene delante: “obediencia, es la posición subjetiva primera que debe poseer el representante, el gobernante”. De lo anterior Platón escribió en la Republica, que la función de mandar se deposita a los guardianes, quienes conocen cuál es el bien de la ciudad y que el mando nunca se ejerce sobre la mera fuerza.

Por distintas coyunturas llegaron los representantes de la asamblea local. Durante meses han demostrado que sus intereses son particulares –económicos o políticos–. No poseen las virtudes para velar por las demandas ciudadanas. Es vergonzoso que en las sesiones del Congreso local los asientos sean ocupados por elementos de seguridad, no se debe legislar intimidando a los manifestantes.

La semana pasada distintas organizaciones y ciudadanos presionaron en sesión de comisiones unidas para la eliminación del fuero para los tres poderes sin distinción. De lo que llevo dicho este es el mejor ejemplo de legislar obedeciendo el dictado ciudadano. Si el Poder Legislativo de SLP tiene la voluntad política de dignificar su labor parlamentaria les aconsejo ejercer el poder obediencial.

Twitter: @francotiradort1

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