Arturo Huerta González

La presidenta de la República en la reunión celebrada el 4 de febrero 2026 en el Museo Nacional de Antropología con empresarias (os) dijo que “quiere que haya inversiones, estamos buscando inversión privada, nacional y extranjera”. Ello refleja que el gobierno no tiene márgenes de política económica para impulsar la actividad económica, por lo que hace un llamado al sector privado nacional y extranjero para que invierta.

El sector privado ha dejado de invertir, pues la economía y la política económica predominante no ofrecen expectativas de crecimiento que lo motiven a incrementar la inversión. El Inegi en su Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza (donde se mide la perspectiva de inversión de dicho sector), cae en el mes de enero de 2026, argumentando incertidumbre interna y externa, por lo que no se ve perspectiva para que se incremente la inversión privada para impulsar la actividad económica.

El 3 de febrero de 2026 el gobierno presentó el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo donde se señaló que se incorporarán en este año a la inversión pública 722 mil millones de pesos (1.9 % del PIB) a los 900 mil millones de pesos (2.3 % del PIB) presentes en el presupuesto federal, encaminado ello a apuntalar el sector energético, infraestructura, trenes, carreteras, salud, puertos, agua y aeropuertos. El secretario de Hacienda dijo que ello permitirá crecer cerca del 3% en este 2026.

El aumento de inversión pública viene en cierta medida a contrarrestar la caída que tuvo en el 2025. La inversión física del gobierno se desplomó 28.4 % real anual. En el rubro energético (que incluye a hidrocarburos) cayó 32.7% real anual y el destinado al abastecimiento, agua potable y alcantarillado, el desplome fue de 64.4 % real anual. Ello, junto con la alta tasa de interés y el dólar barato, hace que las importaciones desplacen a la producción nacional, configurando ello un pobre crecimiento en 2025 de 0.7%. El crecimiento de la inversión pública es bueno, pero no suficiente para contrarrestar la tendencia decreciente de la economía y llevarla a que crezca al 3 % este año. El consumo se ha desacelerado, la inversión privada trae una caída de -4.8 % en el tercer trimestre de 2025 y la economía tiene déficit de comercio exterior, todo lo cual ha llevado al estancamiento de la economía.

El incremento de la inversión pública aumentará la demanda de todo tipo de productos y la economía padece de rezagos productivos y baja productividad, por lo que no habrá capacidad para satisfacer la mayor demanda. Habrá presiones sobre precios e importaciones y no se generarán efectos multiplicadores internos para impulsar el crecimiento económico y la generación de empleo, como se promete. El aumento de la inversión pública anunciada tiene que ir acompañado de baja substancial de la tasa de interés, como del encarecimiento del dólar para favorecer la producción nacional frente a importaciones para así configurar condiciones de rentabilidad para que se incremente la inversión privada. La presidenta del país festeja el peso fuerte y el dólar barato, sin considerar que ello actúa en detrimento de los productores nacionales, pues las importaciones baratas nos han llevado a tener menos producción manufacturera, pérdida de autosuficiencia en granos básicos, presiones permanentes en el sector externo y seguir dependiendo de la entrada de capitales para mantener el dólar barato, financiar importaciones y el déficit externo. Esa entrada de capitales y dólar barato ha sido a costa de mantener alta tasa de interés y austeridad fiscal para que el capital financiero fluya a la economía, a costa de no tener política económica para el crecimiento.

Mientras la política económica no actúe a favor del sector industrial, de la producción de granos básicos y del empleo, no se logrará el crecimiento del 3% de la actividad económica que predice el gobierno. Al no incrementarse el ingreso nacional, no aumentará la recaudación tributaria para reducir el déficit fiscal, la deuda pública y su relación con el PIB, ni tampoco se reducirá la deuda del sector privado no financiero.

El secretario de Economía, el 4 de febrero 2026, dijo que “para este año, México espera inversiones del sector privado por un monto de hasta 406 mil 800 millones de dólares, especialmente por proyectos a nivel local”. Tal declaración no significa que ello vaya a reactivar la economía, pues no dijo nada nuevo, pues esa cantidad es la que el sector privado viene invirtiendo cada año, que es el 22% del PIB y ello no se ha traducido en crecimiento de la economía nacional. Para que la inversión privada crezca se le tiene que asegurar condiciones de crecimiento económico que garanticen niveles de ingreso y ganancia por arriba de la tasa de interés y ello no acontece con la política actual.

El director de Pemex el 4 de febrero, señaló que “junto con el sector privado, buscarán contener el declive de la producción petrolera y fortalecer la eficiencia operativa en refinación, petroquímica, logística y nuevas energías mediante una inversión de 425 mil millones de pesos en 2026, monto que representa un incremento de 34% respecto a lo ejercido en 2025”. Resulta que el gobierno tiene que recurrir al sector privado para invertir en el sector estratégico, aumentando su participación como consecuencia de la política de no caer en déficit fiscal. Se evidencia el objetivo de la política de equilibrio fiscal que lleva al gobierno a reducir la inversión en sectores estratégicos y a tener que ampliar la frontera de inversión al sector privado en estos sectores. Perfectamente el gobierno puede incrementar la inversión en Pemex a través de aumentar el déficit público y dicha inversión se autofinancia al acrecentar la producción y las exportaciones petroleras, que generarían ingresos para pagar la deuda y reducir el déficit del gobierno. También Pemex debe realizar una reforma al régimen de pensiones para disminuir el pasivo laboral, debido a que no puede haber jubilados de primera que están descapitalizando y sobreendeudado a dicha empresa. Ello reduciría los problemas financieros y de sobreendeudamiento que enfrenta, a fin de poder incrementar su inversión.

ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975

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