La madre de una pequeña denunció que su hija fue víctima de abuso sexual en el kínder donde estudiaba en Soledad de Graciano Sánchez.
La afectada narró que el 9 de septiembre, en el jardín de niños María Guadalupe Rodea de Jonguitud, que se encuentra en la cabecera de Soledad, al recoger a su hija, quien se encontraba cursando segundo año de preescolar, se percató de que la menor tenía una actitud extraña, tenía los ojos hinchados y llevaba su uniforme desabrochado, lo cual le pareció sospechoso, pues ella tenía problemas para desabrochárselo.
Al intentar interrogarla respecto a su estado, la maestra de la menor actuó de forma nerviosa, por lo que procedió a llevársela a su casa, donde menor le contó el uniforme se lo desabrochó un compañerito, quien además la golpeó, le bajó la ropa interior y le hizo tocamientos en sus partes íntimas, y decía que algo de un celular.
Ante estas declaraciones decidió revisarla, y se percató de que, efectivamente, la pequeña mostraba alteraciones en sus partes íntimas, por lo que se comunicó de inmediato con la directora del plantel, sin embargo ella le dijo que posiblemente hablaba de algo que había vivido en su casa, ya que la escuela es muy estricta en su seguridad.
Asimismo, apuntó que su hija le dijo que las maestras le prometieron que le darían una princesa Ana a cambio de que no contara nada de lo sucedido.
Posterior a los hechos, la pequeña comenzó a mostrar cambios en su conducta, comenzó a llorar en la noche y se rehusaba a bañarse. La madre acudió a la Prodem, donde le dijeron que ese asunto debería atenderlo en la subprocuraduría de delitos sexuales, a donde ella se remitió a interponer la denuncia, no obstante la señalaron que, al ser el imputado un menor de edad, la dependencia no podía hacer nada.
De la misma manera, fue a la Secretaría de Educación Pública (SEGE) para que interviniera en el asunto y, aunque la hicieron redactar un oficio dirigido a la titular de educación preescolar, no se le dio seguimiento y es fecha que no le han dado vista de su caso.
Apuntó que también denunció ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
Como en la Procuraduría le dijeron que su denuncia era improcedente, decidió acudir de nueva cuenta a la Prodem para solicitar apoyo sicológico debido a las alteraciones en su conducta, por lo que la dependencia canalizó a la niña con un psicólogo, sin embargo sufrió un ataque de pánico porque era hombre, así que le asignaron a una mujer, quien la recibió el 27 de septiembre.
Después de reunirse con la sicóloga, se informó a la madre que ahora la pequeña señalaba a otros tres niños y a un adulto, por lo que ahora sí era competencia de la Procuraduría.
Al acudir de nueva cuenta a la dependencia de justicia, la abogada encargada de su caso reconoció que la menor presentaba cicatrización en sus partes íntimas, lo que revelaba un abuso sexual, no obstante el 30 de enero le informaron que la médico legista aseveró que no presentaba ningún daño, a pesar de que ya se había emitido un dictamen que confirmaba la agresión. Al confrontarse con la médico legista, continuó, ella argumentó que no recordaba el caso y que buscaría los apuntes, por lo que le proporcionó su número celular para que los abogados se comunicaran ella. A raíz de eso los abogados que ella había contratado dejaron de contestar sus llamadas.
Al insistir en la comunicación con sus abogados, Juan Manuel Zapata, del despacho en el que laboraban sus litigantes, le explicó que desde hace dos meses ellos se fueron de san Luis. Además, la madre de la víctima indicó que ellos tenían en su poder el dictamen que confirmaba el abuso sexual.
Finalmente, expuso que la niña ya no quiso ir a la escuela, además de que tiene problemas de conducta, e incluso convulsionó por estrés.







