Luis Ricardo Guerrero Romero

Al recibir su llamada tres días después de mi cumpleaños, no pensé en que iba oír sus desavenencias hacia la vida y sus accidentes que tuvo luego de haberse distraído tanto con las piedras —imágenes de minerales—. Leonora Piedad, es el tipo de mujer con la cual todos deberíamos de contar en los momentos de la fiesta, del desasosiego, de la mentira y de la certeza. En distintos contextos en los que me encontré compartiendo con ella, nunca omitió exponer su natural y espontánea agalmatofilia, con seguridad fue producto de su educación romana, apostólica y romana, con acierto el sistema la adecuó a este tipo de parafilia. Leonora Piedad, recuerda, el vitíligo no es una magia, creer en duendes, pensar que dios está en una hostia, en una piedra, creer que un ser superior te escucha, jugar al mercado (te doy, me das; recibo, recibes) con tus deidades, intercambiar favores, no es una magia. Ésta sí es viable, lo  otro no.

Además, habría que añadir que, Leonora Piedad, tuvo acceso al cultivo y lectura del zoroastrismo y nunca le quedó claro el sentido original de El Avesta: himnos, tradiciones, oraciones, su lengua ya extinta. Lo único que entiende de la vida es la piedra y su simbolismo, sin embargo, no la desbasta, sólo la contempla y no sucede la magia. Hacen falta magos. Magos de verdad, hace falta tu muerte Leonora Piedad.

En las anteriores líneas nos hemos percatado que el mago que reputa no es para nada el que sólo cree por creer, el que únicamente es confeso de su credulidad y asume como verdad lo que le digan, el mago es algo más y mayor. Entendido como: ilusionista, prestidigitador (cuando es más entretenido), encantador, o bien, hechicera, brujo, taumaturgo (el que hace cosas maravillosas), nigromante, pitonisa (influida por el éxtasis herbal), el adivino, sibila, vidente, mágico, brujero, y otra lista que sólo para algunos es revelada. A todos sorprende la magia, a todos deja dubitantes o pensativos. Mago es grave gramaticalmente y en la vida real, pues trabaja con la gravedad de la fisis.

La voz mago, es una de las tantas palabras que sobrevivieron casi impolutas a la evolución del lenguaje, pues ya desde el griego antiguo podemos encontrar la palabra: μαγος (magos> mago) la cual se traduce como hechicero, engañador. Una acción básica de todo mago es: aparecer y desaparecer, ya sean objetos inanimados o no. Ya también ubicamos en el latín: magus, que concluyó en mago, nuestro sustantivo en español.

Para nadie es ajeno el recordar que existen distintos tipos de magias, y que, aunque en este 2024 la tecnología está en todas partes, la magia no deja de ser un tema por discutir, y hay aún muchas personas que practican la magia, y que todavía más, hacen realidad la magia. No obstante, a los escépticos, a los intelectuales, la magia es necesaria, para pensar que lo sobrenatural, es un asunto milagroso y, entonces pedir no será en vano.

l.ricardogromero@gmail.com

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