Julio Gutiérrez

El impago de los créditos al consumo acumula una racha de 10 meses consecutivos al alza y al concluir diciembre de 2025 alcanzó un monto de 58 mil 618 millones de pesos, un nuevo máximo histórico desde que hay registros oficiales del Banco de México (BdeM).

Se trata de los saldos pendientes que no han liquidado las personas durante al menos 90 días y que corresponden a financiamientos otorgados por medio de instrumentos como tarjetas de crédito, préstamos personales y los descontados por nómina a los trabajadores.

El saldo de la cartera vencida al concluir el año pasado es 24.5 por ciento superior en términos nominales si se compara con los 47 mil 74 millones de pesos reportados al concluir 2024 y 18 por ciento superior en términos reales (descontado el efecto de la inflación).

El incremento de la cartera vencida de los créditos de consumo se da en un momento de bajo dinamismo económico. En 2025, el producto interno bruto avanzó 0.7 por ciento, el menor crecimiento desde 2020.

Este menor vigor coincidió con un periodo prolongado de tasas de interés elevadas, que encarecieron el uso del crédito justo cuando el gasto en bienes y servicios básicos siguió absorbiendo una mayor proporción del ingreso familiar.

Así, el deterioro del pago de los créditos refleja un ajuste en la economía de los hogares, más que un repunte del gasto.

El crédito al consumo es uno de los principales motores del negocio bancario en México, tanto por su volumen como por su rentabilidad. Por medio de instrumentos como tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos de nómina, los bancos no sólo financian el gasto cotidiano de los hogares, sino que también diversifican sus ingresos.

Por ello, el deterioro de la calidad de esta cartera tiene implicaciones más amplias para el sistema financiero. Un aumento sostenido de la morosidad obliga a los bancos a reforzar provisiones, ajustar criterios de otorgamiento y moderar el crecimiento del crédito, lo que puede traducirse en condiciones más restrictivas para nuevos financiamientos y, en consecuencia, en un menor impulso al consumo y a la actividad económica.

En el segmento de tarjetas de crédito, el saldo vencido en diciembre llegó a 18 mil 497 millones de pesos, una cifra 8 por ciento superior respecto a lo reportado en el mismo mes del año pasado; el de los financiamientos personales se situó en 12 mil 919 millones de pesos, un alza de 11 por ciento en el mismo lapso.

Si bien los niveles actuales no implican un riesgo sistémico, en conjunto, la evolución de la cartera vencida sugiere un punto de inflexión para el crédito al consumo, tanto desde la perspectiva de los hogares como del sistema financiero.

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