Luis Ricardo Guerrero Romero

Tenía que decírselo nuevamente, aquella noche en la que nos conocimos se lo dije apenas la vi, incluso lo grité con la forma en que la vi, tal vez los abrazos de su pareja en turno la ensordecían de mis palabras visuales, pero no de mis intenciones, ella sabía muy bien el por qué yo la deseaba con tanto interés, pero no le importaba y continuaba una relación con aquel tipo adinerado y atractivo. Sin embargo, ocurrió, nos volvimos a encontrar en aquel sitio en donde yo trabajaba los fines de semana. Ella llegó como de costumbre con su tonta pareja, y no sé, pero habiendo tantos lugares de paso, por qué asistían a ese en donde yo la veía meterse y percibía su perfume desde el automóvil en el que discretos concurrían casi cada mes. Con mi particular cortesía les dije hacia dónde dirigirse y ella me observó de reojo como diciéndome: –Allá te espero, sabes bien en dónde estaré entreteniendo a este patán en lo que llegas a realizar lo que pretendes. Después de eso tú y yo podemos llevar a cabo todo aquello que has imaginado y que callado guardas en un baúl de apetitos, el cual abres mes tras mes que nos vemos, entiende este mensaje por favor, y no demores tanto, no toleraría que fallaras, puesto que he llegado otra vez hasta este lugar para dar cumplimiento a tus intenciones con las que me viste por primera ocasión aquella noche. Él por su parte, me agradecía con una sonrisa delicada y me daba la paga estipulada en la entrada. Mientras su sonrisa duró, un mensaje oculto brotaba de él, y lo pude interpretar gracias a mis cálculos y medidas precisas de las sonrisas ingenuas y malintencionadas.

Al leer este relato no pude más que continuar haciendo mis cálculos geométricos, pues el ansia de conocer el final me agobiaba, ¿qué le pasaría a la hermosa mujer y qué le pasaría a aquel hombre que al igual que yo, agradecía con una sonrisa? Por eso elaboro medidas para llegar hasta ese lugar descrito en la lectura y estoy a punto de descubrir en dónde se realizó, estoy a un punto de llegar, estoy a un punto, estoy aún, estoy.

La geometría siempre está a puntos y medidas, la geometría está y se supone en todos los entes, aunque no es muy estudiada por muchos, esta disciplina de las matemáticas, es evidente geodesia. La geometría se suscitó desde los babilónicos al inventar la rueda y al deducir que la longitud de la circunferencia y su diámetro es de tres. Lo que hoy conocemos como el PI; así nos menciona el Dr. Baldor; asimismo, la  biblia en el libro primero de Reyes señala este uso del PI. Los egipcios tendieron a medir y a ejercitar la geometría no sólo en las tierras, sino también en las figuras piramidales. No obstante, en la antigua Grecia la geometría sufre un cambio importante, ya que se vuelve deductiva y no únicamente empírica. De allí que en nuestro tiempo no son desconocidos los conceptos, usos y nombres de: la línea, (recta y curva); los cuerpos físicos y geométricos; las operaciones con segmentos, (suma, sustracción, multiplicación, división de segmentos); ángulos, etcétera. La geometría es por definición, rama matemática que estudia las propiedades intrínsecas de las figuras y que son inalterables con su propio movimiento, en sus dos presentaciones, ya sea geometría plana o geometría del espacio. La geometría sucintamente es la medición de la tierra, así de sencillo, del griego: Γη (Ge),tierra, y μετρον (metron) medida, es decir, estudia las propiedades y medidas de la extensión, pues en este sentido la tierra es una extensión. La geometría es verdad: “Sólo es posible afirmar en la geometría” (Voltaire).

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