Julio Gutiérrez
Para un mexicano que vive en Estados Unidos, enviar 300 dólares cada mes a sus familiares no misión sencilla: debe trabajar de lunes a sábado, en jornadas que superan 12 horas diarias; compartir cuarto con alrededor de 4 personas y evitar, a toda costa, enfermarse, por los altos costos de los servicios de salud.
La remesa promedio mensual fue de 300 dólares hasta la pandemia, según el Banco de México. Esa cifra subió a 390 dólares, de 2002 a la fecha.
Efraín Jiménez Muñoz, actual coordinador del Colectivo de Federaciones y Organizaciones Mexicanas Migrantes (Colefom), llegó a Estados Unidos sin documentos y comenzó a mandar dinero a su familia en Zacatecas.
Pero en su experiencia, y la de cientos de mexicanos que viven del otro lado de la frontera, acumular esa cantidad de dinero cada 30 días y con el miedo de ser deportado en cualquier momento se volvió misión complicada, cuenta en una plática con La Jornada.
“Conseguir 300 dólares no es fácil. Para empezar, debes pagar una renta de entre 2 mil y 2 mil 500 dólares, que es de lo más económico. No es el alquiler de una casa completa o un cuarto para uno solo, es una habitación que compartes con 3 o 4 personas. Esos lugares están más o menos a 1 o 2 horas de los centros de trabajo”.
“Eso significa que diariamente debes trasladarte lejos, te paras temprano para ir a trabajar. Luego está la jornada laboral, que para conseguir esas cantidades de dinero, debe ser de alrededor de 12 horas. Entonces trabajas 12 horas, y de ida y vuelta son una o 2 horas más. Lo único que haces de lunes a sábado es llegar a dormir”.
“Cuando llega el domingo, lo único que quieres es hacer una carne asada y disfrutar una cerveza, pero no puedes, porque los vecinos se quejan (y se corre el riesgo de que llegue la migra). Entonces es ir a trabajar solamente. ¡Ah! sin enfermarse, porque allá pagar un doctor es caro, bastante caro”, relata Jiménez Muñoz.
¿Qué ocurre cuándo vuelven?
Y el momento crítico para los migrantes, quienes han sido considerados aquí como verdaderos héroes, precisa, es cuando llega la hora de volver a casa:
Aquí no tienen acceso a la seguridad social, y en sus comunidades, muchas veces, los servicios básicos no llegan, por lo que es complicado ver reflejado el llamado sueño americano o sueño mexicano.
Estos connacionales que radican en el exterior y que tradicionalmente salen de localidades altamente rezagadas en busca de una oportunidad tienen una solicitud para las autoridades: “que no solo seamos los héroes en palabras, no queremos que nos dejen fuera”.
Es por ello que el coordinador del Colefom, que agrupa a 160 colectivos de mexicanos que viven en más de 30 ciudades estadounidenses, está en México con el objetivo de presentarle a la presidenta Claudia Sheinbaum una propuesta que incluye, entre otras cosas, proyectos de inversión compartida para las comunidades de alta migración.
“La comunidad mexicana en Estados Unidos, que somos entre 30 y 40 millones de personas, somos parte integral de la nación mexicana y contribuimos de manera significativa a la economía, por ejemplo, por medio de las remesas… Pero a pesar de ser llamados héroes migrantes en el discurso, sentimos que nuestras contribuciones no se traducen en acciones concretas”, dijo Jiménez Muñoz en entrevista.
“Un punto relevante es que nuestras remesas pagan impuestos de la siguiente forma: cuando mandamos dinero a nuestras familias y ellos con esos recursos compran cosas aquí, pagan ese 16 por ciento del IVA”.
Pese a lo anterior, sostuvo, los migrantes, al regresar a sus comunidades de origen, se encuentran con que estas se encuentran abandonadas o carecen de presupuesto, por ende, de servicios básicos.
“La mayoría de los migrantes somos de comunidades rurales, marginadas y de extrema pobreza, donde los presidentes municipales no invierten porque no les reditúa votos y el presupuesto municipal es muy pequeño”, enfatizó Jiménez Muñoz.
Y los héroes migrantes se las ven negras si se considera que en México no tienen acceso a la seguridad social o al sistema de pensiones, al mismo tiempo que, en Estados Unidos, pese a que pagan impuestos, no tienen derecho al seguro social, los servicios de salud o el seguro de desempleo.
“Sentimos que estamos siendo dejados afuera de la toma de decisiones y quedamos así porque nuestra contribución no se ve reflejada en los servicios que se nos dan, ni en Estados Unidos ni en nuestras comunidades de origen”.
Propuestas concretas
Es así que el Colefom trae en su visita a México una serie de acciones concretas con las que buscan integrarse de forma más activa a la vida pública de su país, mismas que esperan presentar a la jefa del Ejecutivo.
En primer lugar, buscan que con la reforma electoral se garantice la representación de los migrantes en el Congreso y el Senado, con mecanismos que eviten que los partidos los coloquen en posiciones de baja rentabilidad. Quieren poder votar directamente por sus diputados y senadores, y asegurar que sean líderes con méritos y trayectoria en el servicio comunitario, al tiempo de conocer las necesidades de sus comunidades.
También, explicó, plantean que haya voces en el Congreso que defiendan el presupuesto para las comunidades de alta migración y marginación, y de ser posible, programas de inversión en proyectos sociales y productivos en sus localidad que generen alternativas a la migración y mejoren la calidad de vida, que incluyan el acceso a servicios básicos y un sistema de salud.
Los connacionales que radican en la Unión Americana también piden que el gobierno mexicano invierta más en los consulados para que todos los trámites que se tienen que realizar se autoricen (o nieguen, de ser el caso) de forma más rápida, al mismo tiempo de incluir propuestas como que el idioma inglés sea obligatorio en la educación básica.
“La presidenta debe de saber que tiene aliados allá que somos nosotros. Una diáspora que vive en varias ciudades y que podemos ayudar a contrarrestar los embates”, agregó Jiménez Muñoz.





