Jorge Caballero

La película Lo demás es ruido, de Nicolás Pereda cerró la competencia oficial de ficción del 24 Festival Internacional de Cine de Morelia, de forma celebérrima con una comedia ingeniosa que explora la cotidianidad de la vida. A través de cada escena, el relato desmonta la vanidad y la pretensión del circuito artístico para exponer las posturas de quienes lo habitan, al tiempo que rinde un cálido y genuino homenaje a la complicidad femenina. En entrevista con La Jornada el director Nicolás Pereda mencionó: “es una película sobre las mujeres pero me identifico con todos los hombres que salen en ella”.

El comentario del realizador es a propósito del gag (efecto o golpe cómico rápido, breve e inesperado que busca provocar la risa del espectador) que aparece en la película Lo demás es ruido, donde un camarógrafo dice: “yo en realidad soy director de cine”. Pereda explicó que una vez alguien lo contrató para filmar: “Tuve esa experiencia de estar con alguien que me contrató para un día de trabajo. Estando le dije a mi empleador: ‘yo en realidad quiero hacer tal película’. Comencé a contarle sobre lo que posteriormente fue mi primer filme. Me acuerdo como me miraba, con una cara de ‘este güey no va a firmar nunca’ y yo con todo el entusiasmo juvenil contándole y después me dijo: ‘es que el problema del cine en México son los guiones, todo mundo se las cree y quieren filmar sus propias historias, deberían de contratar a otros guionistas’. Y yo pensando: No, yo quiero firmar mis propias historias. O sea, en Lo demás es ruido, muchos personajes, sobre todo los masculinos, están armados a partir de mis experiencias”.

Lo demás es ruido está protagonizada por Teresita Sánchez, Rosa Estela Juárez, Luisa Pardo, Gabino Rodríguez y Francisco Barreiro quienes confluyen en un departamento de la Ciudad de México, donde Tere, una experimentada chelista, recibe a su colega y amiga Rosa, compositora musical, para realizar una entrevista en el marco de un proyecto documental televisivo. Lo que en apariencia arranca como una charla formal sobre procesos creativos se transforma gradualmente con la llegada de la hija de la chelista, también música, dando pie a una serie de diálogos que transitan con soltura de lo solemne al absurdo cotidiano y lo inflado de parte de algunos interactuantes del arte contemporáneo.

Pereda confesó en la plática con esta redacción que: “desde hace unos años me interesó mucho más hacer, no exactamente comedias, pero sí algo ligero, algo que me hiciera reír. Algo que me divierte de la cotidianidad en relación a lo oficiosa la vida es lo que quería retratar. Tiene que ver con el primer plano de Lo demás es ruido, el plano del tráfico visto desde una ventana, si lo ves de arriba es gracioso porque hay como un entramado que no puedes creer que esté pasando eso. Hay un oficial de tránsito que se baja y que hace un desmadre y se vuelve a subir, como una especie de comedia de enredos de autos. Pero para la gente que está dentro de esos autos la está pasando fatal , es un infierno. Entonces esa diferencia entre lo que desde afuera es una comedia y dentro es un infierno es el tipo de comedia que me interesa y ese plano como se explica muy fácilmente el objetivo de toda la película. Este tipo de comedia sí me divierte porque así veo un poquito el mundo y mi vida también. Me puedo pasar estresado y angustiado durante tres semanas y después cuando estoy hablando con alguien sobre mis pasadas tres semanas me estoy cagando de risa de todas las peripecias que pasé”.

Nuestro entrevistado recalcó que esta idea de que la gracia puede existir en cualquier lado: “tiene que ver con que me interesan los planos largos para ver la cotidianidad, hacer uno general y observar las cosas, ver la cotidianidad del espectador tenga un vínculo temporal con los actores igual a el tiempo de pantalla, que sea cercano al del espectador. Cuando observas una situación que ocurre a tu lado no tiene cortes, es lo que estás viviendo o sucediendo el tiempo con la gente que también observa, como cuando en un restaurante ves a una pareja que tiene una cita de Tinder y te das cuenta de que más o menos ahí la llevan, de vez en cuando uno puede estar ahí echando miraditas y observando que ocurre con esa pareja y sucede en una temporalidad muy particular que cuando comienzas a hacer tus cortes generas una elipsis y se pierde esa posibilidad de comedia. Porque por un lado una cosa es el guion y otra cosa es filmarlo de cierta forma para hacer reír con planos largos de cinco minutos donde la gente está hablando de cualquier cosa. Transformar la cotidianidad sin contar chistes”.

Agregó: “está película sin presionar mucho, sin planteármelo mucho, terminó siendo un poquito más cerrada, que mis anteriores trabajos, sigue siendo un poquito abrupto pero es mucho más amarrada”.

Exponiendo su karma creativo Pereda dice: “en este tipo de situaciones, donde los hombres somos muy presuntuosos, me he encontrado en esa posición. Por ejemplo, cuando conocí a mi novia actual, había visto sus películas y me encantaban. Y de pronto cuando nos conocimos, a los 15 minutos, le estaba explicando su película y ella sólo decía: ‘sí, sí sí’. Y yo insistía: pero sí te das cuenta que pasó esto y esto pasa en tu película… a la mitad de eso empecé a reírme. Por supuesto también está el otro lado, con el tiempo me he dado cuenta poco a poco de que me siento bien en el mundo, bastante cómodo con mi carrera cinematografía aunque, sea como sea, la gente ve poco mis películas y esa comodidad también me da pie a ciertas arrogancias, a reconocer ciertos momentos como de desubicación y hay algo que me divertía, pensar en mí y escribí este guion que a final de cuentas es una película sobre las mujeres pero yo me identifico con los hombres”.

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