Luis Ricardo Guerrero Romero

Fue Trinidad Morquecho, quien en 16 de mayo de aquel año se fue por otro camino, todos, incluida ella, le decían con insistencia que no, que no lo hiciera. Pero sus altos ideales liberales pudieron más que cualquier palabra celestial. Entonces perdimos a don Morquecho, sólo nos quedó el recuerdo de su prolija cristiandad, nos quedó la secuela de su inefable amor a las imágenes religiosas, y nos quedó como una grabación cardiaca su voz en aquellos cantos que ya no volvimos a entonar con la misma devoción. Morquecho eligió tomar el rumbo equivocado. Ahora sólo habla del despertar de la conciencia, de la maravilla que tiene la vida fuera de la vida, y dice, y no se cansa de propalar asuntos rarísimos como el que somos nuestra propia eternidad. Respeta altamente las plantas y a los animales, bebe con mesura y busca hacer honradamente sus trabajos, le saluda igual al malo que al bueno, y no juzga a nadie, pero de nadie es partidario. Se alejó de Dios, ahora sólo le importa vivir feliz.

A pesar de todo, nosotros hemos pedido por su alma, y de vez en cuando le solicitamos su cooperación económica a causa de las intenciones que dice el cura en misa. Sin embargo, no desea ya cooperar, nos quiere lavar el cerebro haciéndonos creer que la santa Sede es política, pero todos sabemos que no, que miente, que la religión la fundó el Creador y no fue suerte de convencionalismos y conveniencias, sabemos que Morquecho miente, y que es producto de su locura tanta tontería. Desde muy antiguamente sabemos que hay que dar dinero a los padres para obtener el cielo, desde siempre se supo que el amor se refleja en la donación. Pobre Trinidad, se perdió en la trivialidad, su mente se extravió desde ese día que un pétalo de paz reposó en su alma. O al menos, eso es lo que él cuenta.

El pétalo de paz, el despertar de la conciencia, el uso sano de la nuestra auténtica fe, nuestra única vida, puede ser tan frágil que ni con el pétalo de una anémona se debe tocar. Don Trinidad Morquecho, el personaje narrado puede ser tu amigo, tu familiar, tu persona; Trinidad Morquecho se asoma en otro Oriente y con la batería de júbilo rehace su vida, pétalo a pétalo.

Aunque es complicado pensar en un pétalo, la importancia de este es sustancial, un pétalo, aunque esdrújulo, nos suena sueve, ya la palabra le imprime exquisitez. Nadie imagina un pétalo tosco, la fragilidad es intrínseca a su ser. Los pétalos atraen para la vida, así de tal modo que, las nuevas actitudes de Trinidad Morquecho son atrayentes, seducen, pero únicamente a quienes ven la esencia de la flor. Este sustantivo tan delicado pasó suavemente a nuestra lengua casi sin cambios fonéticos desde el griego: πεταλον [petalón], lámina hoja; estrictamente las que conforman la corola de una flor. El pétalo, es aquella placa que se alía con sus pares para cubrir, pero también los pétalos están para dar a notar la vida de la flor. ¿Qué tipo de pétalos tenemos?, ¿cómo son los sépalos (pilastras) de nuestra flor?, ¿acaso nos importa despertar nuestra conciencia? Fuerza, bella y candor para todos los Trinidad Morquecho.

l.ricardogromero@gmail.com

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