Ángel Vargas
Los metales y las percusiones son mucho más que el alma potente de una sinfónica, afirmó Julio Briseño, miembro fundador y, actualmente, trombón principal de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM).
“Pondría yo la potencia en quinto lugar. Me parece que hay una relación muy natural entre esos instrumentos; histórica también. En el devenir del tiempo, gran parte de la música profana, sobre todo, ha estado a cargo de esa combinación instrumental”, explicó. “Obviamente, si hablamos de la música renacentista, no teníamos la tuba y el corno era otra cosa, y la familia de las percusiones era muy limitada, aunque existían otro tipo de instrumentos. Pero es una asociación existente ya desde la Edad Media”.
En entrevista, Briseño hizo tales señalamientos a propósito del programa Metales y Percusiones de la OFCM, un concierto de música de cámara, que en esta ocasión, se realizó el sábado y el domingo pasados en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, como parte de la actual temporada de la agrupación capitalina. En su condición de director invitado, el también docente del Conservatorio Nacional desde 1981 destacó que esta mancuerna instrumental abre una ventana de oportunidades para que el público pueda emocionarse con el color, los sonidos y las texturas que ofrece un grupo de esta naturaleza, muy distinto a escuchar a una orquesta completa.
Sobre el beneficio que una propuesta de este tipo tiene para los músicos participantes, destacó uno de corte sicológico: “Los alientos y las percusiones, en una orquesta, usualmente estamos en la parte de atrás, al fondo del escenario; pero en este formato cada uno se convierte en un solista”.
Briseño explicó que la primera parte del programa fue romántica y la segunda, de entretenimiento. Un balance que, en su opinión, permitió “una revaloración de la autenticidad” de ambos repertorios de parte de la audiencia.
Entre otras obras, se interpretaron arreglos de la Suite no. 1 de Peer Gynt, de Grieg; Preludio Acto III de Lohengrin y Grand March de Tannhäuser, de Wagner; Homage to the Noble Grape, de Goff Richards; Days of wine and roses, de Henry Mancini; Adoration, de Florence Price; y Send in the clowns, de Sondheim.
El reconocido y experimentado trombonista, quien ha actuado con las sinfónicas más importantes del país y en el extranjero, resaltó la renovación natural que ha tenido en sus diversas filas la OFCM en años recientes, con jóvenes talentosos, propositivos y capaces de abordar todo tipo de repertorios.
Para finalizar, insistió en la importancia que tiene en este tipo de presentaciones el vínculo con la audiencia: “Nosotros necesitamos al público, pero el público también necesita de nosotros. Es una relación de ida y vuelta”.
Al respecto, dejó sobre la mesa la propuesta de que, en ocasiones como ésta, se abra un espacio al final del concierto a fin de entablar un diálogo entre artistas y espectadores. “Sería una retroalimentación de gran valía para ambas partes”.







