Luis Ricardo Guerrero Romero
En no más de dos horas en el café las amigas eslovenas Katja y Alenka discutían sobre la poderosa facultad de la mente en convertir todo lo bueno en malo o viceversa. Las dos preciosas mujeres habían suscitado esa conversación debido a que su estancia en esta ciudad fue divertida gracias a su belleza, buen carácter y la indiscutible devoción que los mexicanos tienen por adorar a los extranjeros, es decir que las dos jóvenes mujeres de apenas 28 años durante su estancia, fueron halagadas de modo impensable por cada hombre potosino que había tenido la fortuna de tratarlas. La mente y la capacidad de dar enfoques a lo que se ve es todo lo que nos mantiene vivas –dijo con seguridad Katja–. Una pistola está hecha para disparar, un hacha, para cortar, una resortera, para lanzar, las drogas (refrescos, cigarros, alcohol, cannabis, etcétera) para consumir, el dinero para invertir; –y así mencionaba algunas cosas que se relacionaban con las personas potosinas con las que convivió. La mencionada letanía que Alenka escuchó, procesaba en su mente más bien otros conceptos, trascurrían miles de ideas como es común en las mentes femeninas: una pistola, para matar, un hacha es para cercenar, una resortera, diseño flexible para herir, las drogas son un estímulo para realizar actos que de modo consciente evitaríamos y el dinero, el dinero es el mesías, a él servimos y nada de lo que hay en el mundo funcionaría sin éste. Alenka entonces luego de escuchar la mentalidad positiva de su hermosa amiga, tomó del café, sorbió y humedecía sus labios, como parte del ritual antes de que un beso súbito pagase la cuenta en aquel lugar.
La situación sentimental y mental de ambas señoritas enamoradas es posiblemente considerado como melosa ante los ojos de algunos, mientras que para otros, es una desaprobación, no sabemos, –cuestión de mentes–, todo está en la cabeza, incluso la melena está en la cabeza y tiene sus lazos con la miel. Ser melosos, a todos nos ha pasado, nos pasa, nos pasará, ese habitual momento en el que encontraremos el amor que nos hará sentir mariposas en el estómago, y nos impulsará a componer poemas, y a cantarle dulces melodías, con una armonía y una mélico sonsonete, imitando algunos melódicos silbidos o gorjeos sin sentido, aunque vivamos en la penuria el amor nos trocará en seres melosos.
Todo esto de ser o evitar la miel en el amor y en los pensamientos nos ocupa para exponer la palabra en la que ahora divagamos: meloso, dicho sustantivo, más que tener vínculos con el amor, asume lazos con la música, esta palabra es una composición del lexema griego μελοs (melos), canción, canto en compañía de música; y un sufijo latino oso, de: osus, a, um, cuyo significado indica la idea de una posesión o abundancia, al unir ambos elementos resulta la extrema canción, la abundancia de canto; recordemos que el canto es algo sublime en la mayoría de casos, nada tan hermoso como la música. Del mencionado lexema podemos encontrar la composición de otras palabras como: melodrama, donde (δραμα) drama es actuación; melografía, (γραφη) grafé como escritura, melómano. Sin embargo la designación de meloso se inclina a la miel, por ser suave y dulce, aunque sabemos también que esa es una característica de muchos instrumentos, sobre todo de los instrumentos de viento que se utilizaban en la época helénica. Aunado a ello, no podemos soslayar la muy peculiar melena, sustantivo que se comparte con el sentido de la miel, tanto como aquella enfermedad diabetes mellitus, y otras muchas palabras que escurren miel.





