Samuel Estrada
Como sacada de una película de Federico Fellini fue la situación que se vivió la tarde de este Miércoles Santo en las inmediaciones de la plaza de los Fundadores. A pesar de que desde el martes de esta semana se endurecieron las medidas para con los comerciantes ambulantes y prácticamente se les cerró el acceso al Centro Histórico de la capital potosina, un vendedor de nieves junto con su carrito logró colarse casi llegando al último filtro antes de la plaza de Armas.
Y aunque durante unos minutos estuvo vendiendo sus productos sin problema, no pasó mucho tiempo hasta que fue detectado por inspectores de la Dirección de Comercio del ayuntamiento de San Luis Potosí, que primero de buena manera y después ya caldeados los ánimos le reiteraban una y otra vez que el acuerdo era que se movieran a la alameda Juan Sarabia y que no se podía tolerar su venta en ese espacio, principalmente porque no sería justo para los demás que sí acataron la medida.
Poco después llamaron a elementos de la Policía Municipal para hacer entrar en razón al vendedor ambulante, quien se negaba a moverse y repetía que él no se quería ir a la Alameda y que tenía derecho a vender sus nieves, tal como lo ha venido haciendo desde hace varios años, y los policías le repetían que se moviera, que si no lo hacía tendrían que hacer uso de la fuerza.
Cabe destacar que ante el temor de que esta tensa situación derivara en una trifulca que los pudiera afectar, la directiva de la Plaza de la Mujer que se encuentra justamente en esa esquina, decidió cerrar sus cortinas, para evitar que pudiera suscitarse algún incidente al interior de este centro comercial.
Pasaron los minutos y el vendedor seguía con su tradicional “¡De limón y de mango la nieve, llévele, llévele!” y continuaba expendiendo sus productos, lo que en un momento dado molestó a los uniformados que ya para ese momento sumaban alrededor de 15 agentes para controlar a un solo comerciante, además de que ya se habían acercado al menos dos camionetas de la Policía Municipal.
Para tratar de vencer la voluntad del comerciante ante la mirada atenta de propios y extraños que ya se habían juntado en considerable cantidad para ser testigos de los hechos, decidieron que era buena idea “cercar” con al menos seis elementos antimotines al vendedor para que ya no pudiera hacer su venta, o al menos se ahuyentaran los posibles consumidores.
Así pasó aproximadamente una hora, sin embargo, esta estrategia contrario a afectar las ventas del ambulante, le sirvió de publicidad, puesto que paseantes y mirones, en ánimo de ayudar al vendedor, se acercaron a comprarle nieves, aunque esto significara pasar los productos y el dinero entre los hombros, brazos y escudos de los policías.
Luego de esto, arribaron al lugar alrededor de una veintena de ambulantes integrantes del movimiento antorchista, quienes con pancartas en mano y con gritos y arengas comenzaron a manifestarse en contra de la administración del alcalde Ricardo Gallardo Juárez, a quien calificaron de “represor”.
Ante esta situación, no pasaron muchos minutos hasta que llegó el propio Antonio Garza Nieto, titular de la Dirección General de Seguridad Pública Municipal, quien ordenó el retiro de los uniformados que mantenían cercado al vendedor de nieves, luego trató de dialogar con él, pero el resultado fue el mismo: se negó a moverse. Fue entonces que en una jugada inesperada, Garza Nieto cambió de estrategia y comenzó a ayudarle a vender su mercancía.
Le compró nieves a prácticamente todos los municipales que se encontraban en el lugar y cuando el vendedor acabó su mercancía, le refirió que ahora que ya había acabado, debía retirarse, a lo que de forma ágil, el vendedor de nieves respondió que no era así y con el apoyo de uno de sus ayudantes trajo un nuevo bote de nieve y regresó a gritar “¡De limón y de mango la nieve, llévele, llévele!”. No fue hasta que acabó ahora sí con su producto del día que los involucrados, tanto policías, comerciantes ambulantes y manifestantes, se retiraron del lugar.





