Ángel Vargas
A los 93 años falleció el arqueólogo Roberto Gallegos Ruiz, uno de los decanos de esa profesión en México, descubridor de las tumbas 1 y 2 de Zaachila, Oaxaca, las cuales sirvieron para comprobar la conexión entre las culturas zapoteca y mixteca.
El deceso ocurrió la noche de este martes en la capital del país, informó hoy su familia a La Jornada. Las exequias se realizarán a partir de las 12 horas de este miércoles y hasta el jueves a la misma hora en la agencia funeraria García López del Pedregal, al sur de la metrópoli.
Nacido en Los Reyes Quiahuixtlán, Tlaxcala, en 1932, Roberto Gallegos estudió en Iniciación Universitaria y en la Escuela Nacional Preparatoria, donde jugó futbol americano y fue atleta de medio fondo, participando en carreras de tres y cinco mil metros.
En 1955 ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) donde estudió arqueología –contra los deseos iniciales de su madre, quien deseaba que fuera médico—, motivado por su abuelo, que sembró en él la admiración por “los antiguos”, como llamaban a los fundadores de su pueblo natal.
Al concluir sus estudios, ingresó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), donde desarrolló importantes trabajos en La Venta, San Lorenzo Tenochtitlán, Palenque, Teopanzolco, Tula, Tizatlán, entre otros sitios arqueológicos.
Su mayor descubrimiento, y satisfacción personal, fue el de la Tumba del Señor 9 Flor de Zaachila. Fue director del centro INAH en el Estado de México y más tarde del de Tlaxcala; luego encabezó la zona arqueológica de Teotihuacán.
Además, fue profesor fundador en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) e impartió catedra en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tanto en la Facultad de Filosofía y Letras, de 1975 a 2019, como en el Centro de Enseñanza para Extranjeros, de 1976 a 2022.
Asimismo, colaboró en el Comité Olímpico Mexicano y fundó con su homólogo José Servín Palencia la Escuela de Guías de Turismo Izcalia, desde donde trabajó con instancias de turismo.
“Nunca me he arrepentido un instante de esa decisión”, aseguró Roberto Gallegos en una entrevista con este diario acerca de la decisión de dedicar su vida a la arqueología.
“Pertenezco a una generación de arqueólogos que se enfrentó a la destrucción de edificios prehispánicos, a traficantes de piezas, a constructores de carreteras que sin miramientos trituraron material valioso, expusimos la vida, pero nunca me he sentido defraudado de la profesión que elegí”, señaló en aquella charla, efectuada en 2012.
Antes de llegar a Zaachila, y siendo aún estudiante, el maestro participó en la conservación y mantenimiento de varios sitios antiguos cercanos al entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, además de ser seleccionado para representar a nuestro país en un seminario internacional, en el que conocería a los curadores arqueólogos de los más importantes museos de Estados Unidos.
Con una trayectoria profesional de más de medio siglo, a principios de la pasada década realizó trabajos de investigación de la zona arqueológica de Mixcoac, mal conocida, decía, como San Pedro de los Pinos.





