Carlos López Torres

Vaya paradoja la que se vive en el sector salud y en el educativo: el primero, no obstante haber transcurrido el sexenio del médico Toranzo Fernández, no deja de acusar los efectos del abandono y la desatención en la que se le mantuvo; mientras en el segundo, diagnosticado por el mismo doctor en su tiempo como uno que vivía una tragedia, no logra sin embargo avanzar en su restablecimiento a pesar de haber contado entre sus secretarios al actual gobernador del estado.

Los efectos de la desatención, el desabasto de medicamentos y material curativo, así como la carencia de médicos y enfermeras, despedidos en los principales hospitales públicos de las cuatro regiones de la entidad, tienen que ver con los proyectos privatizadores de ambos sectores que, por más que se niegue, han postrado los servicios sin que se contemple solución de fondo alguna que atenúe el impacto social, con efectos dramáticos en muchos casos.

Las acciones efectistas o declaraciones generales sobre la búsqueda de recursos para enfrentar la crisis en ambos sectores, no logran sin embargo revertir lo que la realidad a propósito del recorte presupuestario en esos sectores precisamente impone: el incumplimiento de derechos consagrados en nuestra Carta Magna, en materia de salud y educación, respectivamente.

Así las cosas, mientras el secretario de Finanzas, José Luis Ugalde, reconoce como enfermos los servicios en cuestión, el gobernador Juan Manuel Carreras al ser cuestionado por los reporteros en Rioverde sobre sí el Hospital General de ese municipio se encuentra agonizando, el titular del Ejecutivo de inmediato respondió: “no, en lo más mínimo”, aunque no fue concreto en su respuesta a los usuarios que son quienes de una u otra manera hacen llegar sus quejas sin que hasta ahora sean escuchados y atendidos como se merecen; de poco sirve un hospital moderno y bien equipado.

Pero no crea usted que sólo es ese hospital el agónico. Ahí están por ejemplo los centros de salud de toda la entidad, el mismo Hospital Central, el de Soledad y el de Valles, nosocomios que mantienen las mismas carencias que el Hospital de la Mujer y el Niño, donde no dejan de denunciarse por parte de los médicos y enfermeras, las “situaciones críticas” por carencias de médicos y personal, medicamentos y equipo. Todo lo cual contrasta con el elevado salario de la titular del sector salud en la entidad.

En la agonía extrema en los centros de salud de la Huasteca, los usuarios se ven obligados a pagar de su bolsillo la gasolina para poder trasladar a sus enfermos, como recién ocurrió en Tanquián o en Tamuín, donde ni médicos ni medicamentos hay.

El problema es grave por más que se pretenda ocultarlo, aunque prioritariamente se atiendan las exigencias de las armadoras.

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