Armando G. Tejeda, corresponsal
Madrid. Decenas de miles de personas se manifestaron en Madrid para denunciar el problema estructural del acceso a la vivienda, que se ha agravado en los últimos años y sobre todo entre la población más joven. La protesta forma parte de un movimiento nacional y en ascenso que muestra su hartazgo ante la “máquina de empobrecimiento y expulsión” en que se ha convertido el mercado de la vivienda, sobre todo en las principales ciudades del país, como la capital, Barcelona, Sevilla, Málaga, Bilbao, San Sebastián o Valencia, entre otras, donde el precio de las casas en venta o alquiler está disparado.
La multitudinaria protesta en Madrid y otros ciudades, como Guadalajara, Zaragoza, Teruel o Badajoz, es un reflejo del malestar social en todo el país ante el cada vez más difícil acceso a la vivienda, un problema que afecta sobre todo a la población más joven.
Un dato que explica este fenómeno se publicó esta misma semana en el Observatorio de la Emancipación, elaborada cada año por el Consejo de la Juventud en España, que advierte de que tan sólo el 14.5 por ciento de los jóvenes en el país se ha emancipado y que éste es el “peor dato desde que existen registros”. Este año, la edad estimada para poder independizarse alcanza ya los 30.2 años, una cifra que incluso supera el umbral estadístico oficial de la juventud, que está en los 29 años.
Según este informe, el 98.7 por ciento del salario medio de las personas jóvenes no es suficiente para lograr este anhelo vital, con lo que advierten de que el principal escollo para la emancipación es un salario digno, además, por supuesto, de que el precio de la vivienda no esté por las nubes.
El informe advierte que las causas son múltiples y que estamos frente a una crisis sin precedentes, “generada por una política de vivienda que ha fallado de forma sistemática”, agravada por una “sucesión de gobiernos que lleva demasiados años mirando estos números sin actuar a la altura de lo que exigen”. Porque -advierten- “la vivienda no se ha encarecido sola, los salarios no han quedado atrás por accidente y la emancipación no ha caído mientras el empleo mejoraba por una paradoja inexplicable. Ha caído porque no existe una política pública de vivienda que ponga los derechos de las personas en el centro”.
A lo largo de la manifestación se gritaron consignas contra la clase política, sobre todo contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pero también contra la creciente presencia de turistas en el país, con gritos como “expulsa un turista, recupera una vecina”, “los caseros nos roban el sueldo” y “no nos vamos, nos quedamos”.
La protesta fue convocada por el Sindicato de Inquilinas, cuya vocera, Alicia del Río, llamó a un movimiento de desobediencia civil frente a la “dictadura del rentismo”, al advertir que “se desobedecen las leyes injustas para conquistar derechos colectivos y porque hemos visto cómo el alquiler ha subido en Madrid más de un 50 por ciento en los últimos cinco años, con un coste medio de más de mil 500 euros al mes”.
Su clamor es claro y cada vez más desesperado: “No podemos más, esto es insoportable. Si nos quieren fuera, nos tendrán enfrente. No vamos a permitir que nos expulsen de nuestros barrios. Vamos a acabar con su negocio”.





