• México, entre los últimos lugares
  • Por fin, Salinas Pliego pagó al SAT

Carlos Fernández-Vega

Hasta donde da la memoria, cuando menos en las últimas cuatro décadas, no ha habido reunión pública o privada entre autoridades gubernamentales y la cúpula bancaria en la que la petición constante de las primeras a la segunda no haya sido “aumente el crédito productivo” (todo a pequeñas y medianas empresas) para que, por medio de ese mecanismo, impulse el crecimiento económico del país y cumpla a cabalidad con su función intermediadora. Año tras año es la misma solicitud, y los barones del dinero siempre dicen que lo harán, pero no precisan cuándo.

No es novedad, pues. El pasado martes, la presidenta Sheinbaum se reunió en privado con integrantes de la Asociación de Bancos (en) de México, “con quienes conversamos sobre las perspectivas económicas de nuestro país”, según detalló la mandataria. En representación de los barones del dinero, Emilio Romano, “se declararon listos para financiar el crecimiento del país y se comprometieron otorgar más crédito e impulsar la inversión pública y privada; en la reunión, los representantes de las instituciones financieras acordaron que, para finales de 2030, el crédito represente la mitad del producto interno bruto (PIB) –al cierre de 2025 alcanzaba 35 por ciento–, al mismo tiempo de apoyar en este momento proyectos de infraestructura y energía” ( La Jornada, Julio Gutiérrez).

Después de dicha reunión, la mandataria reiteró la petición y subrayó que el acceso al crédito en México ha sido una de las limitaciones históricas para el crecimiento económico. “Desde el año pasado se viene trabajando en eso; de hecho, en la (pasada) Convención Bancaria (en mayo) se firmó un acuerdo y de entonces a la fecha ha aumentado un punto porcentual el crédito que otorga la banca comercial, pero queremos mucho más; que (la banca) acelere para ver si crece más”.

Pues bien, en esa Convención Bancaria –en la que los barones del dinero presumían que “los préstamos fluyen”–, la presidenta Sheinbaum (como en esos 40 años una y otra vez lo hicieron otros gobernantes) documentó que “algunos países tienen el doble de crédito, más de 100 por ciento, pero en México (el acceso de la mayoría apenas) es de 33 por ciento (una de las proporciones más bajas del mundo) y, evidentemente, tienen que, de manera segura, evidentemente para los bancos, bajar las tasas de interés para que pequeñas empresas puedan tener acceso al crédito”.

Y ante el auditorio que la escuchaba dio a conocer una gráfica que no ayudó mucho a la presunción de los banqueros (“los préstamos fluyen”). En ella quedó claro el panorama: el crédito de la banca comercial al sector privado (cierre de 2024) en diferentes países, como proporción del producto interno bruto está muy lejos del caso mexicano: Japón, 196 por ciento; Estados Unidos, 192; Corea, 176; Francia, 113; Chile, 110; Alemania, 82; Brasil, 72; Italia, 64; Turquía, 50; Perú, 46; Colombia, 42 y México, 33. Y la mandataria redondeó: de acuerdo con la información divulgada (con base en datos del Banco Mundial), México es el segundo país con menor crédito total al sector no financiero, el segundo con menor crédito a empresas, el tercero con menor crédito a los hogares y el duodécimo con menor crédito al sector no privado.

Entonces, como las tasas de interés que cobran las instituciones financieras que operan en el país son altísimas, se junta roto con descosido, pues además de los onerosos intereses, los voluminosos requisitos para acceder a un crédito resultan prácticamente imposibles de cumplir, de tal suerte que aquello de “los préstamos fluyen” parece un mal chiste (en el mejor de los casos, 33 centavos de cada peso destinado a crédito).

Es necesario, dijo entonces, que haya “mayor acceso al crédito de la banca mexicana, y ahí tiene que participar la banca comercial de una manera muy importante. Y ellos (los banqueros) lo reconocen, porque el acuerdo, más allá de algo específico, es buscar los mecanismos para ampliar el crédito, es un reconocimiento de ellos, de que tiene que ser así”.

Bien, pero, palabras más o menos, a lo largo de cuatro décadas esa ha sido la reiterada petición gubernamental a los barones del dinero, a la que se ha sumado la relativa a reducir los onerosos intereses que cobra. Al país le ha costado sangre la banca, mientras los barones no han dejado de hincharse de ganancias.

Las rebanadas del pastel

Por fin, Ricardo Salinas Pliego pasa a la caja del SAT. Ayer, la presidenta Sheinbaum dijo “vamos a esperar hoy y mañana” (ayer y hoy) a ver si lo hace. Lo hizo. Cubrió una parte y el resto lo liquidará en 18 “abonos chiquitos”.

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